Tiempos recios

marzo 16, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Nos toca vivir tiempos recios con el azote de la pandemia del coronavirus, que aunque muchos expertos no la consideran más terrible que epidemias como el dengue que convive con nosotros gracias al desaseo que prevalece en muchos sectores de la nación, creemos que apenas comenzamos a entrar a una crisis de la que ignoramos casi todo, porque a ciencia cierta no se sabe cómo se originó, todavía no atinamos a descifrar cuáles serán todas sus consecuencias y cuándo podremos ponerle final, por lo que asimilar este golpe va a requerir que todos los hondureños actuemos con conciencia. Va a ser muy valioso que cada hondureño haga lo mejor posible en lo que le corresponde, comenzando por respetar las medidas sanitarias que dictan las autoridades, especialmente las cuarentenas que muchas personas no están tomando en serio.



Por referencia de médicos italianos sabemos que en su país la gente no le presto  importancia a las recomendaciones y al cabo de dos semanas Italia estaba invadida por el coronavirus, con miles de personas contagiadas y una cifra considerable de muertes. Tenemos que vernos en ese espejo que como mal ejemplo nos dieron los italianos, porque de nuevo decimos, tiene un gran valor el que cada hondureño haga a conciencia lo que corresponde hacer en estos momentos, ante todo acatando las normas de la OMS que son las que predican nuestras autoridades de salud.

La propagación del virus solo puede ser contenida en Honduras si nosotros los ciudadanos adoptamos una actitud correcta, sin dejarnos arrastrar por la histeria y el miedo, pero cumpliendo al pie de la letra las recomendaciones, que van desde lavarnos las manos con la mayor frecuencia o desinfectarnos con alcohol gel, evitar los apretones de mano, no más abrazos ni besos en la mejilla, además evitar estar en aglomeraciones, lo que implica sacrificarnos para no ir a misa o congregaciones, igual que a reuniones sociales, bailes, y eventos artísticos y deportivos.

Pero si a todo esto nos obliga la voluntad a conciencia de frenar al coronavirus, como todos tenemos que poner una cuota de sacrificio, al gobierno le corresponde una de las más difíciles pero necesaria, cual es la de flexibilizar medidas y disposiciones que faciliten que el sector privado pueda enfrentar la crisis sin perder centenares o miles de empresas que podrían sucumbir en medio de esta crisis, provocando un desempleo que agravaría profundamente las consecuencias de la pandemia.

La crisis provocará un frenazo económico en todos los rubros, ya se empezaron a ver los primeros signos, las empresas pierden ventas, los medios de comunicación ya estamos entre las empresas más afectadas en todos los países, hoy hemos visto anuncios de los medios europeos pidiendo donaciones a sus lectores, televidentes y oyentes por la caída de la factura publicitaria, para poder enfrentar sus obligaciones. Podríamos llegar a tal situación extrema que ante el bajísimo flujo económico muchas empresas deban prescindir de una gran parte de su personal quedando con el mínimo para apenas sobrevivir. Entonces se impone que el gobierno, siguiendo la teoría del economista inglés John Maynor Keynes, sea el gran inversor que reactive la economía, y esto solo puede hacerlo destinando una gran parte del presupuesto a obras vitales para el momento.

Por eso, la construcción de once hospitales, más una buena cantidad de centros de salud y la contratación del suficiente personal médico y de enfermería que es indispensable para fortalecer el sistema de salud pública, es congruente con la crisis que vivimos. Como es una gran suma la que se destinará para esta inversión, aunque la ley de contratación del Estado permite hacer compras directas en época de emergencia, el gobierno deberá tener el sumo cuidado de pedir auditorías, donde, además de los órganos fiscalizadores del Estado participen organizaciones de la sociedad civil que den constancia que las operaciones, contrataciones y compras se hagan con la pulcritud que exige la nación, que es la única manera en que la población hondureña podrá otorgar los votos de confianza a las autoridades.

La psicóloga italiana Francesca Morelli, una personalidad eminente en el mundo profesional europeo de la psicología, ha calificado este momento como una fase social en la que la regla es que cada uno se ocupe de si mismo, esperando que el otro haga igual, es decir, que la única salida a la crisis creada por la pandemia es la reciprocidad. Es la responsabilidad compartida, la conciencia de que tu destino depende no solo de ti, sino de todos los demás que te rodean y que dependes de ellos, como ellos dependen de ti. En pocas palabras, de nada sirve que tu te cuides, si los demás no se cuidan.

Pero el riesgo será mayor si no hay una coordinación efectiva en la cúspide de la nación donde radica el liderazgo nacional que dirige el país. Por la actividad incesante que estamos viendo en el gobierno parece que hay capacidad de gestionar la crisis, siguiendo la teoría de la reciprocidad, hay que contribuir atendiendo sus instrucciones y acatando las prohibiciones. No hacer lo que un día hizo un abogado tarugo en el Foro Canal 10, forzando a que le estrecharan la mano, para demostrar que como miembro del Partido LIBRE, las disposiciones del gobierno le valen un grano de frijol. En estos momentos, el sectarismo es el peor de los pecados capitales.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 16 de marzo de 2020.