Tiempos de paciencia

enero 23, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El Estado tiene la enorme responsabilidad de crear el mayor número de oportunidades para los hondureños en las distintas edades, pero ni en Honduras ni en ningún otro país del mundo un gobierno puede satisfacer todas las oportunidades que reclaman los habitantes. Si miramos las oportunidades que existen en países desarrollados como Estados Unidos y Canadá, son mayoritariamente superiores a las que hay en los países subdesarrollados, e infinitamente mayores a las que hay en los países dominados por gobiernos totalitarios como Cuba, Venezuela y Nicaragua.



Cuando escuchamos las críticas y los lamentos de los compatriotas que se integran a las caravanas instigadas por personas de oficio, que persiguen objetivos trazados en forma deliberada, desde dentro como fuera del país, el denominador es la queja por la falta de empleo, por la inseguridad y en general la falta de oportunidades. El desempleo es latente en Honduras, pero también está a la vista como un problema en los demás países; la inseguridad, es indiscutible, aunque el gobierno y autoridades están enfrascados en una batalla contra el crimen organizado que es el gran protagonista de los actos criminales; la falta de oportunidades, es una situación inherente al bajo crecimiento económico que tiene Honduras, y que solo podrá superarse con medidas y decisiones que modifiquen la actual estructura tributaria, como lo han hecho países asiáticos como Singapur y Taiwan.

Estamos viviendo tiempos donde la impaciencia es un factor que predomina en la mente de muchos sectores que creen que el gobierno es el causante de todos los problemas del país y que, como es el gran responsable, a la vez es el que debe hacer todo para ponernos el bienestar al alcance de los hondureños para que todos vivamos felices. Pero este estilo de pensamiento es el que practican los gobiernos totalitarios, donde los dirigentes creen que la iniciativa y la creatividad de las personas no es lo mejor, y que todas las personas deben obedecer a los dictados del gobernante, que por lo general, cuando no es un tirano por lo menos es un dictador que se eterniza en el poder, que les pone todo en la mano para que no trabajen ni se esfuercen por cuenta propia.

Los que mejor manejan esta tesis de vida son algunos sindicatos, cuya razón de ser es vivir exprimiendo los presupuestos de las instituciones de donde nacieron, a través de los contratos colectivos de las instituciones, destinados para operar. Hay una actitud radical que empuja a pensar que lo más importante por encima de todo son los salarios de los trabajadores, desconociendo en forma deliberada que para haya más puestos de trabajo, lo primero que hay que salvar son las empresas, que son la madre del cordero.

La prensa nacional habla que los agro-empresarios del café deben contratar anualmente más de 30 mil cortadores de café procedentes de Guatemala para poder efectuar el corte del grano a su debido tiempo. Los empresarios del tabaco en el occidente del país se lamentan que decenas de trabajadores que devengaban salario mínimo garantizado, abandonaron sus puestos para unirse a las caravanas, creando ausencias laborales lamentables, mientras hoy se encuentran varados en territorio mexicano sin poder avanzar hacia el objetivo que es cruzar la frontera, debiendo hacer los trabajos que nunca pensaron realizar para devengar algún dinero para sobrevivir una incierta travesía, que lo más seguro no podrán completar, por la ferocidad que está demostrando la guardia nacional de México.

Acaso el mayor error que todos estos compatriotas están cometiendo es que se están dejando arrastrar por los llamados que les formulan individuos inescrupulosos, que se valen de la rapidez con que avanzan las falsedades por las redes sociales, donde la mayoría de los contenidos, sean noticias aparentemente buenas como las falsedades más deleznables, se ganan el interés y la confianza de las personas que viven para dejarse llevar con facilidad por los timos y los engaños.

Como dicen las lecturas bíblicas, hay tiempo para todo; más de la mitad de los hondureños, que aunque no viven en la opulencia que viven unos pocos, tienen fe y confianza que las condiciones de Honduras irán cambiando por las medidas y acciones que están tomando las autoridades de gobierno. Para la otra parte, donde la impaciencia predomina, lo que cuenta es vivir indignados, porque el gobierno no les resuelve todos sus problemas, mientras ellos no aportan más que el ánimo de sumarse a las revueltas callejeras, apenas se las piden por medio de los mensajitos telefónicos los dirigentes de los sectores radicalizados con la obsesión de asumir el poder para hacer de Honduras un país gobernado por un régimen totalitario.

Ni el gobierno va a caer mañana, ni Honduras se va a quedar como está, como quisieran los que de verdad no quieren que Honduras prospere, porque su bandera es vivir pregonando que somos el país más atrasado del planeta, cosa que afortunadamente no lo es.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 23 de enero de 2020.