Traición y error político

septiembre 23, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El último episodio que ha pasado en el Partido Liberal es una equivocación colosal del candidato a alcalde de Tegucigalpa, Eduardo Martell y un error político increíble del candidato Yani Rosenthal. Lo actuado por Eduardo Martell es una traición contra el Partido Liberal, que bien le puede costar la expulsión, porque promover el voto en favor del candidato de otro partido es un paso colmado de deslealtad, tan inadmisible como inaceptable, que amerita que se le aplique el más severo y deshonroso castigo que es ser extrañado o expulsado, porque un traidor es lo más deleznable que puede haber en una sociedad, en una organización, en un partido político y en un país.



El paso que dio Eduardo Martell al pedir que voten por el candidato presidencial de otro partido, desconociendo en forma adrede que su partido tiene un candidato electo en forma democrática y transparente en elecciones internas, es totalmente reñido con el honor y la lealtad. Yani Rosenthal les ganó la candidatura en las pasadas elecciones primarias a sus adversarios Luis Zelaya y Darío Banegas, en forma contundente. No cabe discusión alguna sobre el resultado, por lo que, reconocidos líderes del liberalismo de la zona sur como José Alfredo Saavedra, Quintín Soriano y Yuri Sabas, no tardaron en dar un paso al frente, olvidándose de sus candidatos e integrándose a la lucha del partido, respaldando al candidato ganador. Eso es lo que procede hacer en todos los buenos liberales. Eduardo Martell, con una total ausencia de cordura, se ha negado a reconocer que Yani Rosenthal es el candidato ganador del PL y no conforme con eso, promueve el voto en favor del candidato de otro partido. En buen castellano esto solo tiene un nombre: traición al Partido Liberal.

Sin embargo, un desacierto de esta dimensión no se subsana con el grave error político del candidato presidencial que de la forma más lamentable ha querido castigar la traición de Martell con un paso que resulta totalmente deforme, como es endosarle al candidato a la alcaldía capitalina del PDCH, Godofredo Fajardo, ex militante del PN, la representación, más no la candidatura del PL en la futura elección de noviembre. Este paso del candidato liberal Yani Rosenthal lo retrata dentro del marco de lo absurdo, porque no es lo que procedía hacer ante la deslealtad de Martell. Castigar a un traidor premiando a un adversario no corresponde al pensamiento político de un líder con dotes de estadista. Al tomar esta decisión Yani Rosenthal demostró estar a la altura de los absurdos pleitos de familia donde arreglan a chancletazos sus malquerencias y desavenencias.

Por alguna razón inexplicable el candidato liberal se lanzó sin paracaídas, en un arrebato desafortunado, cuando en el PL hay personas y amigos de gran experiencia, unos que cultivaron la experiencia de estar en la cúspide del poder y otros, que desinteresadamente contribuyeron a la reintegración del PL después del desgraciado incidente político del 2009. Ellos tienen el colmillo para aconsejar el paso conveniente en un momento en que la traición enciende la ira y vuelve irracional al que se cree mejor pintado.

Es cierto que Eduardo Martell cometió una traición contra el candidato y contra el Partido Liberal, pero castigarlo con el errorazo de endilgarle la representación liberal en Tegucigalpa a un demócrata-cristiano-nacionalista, resulta un segundo castigo que no se merecía el PL. Porque pretender que un candidato que no tiene ninguna afinidad con el liberalismo, levante la bandera rojo-blanco-rojo en las elecciones de noviembre, es como pedirle peras al olmo. Es creer que un caballo de carrera le puede ganar la partida a un delfín dentro del agua.

Si la traición de Martell es algo censurable, a lo mejor es peor que eso, haberle endosado la representación del PL para la alcaldía a Godofredo Fajardo, nacionalista que hoy ostenta la candidatura al alcaldía por la democracia cristiana, es, además de un error político histórico una decisión letal, porque exhibe al PL en toda su pobreza, mostrándolo incapaz de lograr acuerdos internos entre correligionarios. No es la primera vez que suceden estas discolidades en el PL, en el que hemos visto la práctica de la deslealtad como una realidad bastante común, cuando surgen las divergencias por la búsqueda del poder.

Hay ex presidentes liberales que cuelgan todavía con la cruz de la traición, pero, en los liberales la traición no es la muerte súbita y si no pregúntenle a Mel Zelaya que puede dar uno de los últimos testimonios, aunque antes de Mel hubo otros liberales consagrados, tildados de traidores. Para fortuna de estos liberales, unos traidores y otros insensatos, los salva la resurrección.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 23 de septiembre de 2021.

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