Un consenso que debe perdurar

octubre 21, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La historia no está escrita de antemano sino que depende de los hechos que ocurren y en muchas ocasiones el azar es quien determina como habrá de ser la historia de un acontecimiento. Hace 200 años, cuando nos volvimos un país independiente del imperio español, la presencia militar en estos países la constituían los grupos de seguidores armados de los caudillos, que eran sostenidos para defender una causa política pero que no se podían considerar como fuerzas militares para defender los intereses del país. Fue hasta que nacen como Fuerzas Armadas de Honduras, bajo un consenso tomado en tiempos difíciles, que surge la milicia de manera ordenada como una institución castrense al servicio de la nación. No citamos fechas porque no somos investigadores históricos, esa tarea la hace con mucha propiedad el investigador e historiador Juan Ramón Martínez.



Es indudable que el nacimiento de las Fuerzas Armadas en Honduras fue un acontecimiento crucial que marcó la historia hondureña, cuando los demás países se habían adelantado a formar sus ejércitos para proteger su soberanía y hacerse sentir frente a los vecinos y demás países que alguna vez se atreviera a mancillar su territorio. Desde su nacimiento las Fuerzas Armadas han generado un sentimiento patriótico en muchos sectores de Honduras, para los que enrolarse en sus filas es un asunto de orgullo nacional. Hay sectores en los municipios y aldeas de la sierra occidental hondureña donde es una tradición familiar heredada de abuelos, padres e hijos, enlistarse en el Ejército al solo cumplir los 18 años. Mientras en el resto del país para que los jóvenes cumplieran el servicio militar se practicaban redadas en sitios donde se dedicaban a los ocios perniciosos. Esa práctica de reclutamiento violento intimidó a los jóvenes que lejos de ver en el Ejército la oportunidad para iniciar una carrera, o estudiar y hacerse de una profesión, la rechazaban como una persecución ignominiosa, hasta que un gobierno liberal eliminó el reclutamiento obligatorio, dejándolo a la voluntad de los jóvenes. Sobrevino una época de flaqueza en todos los batallones, donde no se alcanzaba a reclutar el mínimo de soldados que necesita un regimiento para cumplir con las obligaciones de defensa de la soberanía y trabajos de acción cívica.

Lo contrario de países como Israel, donde la persona desde que nace se inscribe en el registro militar para hacer el servicio una vez que le llega la edad, algo que se inculca como el deber de defender al país en cualquier circunstancia. Igual en EEUU donde la prestación del servicio militar es obligatoria, así como hay muchos países donde pertenecer a la institución castrense, aunque no es obligatorio, resulta atractivo por las oportunidades de formación que hay en las Fuerzas Armadas.

En Honduras, las FFAA han jugado un papel histórico hasta el día de hoy, no solo en la defensa de la soberanía sino en los campos donde se le ha requerido para mantener la estabilidad y el sostenimiento del sistema democrático. Las FFAA se han modernizado al máximo, además de ofrecer oportunidades de formación y superación profesional a quienes ingresan a sus filas. En los últimos años las FFAA han sido la institución confiable para el combate de un enemigo de muchas cabezas, que vive del negocio ilícito de las drogas que mueve sumas millonarias a través del tráfico de estupefacientes que ha convertido en magnates a personas que han hecho de este negocio la forma de un enriquecimiento rápido como ninguna otra forma ilícita.

El Estado hondureño descansa en la fortaleza y el consenso interno de las FFAA para enfrentar esta amenaza, aunque la institución militar es objeto de constantes campañas disociadoras y desestabilizadoras por sectores que trabajan de manera subterránea para resquebrajar la institución militar para evitar que se mantenga graníticamente unida y sólida para cumplir las tareas que le encomienda el Estado en la Constitución de la República. El momento desestabilizador más peligroso se dio en el 2008 y 2009, cuando el entonces Presidente Manuel Zelaya echó a andar un movimiento político de izquierda, apadrinado y subvencionado por el gobierno de Hugo Chávez, que entre otros propósitos buscaba cambiar la estructura de las FFAA para volverlo un ejército popular al servicio de un partido único como es en Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Gracias a la mentalidad democrática de los jefes de las unidades militares hondureñas, el proyecto de Ejército Popular hondureño no encontró cabida en las FFAA, al contrario, fue rechazado en todo momento, excepto por algunos jefes intermedios que se encantaron con la idea de Mel Zelaya, porque nunca falta alguien dentro de la institución que mantenga las mismas ideas de Hugo Chávez y Daniel Ortega. Por ahora, las FFAA mantienen su tradición institucionalista y sus actuales comandantes se aferran a la tradición de servicio a la Patria y respeto a la Constitución de la República. Actualmente las FFAA están llenas de competencia y de gratitud por Honduras, así lo expresan todos los oficiales y soldados al cumplir su período de servicio en que les toca volver a la vida civil habiendo cumplido el servicio militar.

Sin embargo, los jefes castrenses deben mantenerse advertidos de que siempre habrá sectores en la nación, especialmente  de pensamiento izquierdista, que vivirán trabajando por socavar la estabilidad de la institución castrense, con el objetivo político de debilitarla, por ser esta institución la losa firme que sostiene el sistema democrático, y creen esos sectores que debilitar a las FFAA es el mejor comienzo para destruir la democracia. ¡Qué responsabilidad más grande la que tienen los jefes militares! ¡Sostener un consenso que debe perdurar entre todos ellos para garantizar la supervivencia del sistema democrático hondureño!

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 21 de octubre de 2020.

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