Un apocalipsis condenable

junio 5, 2017

Tegucigalpa, Honduras

El ser humano demuestra lo peor de su condición cuando da rienda suelta a lo abyecto que lleva por dentro, porque el envilecimiento es el recurso al que acude la gente que vive para condenarlo todo, que vive para hacer el mal, quizás porque su génesis está asociada a la destrucción. Dan ganas de recurrir a todo el poder del alma para condenar en los términos más dramáticos a este comportamiento apocalíptico que tiende a echar cieno a todo aquello que se propone hundir, con el puro instinto del demonio.



Cuando se dijo que un restaurante de comida china estaba metiéndole a la clientela carne de perro como si fuera un tipo de carne comestible, de inmediato nos remontamos a los años ochenta, en nuestros años de radio, cuando denunciamos que trabajadores del ramo de Salud chantajeaban al propietario de un restaurante de comida china que operaba contiguo al Cine Pálace.

Los malviviente de Salud Pública llegaron donde el chinito y le conminaron a que les dieran de comer en el restaurante cuántas veces ellos quisieran, sin pagar, de lo contrario le deshonrarían al establecimiento propalando la especie que el chopsuey lo elaboraban carne de gato.

El empresario se resistió a pagar el chantaje con el suministro diario de comida a los tipejos de salud pública, y la campaña comenzó en los clásicos medios de comunicación que se prestan para el chantaje, porque su mística de supervivencia comercial ha estado ligada a la presión del chantaje.

Aquella vez las autoridades que actúan en forma decente, rápido descubrieron a los malvivientes, cuyo único castigo que recordamos fue la separación de sus cargos, mientras el empresario chino cargó con la pena de haber sido humillado y deshonrado en su plantel comercial.

Esta no es la primera vez que malos empleados del sector público buscan dañar la imagen y por ende acabar con la reputación comercial de los establecimientos comerciales de este tipo, otras veces la campaña procede del mismo sector empresarial, producto del juego sucio de otros establecimientos de comida que al ver mermados su ingresos acuden al deleznable expediente de hacer sucumbir a aquellos competidores que venden comida más barata, que les hace mella en sus negocios.

De este lado también puede provenir la campaña, pero esta es la prueba de que en Honduras vivimos la monstruosidad que es la destrucción del competidor, inventándose todo un tsunami de vilipendios y odios, haciéndole creer a la gente el viejo chisme de que en los restaurantes de comida china venden comida con carne que para los hondureños no es comestible. Y uno tiene que usar cierta lógica para deducir que en la denuncia de la carne de perro había toda una mole de maldad escondida.

En primer lugar porque en todos estos restaurantes de comida china hay numerosos empleados que son hondureños y que prestan sus servicios en la parte de la cocina. Y ninguno de ellos se prestaría a apañar la elaboración de comida con carne que no sea la que habitualmente consumimos los hondureños, que es la carne de res, de cerdo, de pollo, de pescado, de cordero o de cabro.

En otros países se consume carne de caballo, carne de tiburón, carne de culebra, pulpo, calamares, ancas de ranas, y hasta carne de cierto tipo de perros, pero nuestra costumbre alimenticia no acepta este tipo de consumo. Cualquier cocinero hondureño o auxiliar de cocina en uno de estos restaurantes, manteniendo su fidelidad con nuestra cultura de consumo alimenticio, pudo haber denunciado ante las autoridades, en el caso de emplear carne de perro, al propietario o responsable del establecimiento.

Pero no fue así, fueron empleados del sector público los que de nuevo, igual que en los años 80, quisieron destruir la reputación de los restaurantes de comida china, comenzando por desprestigiar a uno solo, para que los demás similares cayeran por el efecto dominó.

Pero ya hemos dicho, en lo más recientes fueron otros restaurantes en cadena los que urdieron la onda del desprestigio, buscando ahuyentar la clientela con la denuncia de las suciedades en las cocinas. Y vaya usted a ver, no hace mucho cerraron un restaurante de cadena porque le encontraron lechugas engusanadas, aderezos de varios días totalmente vencidos y carne en mal estado. Y aquí bien cabe que, a nadie le pega mejor el dicho de que “con la misma moneda que pagás, serás pagado”.

Y si bien el daño a los restaurantes de comida china ya está hecho, pasará mucho tiempo para que estos negocios puedan recuperarse del lucro cesante, pero, después de todo fue muy noble el gesto de JOH este mediodía, de comer un plato de comida china, invitando a los reporteros para que le acompañaran a comprobar lo delicioso que es este tipo de comida, elaborada de una manera responsable en gran parte por cocineros hondureños.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 5 de junio de 2017.

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