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Trabajando para el adversario

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los hondureños tenemos que entender que la democracia solo se fortalece por medio de la plataforma política, que es una especie de losa donde se paran los actores y los sujetos que hacen la política, entre los que están en primer lugar los partidos con sus líderes y dirigentes y luego los activistas que tienen el trabajo especial de ayudar a atraer los electores para ganar las elecciones.

Todo partido requiere de la cohesión interna para producir la percepción favorable en la ciudadanía, que como entidad política tiene la organización que se necesita para presentar las mejores propuestas que conlleven al bienestar de la nación y de esta manera lograr la mayoría de los votos para ganar las elecciones. El principio de todo partido político es tener líderes que convenzan con sus acciones y con sus hechos, porque de aquí parten las posibilidades de triunfo. Por lo que estamos viendo en el escenario político hondureño, de nuevo el PN es el que está exhibiendo un trabajo de aglutinamiento en su liderazgo. Mientras que los demás partidos están sumidos en sus confrontaciones y sus líderes departamentales se conforman con vociferar contra los rivales, pero eso además de no ser suficiente, no trabaja en su favor, porque con hablar mal del adversario no se fortalecen para ganarle en las urnas.

En el programa de Canal 10, El Hormiguero Político, vimos anoche que la semana pasada, durante la celebración del cumpleaños del Presidente del Congreso, Mauricio Oliva, se registró todo un acontecimiento de unificación de los nacionalistas. Mauricio Oliva, que ha demostrado enorme capacidad para activar la plataforma de los entendimientos y los consensos, logró reunir en Choluteca a todos los líderes nacionalistas, todos andaban entusiasmados con la excitativa de Oliva de trabajar por la cuarta victoria cachureca. Hasta Roberto Ramón Castillo Callejas, que hemos visto con la cara empurrada en los foros televisivos, andaba de cachetes embarrados con la nueva cúpula nacionalista. Y otro tanto vimos en Mario Canahuati, cuya salida del gobierno estuvo marcada por la humillación en que fue echado de la cancillería por Pepe Lobo.

Se nota que los nacionalistas está engrasando sus maquinarias con el mejor lubricante, mientras que los demás partidos están dedicados al bla bla bla, con lo cual están trabajando en favor del adversario. En política quien trabaja más, quien ordena sus filas con precisión organizando sus censos, juntando a los líderes para que limen sus asperezas internas, y estableciendo con claridad meridiana el gran objetivo que es ganar las próximas elecciones, es el que tiene las mayores probabilidades de triunfar en los comicios.

¿Qué están haciendo los de LIBRE? Jugando a la rayuela, en la que Carlos Eduardo Reina renuncia a una hipotética candidatura que está en los cuernos de la Luna, cediéndola a Jorge Cálix, que está más lejos que Marte para ser un candidato potencial. Mientras Mel Zelaya, que sabe que LIBRE en solitario solo tiene segura la cuarta posición, agazapado esperará a que Nasralla diga que no puede organizar su partido para regresar a los brazos de Mel y volver a lanzarse con la alianza.

Los pobres liberales están más fregados que el burro Palmerolo, porque el lío familiar en que está metido con su progenitora el presidente del central ejecutivo, los tiene como títere sin cabeza, siendo un partido que ni siquiera está en la llanura, porque andar en los llanos por lo menos da el beneficio de respirar aire puro, y el pobre PL está hundido, verdaderamente hundido por una dirigencia que ha dado cátedra de lo que es ser impolíticos, siendo que impolítico es todo aquel que está en contra de la política, y que desconoce a la política.

Mientras que los nacionalistas dan sobradas demostraciones de cómo se activan los entendimientos entre los dirigentes, siendo que la democracia y la política no son actividades mecánicas, sino un flujo continuo de acuerdos para encontrar las soluciones que permitan ir adelante y no quedarse embrocados en los desacuerdos y los pleitos internos. Como consecuencia de la reunión de Choluteca, vimos a Ricardo Álvarez reconociendo a Tito Asfura como el mejor alcalde que ha tenido Tegucigalpa. El que mejor librado salió en esa cuasi convención cachureca fue Mauricio Oliva, que lució como el dirigente con la suficiente sagacidad para atraer a los dirigentes de la talla de Álvarez y Asfura, que en apariencia no se podía ni ver.

En esencia, con la demostración palpable de Choluteca, podemos decir categóricamente que los nacionalistas están más que unidos, están afilados y aceitados, frente a unos opositores liberales, libres y nasrallistas, dedicados solo a vociferar, creyendo que con hablar mal del rival pavimentan el camino para volver al poder. Muy mala lectura de los opositores, porque sin trabajar para organizarse internamente, le están brindando en bandeja de plata una cuarta victoria a los nacionalistas.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 11 de marzo de 2019.