Todavía hay memorias agradecidas

agosto 24, 2017

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En estos tiempos, tan confusos como convulsos, que nos llevan como entierro de pobre, a toda velocidad, por fortuna hay ciudadanos con la razón bien ubicada en la cabeza para poder ver cómo marchan los acontecimientos, de acuerdo a las grandes decisiones que adoptan el gobierno y las autoridades. Esta semana recordamos los acontecimientos que se dieron hace cuatro años cuando entró a un debate encarnizado la aprobación o desaprobación de la Policía Militar de Orden Público (PMOP), como cuerpo adjunto a la policía nacional, para desempeñar tareas en el combate al crimen organizado.



La creación de la Policía Militar fue convertido en tema de campaña electoral, mientras JOH lo llevó como bandera para ganar votos, Libre y un sector del Partido Liberal lo rechazaron, colocándose en una contraposición que en un inicio abortó la PMOP. Recordamos aquella fecha, cuando en el hemiciclo parlamentario la negativa de la mayoría se le interpuso en el camino al deseo de JOH de convertir la PMOP en una parte del estamento constitucional para que tuviera vida indefinida. Al final se aprobó la Ley de Policía militar, quedando el nuevo cuerpo con funciones policiales.

La Policía Militar nació como una necesidad, cuando las organizaciones del crimen organizado rebasaron la capacidad de la Policía Nacional, agravada la situación cuando surgió a la luz pública la implicación de un gran sector del cuerpo policial con elementos del crimen organizado. Una policía contaminada como estaba era un atentado contra la seguridad del Estado mismo, una institución que en nada trabajaba por la seguridad de las personas y sus bienes. Quiénes enfocaron desde un principio que la PMOP era un cuerpo competitivo contra la Policía Nacional, equivocaron el enfoque, porque los militares si bien no estaban preparados para ir a las calles a desempeñar tareas distintas a las que les asigna la Constitución, eran la única reserva de la que se podía echar mano para enfrentar a las organizaciones criminales.

La policía contaminada era una institución abatida por la desconfianza, apenas los medios soltaron abundante información de la implicación de altos oficiales y agentes con narcotraficantes y grupos pandilleros, la gente empezó a manifestar tal estado de desconfianza por la Policía Nacional, que ver a un simple agente en la calle, era como estar frente a un aliado de la delincuencia.

Este vacío lo vino sustituir la PMOP desde el primer momento en que apareció en las calles bien armada, dando la impresión ante la sociedad que los ciudadanos teníamos un cuerpo policial naciente con nueva sangre y nueva vida, entrenada para proteger a las personas de la delincuencia. Poco a poco los policías militares pasaron de la duda a la confianza hasta llegar al momento en que la gente en los barrios y colonias se acercaba a los militares mientras seguía desconfiando de la policía oficial.

Cuatro años después, cuando las cifras de la criminalidad han sido reducidas y el ambiente de tranquilidad en los vecindarios ha mejorado notablemente, con el debido respeto que formulan los críticos por excelencia que no ven nada bueno en el país porque sus ojos han sido adaptados para ver que todo es malo, podemos afirmar como ciudadanos que el papel de la Policía Militar ha resultado muy favorable al reencuentro con la tranquilidad que ansiamos los hondureños. No estamos al ciento por ciento de tranquilidad, pero hemos recuperado un alto porcentaje en comparación a como estábamos hace diez, ocho o seis años atrás, cuando el crimen organizado había invadido casi todos los espacios del país, incluyendo a la Policia Nacional, y por donde uno transitaba, pisaba territorio minado.

Todavía hay sectores del país donde el crimen organizado impone sus arbitrios delictivos, pero gracias al trabajo incesante como efectivo de la PMOP todos los días hay grupos criminales capturados con enormes arsenales, y en los distintos operativos bautizados con nombres específicos van desapareciendo las estructuras de esos grupos, con lo cual se les achica su poder de desplazamiento y poco a poco los ciudadanos ven como se reduce la incidencia criminal en sus vecindarios.

Esta es una lucha frontal contra las estructuras criminales y afortunadamente, por los resultados que saltan a la vista, podemos decir que se le está ganando la partida al crimen organizado, gracias a la decidida participación de la Policía Militar, que hasta ahora ha demostrado ser un cuerpo descontaminado desde su nacimiento. Ante los retos que debe seguir enfrentando la PMOP, con reflexión, decisión y mucha acción, hasta erradicar al crimen organizado, podemos manifestar como ciudadanos agradecidos, que es una imperiosa necesidad mantener la Policía Militar, hasta tanto nuestro país no cuente con una policía civil, debidamente certificada que esté limpia y ajena de toda contaminación criminal.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 24 de agosto de 2017.

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