Tiempo para la humildad

septiembre 1, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Hay organizaciones de sociedad civil, que nacieron creyendo que podrían estar por encima de todas las instituciones del Estado, incluso surgieron faltándoles un atributo que no debe faltar en ninguna sociedad. Nos referimos a la humildad, porque el hecho de que hayan sido bautizadas con un nombre que tiene la aquiescencia de la mayoría de los hondureños, no quiere decir que a sus miembros les entre por la cabeza la facultad de ser soberbios, porque la soberbia hace mucho daño y lleva a cometer muchos errores, convirtiendo el buen trabajo que se ha hecho en un principio, en una gestión lamentable al final.



El Consejo Nacional Anticorrupción es una organización de sociedad civil que ha hecho un papel muy aceptable en su condición de coadyuvante de los operadores de justicia, pero debido a la enorme dimensión conque los medios aireamos su trabajo le ha entrado mucho furor, al grado que pidió informalmente que el Congreso Nacional le diera facultades investigativas para ser una paralela del Ministerio Público, y como era lógico, la petición no procedió porque eso implicaba reformar la Constitución de la República, lo cual hubiera sentado un precedente que habría sido usado por otras organizaciones para que pedir iguales u otros derechos, equivalente a haber convertido la carta magna en una especie de «chap suey» constitucional.

El último desbarre del CNA, con el que se ha exhibido en el ridículo, es atreverse a cuestionar el tratamiento MAIZ, que tan buenos resultados ha estado ofreciendo en beneficio de la salud de miles de hondureños, y que gracias a él, han podido salir del trance contagioso del COVID-19. Por el hecho de ser un trabajo científico hondureño, el CNA se ha atrevido a cuestionarlo, saliéndose de su papel de combatir la corrupción, lo cual es algo plausible, ignorando que el trabajo científico de los compatriotas médicos que se han quemado las pestañas investigando los elementos para dar con el tratamiento, ha requerido de una altísima jornada de trabajo donde ha habido intercambio de conocimientos y experiencias con otros profesionales hondureños que radican en el extranjero, al grado que hoy forma parte de la carpeta mundial de tratamientos avalados por sus resultados.

Porque un grupo de médicos radicales, que actúan más con mentalidad política, han cuestionado los dos tratamientos hondureños, el CNA decidió agarrar ese barco a costa del ridículo mayúsculo, porque una cosa es investigar la corrupción y otra muy distinta es la investigación científica. Los creadores de los tratamientos MAIZ y CATRACHO avalan su éxito con los resultados obtenidos que se miden con la gran cantidad de compatriotas que han evitado transitar por el corredor de la crisis de la pandemia, que es cuando al contagiado lo entuban y le ponen en respiración artificial. MAIZ y CATRACHO se anticipan al agravamiento que podría llevar al contagiado a la unidad de cuidados intensivos, donde si la condición de vulnerabilidad de la persona es crónica, la probabilidad de rescatarlo es un albur. Los doctores Valerio, Díaz y Sierra Hoffman, no han pregonado haber inventado la cura del COVID-19, con una formación ética admirable ellos han explicado que MAIZ y CATRACHO son tratamientos que aplicados a la persona cuando se les presentan los síntomas, son capaces de rescatarlo y evitar que caiga en la crisis, donde el paciente puede llegar a agravarse si padece enfermedades crónicas.

La obstinación del CNA por querer ser una especie de paradigma en todos los asuntos del país lo lleva a caer en un error lamentable en un campo en el que nada tiene que hacer, porque la ciencia médica corresponde a los investigadores científicos, como también hace el ridículo alguno que otro médico que quiere hacer el papel de Sherlock Holmes, creyéndose investigador de oficio. Y que hay varios médicos que a menudo hacen papelones y lejos de aportar soluciones terminan aumentando la confusión en casos muy sonados en la vida nacional.

Cuál es el interés del CNA de penetrar al campo de la ciencia, cuestionando el trabajo médico de profesionales que no buscan ninguna clase de lucro, más que el de servir a la ciudadanía aportando conocimientos y experiencias en un momento difícil que afrontamos cuando la pandemia del COVID-19 se ha instalado en el planeta por un tiempo indefinido. Esta es una pregunta que la debe contestar el CNA, porque si sus directivos creen que pueden meter sus manos en aquellos espacios donde no tienen ninguna calificación ni competencia, deben saber que se exponen a hacer el ridículo mayor.

Y si el objetivo es ganar más figuración por la publicidad que obtienen en los medios por cada paso que da la organización, el CNA corre el riesgo de infectarse con un virus que hace tanto daño como el peor de los coronavirus, nos referimos al deseo persistente de hacer el ridículo. Sencillamente, porque cada quien debe estar haciendo lo que sabe hacer. Como dice el refrán popular: «zapatero, a tus zapatos».

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 1 de septiembre de 2020.

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