Un boicot con ideología

septiembre 22, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Aprovechando que la emergencia por el coronavirus ha obligado al presidente del Congreso Nacional, Mauricio Oliva, a convocar a sesiones de manera virtual, como lo han estado haciendo los organismos responsables de todo el mundo, el líder y dueño del Partido LIBRE, Manuel Zelaya, se lanzó a la cruzada de desacreditar la convocatoria a elecciones primarias, usando como interpósita figura a Ricci Moncada y alguno que otro de sus adláteres, y como le fracasara la intentona de impedir la convocatoria, también dio en falso el segundo paso que era resistirse a participar en las elecciones primarias, cuando por fortuna se le encendió el foco y se dio cuenta que amenazar con no presentarse LIBRE a las primarias solo afectaba a los otros dos aspirantes internos de su partido, Carlos Eduardo Reina y Wilfredo Méndez.



Toda la jugarreta de LIBRE de intimidar con la cantaleta del fraude y retirarse de las elecciones es el modelo errático que camina por la ruta de la tirantez que practican por ideología los partidos de izquierda radical que muchos denominan con la palabra romántica «partidos anti-sistema». En realidad ser antisistema es otra cosa. Por ejemplo, cuando se habla de querer cambiar el sistema electoral es distinto, algo que requiere del consenso de todos los partidos y sectores políticos, porque no se puede hacer en la forma violenta y radical como acostumbran los extremistas de izquierda.

Así que debemos acostumbrarnos a los movimientos disparatados de Mel Zelaya y su partido, porque cuando ponen la ideología por encima de la política lo que hacen es activar su círculo publicitario para hacerse bulla y desprestigiar todo lo que no pueden cambiar por la fuerza, que es el modelo preferido por los fascistas que son todos unos expertos en buscar las apariciones públicas para incentivar el escándalo social tratando de elevarlo o más alto posible para llamar la atención de las personas que viven desconectadas de la política dedicadas a sus quehaceres diarios.

Boicotear las sesiones del Congreso y pretender deslegitimar la convocatoria a elecciones primarias es una democracia poco democrática que viene practicando Mel Zelaya desde que pretendió su proyecto de la cuarta urna, con la que quiso irrumpir el sistema democrático para transformarlo en uno totalitario. El Congreso Nacional retorna a sesiones este miércoles con la agenda acordada por representantes del PN, PL y LIBRE, en la que buscarán un consenso para incorporar artículos transitorios en el nuevo estamento electoral hondureño, especialmente para crear un Censo Electoral provisional que se usará en las elecciones primarias del 14 de marzo de 2021.

Esto último es lo que procede en la política civilizada, en que por muchas diferencias que existan en los puntos de vista de los políticos, antes que la chifladura y el escándalo lo que procede es el diálogo para encontrar acuerdos que son las salidas a los atascamientos en que con frecuencia caen los políticos cerrados que más persiguen fines partidarios y particulares que propósitos de Estado que beneficien a las mayorías. Cuando LIBRE pone en marcha la actitud implacable de oponerse a todo lo que no le conviene, la costumbre de sus líderes es desenvainar las agresiones, que para ellos es un arma que les funciona de cierta forma, porque la satisfacción es hacer daño, aunque como propósito político es un fracaso porque los aleja del electorado que sabe distinguir entre el propiamente bochinchero y el político luchador que plantea sus pretensiones en debates razonables.

Al retomar el Congreso Nacional el debate electoral, lo procedente es establecer que en todo evento electoral los participantes deben hacerlo en igualdad de condiciones, aunque entre las fuerzas contendoras haya partidos más fuertes que otros, cada uno debe tener su propio censo que es el que le sirve para movilizar a sus partidarios, la clave donde radican las posibilidades reales de triunfo en las elecciones. Un partido político sin censo propio acude a las elecciones como se va al juego de la gallina ciega, o lo que es igual, dando palos de ciego, sin saber con qué caudal electoral se cuenta, más a expensas de la corazonada de que la gente se encante con sus anuncios y convocatorias para votar por ellos. Ningún partido que concurra a las elecciones en esas condiciones puede asegurar una victoria, porque los votantes espontáneos no son la base de una victoria.

Insistimos en esta parte, porque cierta vez cuando éramos reporteros jóvenes de diario “El Cronista” me tocó a entrevistar al extinto líder del liberalismo Modesto Rodas Alvarado, cuando nos preparábamos para las elecciones de la Constituyente y aprendí algo cuando me dijo que mientras los nacionalistas andaban censando a su gente, los liberales para no perder la costumbre estaban en medio de reyertas partidarias entre rodistas y los de la ALIPO.

La política es asunto de trabajo, los que viven encaramados en la cresta de los escándalos y los pleitos, terminan quedándose en la llanura, y esto es una paradoja pero es una gran verdad, a partidos como LIBRE les encanta vivir en la oposición más que ganar el poder. A eso se debe que Mel Zelaya haya decidido hacer de LIBRE un partido de familia, en lugar de ser un partido institucional. El precio que paga esta clase de partidos es volverse una agrupación represiva con sus mismos partidarios, sin evolucionar y con pocas posibilidades de triunfo.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 22 de septiembre de 2020.

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