Un compromiso sin reservas

noviembre 20, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Hay tareas que deben realizarse en función de país y que deben estar por encima del interés particular de las personas, porque constituyen imperativos fundamentales en los momentos dramáticos que vivimos los hondureños. Al haberse reunido en el puerto de Tela 24 delegaciones en el marco del VIII Congreso Internacional de Lucha contra los Secuestros, las autoridades gubernamentales hondureñas afirmaron que ese delito ha sido disminuido en un 90 por ciento, en medio de un proceso de depuración policial que ha significado una factura altísima con costo e político, social y económico.



Frente al desafío que impone la lucha contra la criminalidad por el establecimiento de la ley y el Estado de Derecho, es un deber de todo buen hondureño comprometerse sin reservas en esta tarea excepcional, en la que las autoridades requieren el apoyo moral de los ciudadanos, porque siendo un trabajo muy específico desde todo punto de vista, y cumplirlo es un peso que recae en los cuerpos de seguridad, la población hondureña que ha vivido y sigue viviendo una cotidianidad peligrosa que agobia en todo sentido, puede contribuir con el respaldo cívico y moral, que aunque no lo parezca es determinante en el ánimo de las autoridades.

Honduras ha estado atrapada por varios años por los tentáculos de la criminalidad, tiempo en el que perdimos la normalidad que se requiere para trabajar por mejorar los niveles de crecimiento, por acostumbrarnos a vivir amodorrados por el miedo y el temor que limitan las distintas actividades económicas, sociales, políticas, culturales y deportivas. Cuando el miedo y el temor se convierten en la rutina de una sociedad, esta se acostumbra a vivir en un estado de inmovilización que desgasta a los ciudadanos, a las autoridades igual que desgasta a la nación en general.

Y como si el temor y el miedo que propaga la criminalidad resultara poca cosa, se agrega el que infunden ciertos grupos políticos opositores que actúan con una mentalidad cuasi-delictiva provocando paros en carreteras, paralizando varios sectores de la economía y causando daños a la propiedad privada; tenemos entonces una connivencia peligrosa donde se juntan dos tipos de agentes sociales, los propiamente criminales y los cuasi delincuentes que con el paraguas de hacer oposición política, al unirse en el propósito de hacer daño, resultan ser un verdadero peligro para la nación.

Los hondureños debemos centrarnos en estos aspectos donde hay mucho por hacer, y si bien son tareas que atañen directamente a la policía y a los cuerpos de seguridad, al llegar a una situación de inseguridad como la que hemos vivido, se impone que el resto de la ciudadanía se manifieste sin vacilaciones en apoyo a las autoridades, que por lo visto hoy trabaja poniendo en práctica estrategias donde los liderazgos internacionales aportan muchas experiencias. Haber sido sede del VIII Congreso Internacional de Lucha contra el Secuestro, en el que han participado organismos de Europa, Asia, Africa y América, ha resultado muy valioso para las autoridades hondureñas, porque en el marco de un evento al que asisten tantas delegaciones que aportan las experiencias más calificadas en materia contra un delito que afecta al mundo entero, es seguro que nuestras autoridades podrán nutrirse de las experiencias de tantos expertos para poner en práctica nuevas estrategias que a corto, mediano y largo plazo le permitirán a los cuerpos hondureños de seguridad estar debidamente preparados para enfrentar al conglomerado antisocial.

Luchar contra la criminalidad no es un trabajo sencillo, que por su articulación bien organizada por momentos le ha ganado la moral a las autoridades y a las instituciones, lo que se pone de manifiesto en las constantes vacilaciones que tuvieron los gobernantes hondureños anteriores a la hora de adoptar decisiones para tomar las iniciativas con las cuales debieron haber respondido adecuadamente a las fuerzas antisociales.

La tendencia a la disminución de un delito específico como el secuestro, que según las autoridades hondureñas bajó en casi un 90 por ciento, debe ser complementada con una estrategia que requiere un plan integral donde el respaldo moral de la ciudadanía es fundamental. Es aquí donde llamamos la atención de los políticos que hacen oposición, para que no confundan su papel de opositores políticos, porque al desalentar y combatir el trabajo de las autoridades contra el sector criminal, se convierten en cómplices del sector delictivo. Asumir este triste papel como políticos, les hace perder legitimidad y aceptación en la población hondureña.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 20 de noviembre de 2019.