Titanes de la salud

octubre 19, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Hace año y medio la mayoría de los hondureños estábamos encerrados en nuestras casas con la creencia que solo confinados podríamos salvarnos del coronavirus COVID-19, mientras en el mundo los diferentes países anunciaban medidas drásticas para frenar la propagación de la mayor pandemia del siglo XXI. Fue hasta principios de este año que empezaron a aplicarse las primeras vacunas en que se comenzó a poner la crisis sanitaria en una perspectiva histórica en que las personas volvieron disfrutar de un clima de libertad.



A los hondureños nos llegaron las primeras vacunas a mediados del mes de mayo de este año, no fuimos tan afortunados porque COVAX nos trajo la vacuna rusa Sputnik, que todavía ni siquiera ha recibido la aprobación de la OMS, por lo que quienes se la aplicaron no tienen posibilidad de ingresar a EEUU. Las primeras dosis de la vacuna Pfizer llegaron a mediados de junio de este año y desde entonces, con la gestión efectiva de las autoridades de gobierno y la oportuna cooperación de EEUU, hemos estado recibiendo vacunas Moderna y Pfizer y a través del IHSS la AztraZeneca. Desde el momento en que comenzó el proceso de vacunación el porcentaje de contagio disminuyó en forma paulatina, una demostración palpable que la vacuna, si bien no es un blindaje completo para el organismo, es un atenuador efectivo que reduce los riesgos de complicaciones en caso de contagio, lo cual es una tabla de salvación.

Cuando la pandemia más convulsionaba a los hondureños, un nutrido ejército de profesionales, entre médicos, enfermeras y enfermeros, agentes de salud conocidos como paramédicos, y una buena cantidad de voluntarios, se batieron en una tarea extraordinaria al iniciar el proceso de vacunación. Al principio, por la ansiedad de muchas personas de aplicarse la vacuna, hubo presiones en los sitios de vacunación, sobre los vacunadores que solo aplicaban la vacuna conforme un orden establecido.

Desde ese momento hasta el día de hoy este conjunto de profesionales, médicos, enfermeras, enfermeros y demás personal, ha venido desarrollando una labor titánica, que es justo reconocerla, no solo por el gobierno y las autoridades de salud sino por todos los hondureños que ya hemos recibido la aplicación de las dos dosis, lo cual nos ha permitido reinsertarnos en la vida activa, siempre guardando las medidas biosanitarias que son de obligatoria observancia.

Al estar inmersos en un ambiente electoral por lo general los hondureños nos apasionamos y nos alejamos de las situaciones atinentes a la vida del país, porque aunque esta pandemia del COVID-19 ha demostrado ser una de las más mortíferas de todos los tiempos, los hondureños, unos por ignorancia, otros por una frescura inexplicable y otros por razones de fanatismo religioso, han desafiado a la peste y lo han pagado caro con su vida. Contra toda esta indiferencia, especialmente contra la campaña malsana que viene orquestada desde el extranjero incitando a no vacunarse y contra las personas irascibles que llegan a los puestos de vacuna maltratando a quienes están arriesgando su vida al mantenerse en lugares donde hay carga viral, han estado médicos y enfermeras cumpliendo su trabajo, armados de paciencia franciscana, aplicando la vacuna a la vez que explicándole a la gente lo que le puede sobrevenir como reacción al aplicarse la primera o la segunda dosis.

Personalmente y con mi familia estamos agradecidos con las enfermeras y doctoras que nos aplicaron ambas dosis en el tiempo establecido; la inquietud que asalta al aplicarse la primera dosis no deja de causar una sensación de temor, por no saber en el preciso momento de la inyección cómo reaccionará nuestro cuerpo. En ese instante la explicación de la doctora y la enfermera representan un gran alivio que conduce a la seguridad de que todo estará bien, que podríamos experimentar algo de temperatura, un poco de dolor de cabeza o dolor en el brazo a las horas o al día siguiente, pero nada grave. Esa explicación ayuda a sobrellevar aquellos minutos de incertidumbre que nos hacen pensar, si nuestro cuerpo está preparado o en condiciones para aceptar los cuerpos extraños que contiene la vacuna.

Meses después de haber recibido las dos dosis de Pfizer, con mi familia estamos inmensamente agradecidos con las doctoras y las enfermeras que nos aplicaron la vacuna. Apreciamos su inmensa cordialidad humana, su forma tranquila al hablar con cada persona, entre las más tranquilas, las que lucían un poco nerviosas y las muy nerviosas que al estar sentadas y ver la aguja, se arrepentían y se levantaban de la silla. En el entorno familiar tuve que regañar a una buena amiga que entró en un trance nervioso resistiéndose a vacunarse en el último minuto. Y aunque me tocó asumir el papel de padre regañón, aquella buena amiga no tuvo más que estirar su brazo y dejarse vacunar.

Esta misma historia se ha repetido en muchos centros de vacunación donde los doctores y enfermeras al final han dominado muchas situaciones para lograr vacunar a más personas. A este ejército de héroes que se han arriesgado en la pandemia, dedicamos este merecido reconocimiento, porque a ellos la sociedad hondureña les adeuda algo que es totalmente invaluable: salvar vidas al aplicar la vacuna a millones de hondureños.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 19 de octubre de 2021.

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