Trastorno y bochorno

marzo 29, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Todos, y creo que sin excepción de persona alguna, estamos sufriendo las consecuencias de mantenernos confinados en nuestras casas por largo tiempo, como prevención aconsejada para evitar el contagio del coronavirus. Vivir enclaustrados, que no es lo mismo que estar encarcelados, produce toda clase de agobios, desde mentales y emocionales, hasta llegar a padecer algún tipo de trastorno, porque la condición natural del ser humano, que es vivir en libertad, es lo que estimula y provoca las revoluciones cuando los pueblos son sometidos por gobiernos dictatoriales y tiránicos, en donde la represión y la opresión equivalen a un tipo de «muerte cívica». Hoy vivimos en una era completamente inédita, bajo una opresión viral que no nos permite libertades para desplazarnos por donde acostumbrábamos en estos tiempos de verano. Las playas, que son el centro de diversión veraniega preferido por la inmensa mayoría de la gente en el mundo, hoy están señaladas como los sitios de mayor carga viral debido a la enorme concentración de personas.



Desde el fin de semana comenzó el feriado de Semana Santa y por las referencias que nos llegan lugares como Tela, Puerto Cortés y La Ceiba, están repletos de veraneantes, que a pesar de los llamados y las advertencias que han hecho las autoridades de salud y los médicos a través de los medios, no ha sido posible contener el torbellino de personas que, sin atender los consejos llegan a las playas de los puertos y balnearios en el interior del país, a quitarse el calor, bañándose en el mar, los ríos o en piscinas. Viendo a los alegres veraneantes en enormes tumultos no tenemos la menor duda que después del feriado el pico de la pandemia crecerá al punto que será inevitable el colapso en hospitales públicos y privados, triajes y centros de salud,

Cuando las autoridades de turismo formularon la invitación para disfrutar de nuestros sitios turísticos, han sido responsables advirtiendo que lo mejor es quedarse en casa, pero que, si prefiere visitar un lugar para distraerse, debe apegarse a las medidas sanitarias. Sin embargo vemos a miles de personas en playas y balnearios, burlando las medidas y sin atender los consejos sanitarios. Entendemos que no se puede mantener confinada a la gente después de un año de sufrir los efectos del aislamiento obligatorio. Al aprobarse el feriado de semana santa, se levantaron las trancas y la gente ha salido desbocada, una mala señal, porque significa que el enclaustramiento ha provocado en mucha gente diversos trastornos emocionales que las lleva a desconocer e ignorar el peligro que representa la pandemia, con un virus que está regado por todas partes y con cepas más contagiosas y letales.

Además, esta conducta es alimentada por la información tergiversada que fluye en las redes sociales, donde hay centenares de seudo consejeros de salud que afirman que la pandemia del coronavirus no existe como tal, que es un invento lanzado por mentes febriles que quieren tener dominadas a las personas, coartándoles el derecho que tienen a disfrutar los placeres de la vida. Miles de jóvenes que hemos visto en balnearios y playas, son asiduos a desinformarse en las redes sociales. Esta generación de jóvenes incrédulos, que en su mayoría no estudian ni trabajan es un conglomerado inútil para sus familias, para ellos mismos y para el país. Su fuente de perversión está en las redes sociales, de allí que podemos afirmar igual que muchos analistas del mundo, que esta multitud juvenil no tiene futuro, como nos decía en el colegio nuestro profesor de matemáticas don Doroteo Bardales, “son jóvenes que no saben nada y por lo tanto no sirven para nada”.

Es una verdadera lástima, pero en todo esto, lo que más nos ha asombrado es la conducta del sacerdote de Corquín, Copán, Rolando Peña, a quien parece haberle afectado más que a nadie la pandemia, o las redes sociales, porque en la celebración del domingo de ramos presionó a sus feligreses para que no usen mascarillas, partiendo según su pobre criterio que estas huelen peor que el excremento y que si no, lo vieran a él que andaba con su carota al aire libre sin protección alguna. Puede ser que al Padre Peña, más que la pandemia son las redes sociales las que le tan trastocado los sesos y lo han vuelto del lado de los incrédulos que se burlan de la pandemia hasta el momento en que les toca el turno y se van derechito al panteón sin tocar tablitas como decía el célebre Margarito Pérez y Pérez.

Cuando un sacerdote, que por lo general es un líder importante en toda comunidad, lleva una voz tan infausta y tan desafortunada como la que le escuchamos al padre Rolando Peña, la gente se vuelve dócil y permeable a consejos peligrosos y atentatorios en contra de su propia salud, como es pedirle a la gente que deje de usar mascarillas, porque no sirven para nada y huelen a excremento. Hasta la procacidad se le puede perdonar al sacerdote porque al fin y al cabo como decía el maestro don Fernando Lázaro Carreter de la Real Academia de la Lengua, en el Español no hay malas palabras, lo que hay son malos pensamientos. Tanta razón tenía don Fernando Lázaro, la mala palabra empleada por el sacerdote de Corquín es perdonable, lo que se no se le perdona son los malos pensamientos al concitar a los feligreses a que no usen mascarillas, que hagan como el que lleva «libre» el rostro, con nariz y boca dispuestas a tragar todo lo que le podría entrar por ambos orificios.

Puede ser que este sacerdote ya esté padeciendo de un trastorno grave y que actúe mal en su aparente sano juicio, con lo cual la jerarquía católica debería someterlo a un examen siquiátrico y enviarlo al manicomio para el tratamiento respectivo. Pero si su caso fuera el del sacerdote rebelde, formado para llevar la contraria a todo, incluso para incitar a la gente a que viole las reglas sanitarias exponiéndolos a que arriesguen su vida, entonces, estamos ante un cura que abochorna a la iglesia y que, al caer en los linderos delictivos, lo que le espera es el castigo que contempla el Vaticano en estos casos. Como dijo una vez don Miguel Ángel Quevedo, ¡un cura trastornado es una amenaza en una comunidad! Y parece que este es el caso del sacerdote Rolando Peña en Corquín, Copán.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 29 de marzo de 2021.

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