Trump y el ejemplo de Cleveland, para regresar

noviembre 30, 2020

Juan Ramón Martínez

En toda la historia de los Estados Unidos, solo un presidente en ejercicio, que perdiera la reelección y que se presentara cuatro años después de su derrota, ha regresado a la Casa Blanca. Se trata de Grover Cleveland, nacido en New Jersey el 18 de marzo de 1837 y fallecido el 24 de junio de 1908, en Princeton. Había sido gobernador del Estado de Nueva York desde 1883 a 1885. Es el único presidente estadounidense en contraer matrimonio en la Casa Blanca. Fue el vigésimo segundo presidente de los Estados Unidos y vigésimo cuarto. Es el único que ha tenido dos mandatos no consecutivos en la Casa Blanca, en toda la historia de los Estados Unidos. Vivió 71 años. Fue elegido presidente para su primer periodo en 1885-1889. Pero, al finalizar su primer periodo, fue derrotado en las urnas. Un tiempo después, se presentó y ganó un periodo más: 1893-1897. Era demócrata. “Sus admiradores elogiaron su mandato por su honestidad, independencia de criterio y adhesión a los principios del liberalismo y el libre comercio. Es considerado el presidente más popular entre todos los que habitaron la Casa Blanca, entre Lincoln y Theodore Roosevelt”.



Trump tiene fama de romper récords. Este es su reto en que, ante la voluntad popular, tendrá que abandonar la Casa Blanca el 20 de enero próximo. El problema que tiene, es que, para superar a Cleveland, tiene en principio que parecérsele. Y aquí empiezan los problemas. Aunque igual que Cleveland cuando fue derrotado, no es en este momento, inmensamente popular. Tiene una base rencorosa que no creemos que le dure mucho tiempo. Además, hay muchos republicanos que tienen aspiraciones y le disputarán la candidatura del Partido Republicano, lo que producirá una división en este partido, haciéndolo perder fuerza. Tampoco, tiene la fama de honesto de Cleveland. Todo lo contrario, se parece más, en su fama de tramposo, con Nixon. Y la reputación de usar los resquicios de la ley para hacer negocios. Se ha declarado en quiebra cinco veces en sus negocios particulares y, además, es de conocimiento público que no paga los impuestos debidos. En lo que respecta a criterio personal, luce como un hombre que no tiene posturas definidas, sino acciones viscerales, utilizando el rencor de las masas como orientador de sus acciones. Y lo peor, no tiene en su hoja de servicios en estos cuatro años en la Casa Blanca, pruebas suficientes que haya sido respetuoso del liberalismo y mucho menos, expresado simpatía por el libre comercio. Por ello, durante su gobierno, rechazó las tesis del multilateralismo, desconoció los acuerdos de comercio para imponer la voluntad de los Estados Unidos. Y, nunca, entendió la dinámica que obliga a calcular los déficits comerciales, no en base a cero, sino que en el principio que todos ganan, cuando se suman las pérdidas y las ganancias globales, entre todos los países con los que se comercia. Además, contrario a Cleveland, — que era extraordinariamente popular– tiene un alto nivel de rechazo, de forma que difícilmente puede presentarse como carta de triunfo para los republicanos en las elecciones de noviembre de 2025, por lo que, difícilmente el establishment del Partido Republicano respaldará su candidatura. Y finalmente, es un hombre que, en vez de convocar a la unidad, provoca la división más peligrosa a la que los Estados Unidos se han enfrentado desde la guerra civil, librada en el siglo antepasado.

Pero como tiene una conducta inmadura que se auto conforma con ilusiones y chucherías, es posible matemáticamente que, en el 2025 – tendrá 78 años – contra todos los pronósticos, pueda conseguir la candidatura y derrotar a los demócratas. Sin el aura de “outsider” y sin la novedad de político rompedor de redes y convenciones, políticamente correctas. Pero como en cuatro años pueden ocurrir muchas cosas, la simple posibilidad de volver a presentarse como candidato presidencial, le permita aceptar la primera derrota en la que la ley no lo protege, porque por su conducta impredecible, recibió el rechazo de la mayoría de los estadounidenses que no lo quieren más en la Casa Blanca. En fin, como las esperanzas no alimentan, pero mantienen, el que Trump crea en la posibilidad de volver a presentarse como candidato presidencial, le puede ayudar a deglutir el bocado amargo, que el rechazo de cerca de ochenta millones de estadounidenses le han tirado en la cara.

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