Un fracaso estruendoso

noviembre 25, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cuando los polacos le pidieron a Rouseau que les redactara el texto de su Constitución, la primera recomendación que les hizo fue que tuvieran cuidado de poner al sector indicado para organizar y dirigir el sistema educativo, porque de eso dependería que Polonia tuviera una educación que produjera los estudiantes y los profesionales que necesitaba el país para progresar. Cualquier país que fracasa en educación es un país fracasado, de allí que no ponerle atención y cuidado al sistema educativo significa descuidar al país, dejarlo abandonado, y por consiguiente, “los responsables de semejantes irresponsabilidad” serán los causantes de un daño que tardaría muchísimo tiempo en reparar.



No vamos a criticar el proceso para realizar el concurso que hizo la Secretaría de Educación para obtener los maestros que se necesitan en el sistema, porque el fondo del resultado es lo que cuenta. Que hayan concursado más de 22 mil maestros aspirantes a ocupar las plazas y que solo el 21 por ciento haya aprobado el examen es la evidencia irrefutable que el sistema educativo de nuestro país es un fracaso y que urge una operación de cirugía mayor para evitar que el cuerpo, que es Honduras, llegue a un estado terminal donde lo que resta es el fracaso total.

Precisa revisar el proceso educativo en el que se forman los maestros, desde el nivel escolar, el nivel medio y el universitario, por supuesto, sin excluir al principal tutor del Estado en la materia que es la Secretaría de Educación, organismo que carga con la mayor responsabilidad de este fracaso apabullante que nos expone como aparecemos y como somos: un país subdesarrollado sin esperanzas de despegar hacia el desarrollo, porque un país sumido en el fracaso educativo tiene pocas o ninguna esperanza de progresar.

Se puede estar haciendo todo lo que las autoridades consideran que se debe hacer para lograr mejores estadios de bienestar para la nación, pero si en el campo educativo no se está haciendo lo que se necesita hacer, todo lo demás resultan parches cuyos efectos apenas tapan una pequeña parte del gran agujero que deja al descubierto la calamidad que significa tener un sistema educativo empobrecido, no tanto por carencias económicas, sino más bien por la mala actitud en el manejo del sistema que radica en la incapacidad y desconocimiento de los responsables de dirigir el sistema educativo.

Si los maestros son el alma, vida y corazón del sistema educativo, porque en sus manos está la formación de las nuevas generaciones, los maestros deben ser debidamente preparados y capacitados para enseñar y formar a los niños y jóvenes. Esta horneada de maestros que dio de narices en el examen que les fue practicado la semana anterior, es la elocuencia del fracaso educativo. Significa que fueron mal formados desde la escuela, que los colegios donde estudiaron no los prepararon y si muchos de ellos pasaron por la Universidad Pedagógica Nacional, ¡ay de la pobre UPN!, porque también queda en entredicho como parte del fracaso.

No hay que buscarle tres pies al gato, las pruebas y las evaluaciones son absolutamente indispensables para obtener el mejor recurso humano que necesita Honduras para salir adelante en Educación. Muy mal hacen algunos dirigentes magisteriales al renegar del concurso; en este caso los colegios magisteriales también han jugado en contra del sistema y del país, porque proteger la incapacidad de sus afiliados por asunto de solidaridad no es correcto, más bien es algo deshonesto, los maestros que no aprobaron el examen no pueden entrar a trabajar al sistema porque su pobre resultado los expone como profesionales que no tienen la capacidad para asumir la responsabilidad de la enseñanza. Como dice el pedagogo y filósofo Pablo Da Silveira, en el proceso enseñanza-aprendizaje no puede resultar un buen profesional el estudiante formado por un mal maestro.

Así de sencillo es, pero en el caso nuestro, más bien hay que valorar la prueba realizada por las autoridades de Educación, porque nos ha permitido desayunarnos por primera vez en los últimos años, lo mal que anda el sistema educativo hondureño. Que de 22 mil maestros aspirantes a plazas de trabajo solo el 21 por ciento aprobaran, significa que el sistema ha venido funcionando sin controles que nos indicaran a tiempo que la educación hondureña ha estado abanderando la mediocridad.

Hoy más que nunca nuestro país amerita un gran pacto educativo nacional suscrito por los actores del sistema educativo: autoridades, profesores, organizaciones magisteriales y padres de familia. Un pacto que procure un sistema educativo, en primer lugar sin huelgas y paros magisteriales, con autoridades educativas competentes, que entiendan la materia, autoridades de gobierno comprometidas para invertir lo suficiente en un sistema educativo de este siglo donde la tecnología es prioritaria y padres de familia dispuestos a entregar su cuota vigilando que sus hijos le dediquen más tiempo a estudiar que a perder el tiempo. Seguro que Dios nos ayudará, pero nos toca a los hondureños salvar a la nación de este estrepitoso fracaso educativo.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 25 de noviembre de 2019.