También las empresas están en cuidados intensivos

enero 26, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La pandemia ha planteado un dilema que mantiene acorralados a todos los países del planeta: entre no cerrar la economía para no caer en un abismo insalvable o preservar la salud de la población, casi forzada a quedarse en casa como medida efectiva para evitar el contagio. Es casi como estar en la clásica jugada del béisbol, en 3 y 2, tres bolas y dos strikes, cuando en la pizarra no cabe nada más, o se gana la base o se queda fuera de la jugada. Y en este drama ya vamos a cumplir el año y los rebrotes de la pandemia con nuevas variantes o cepas no nos anticipan esperanzas, más que esperar que llegue la vacuna, que para nosotros podría ser, siendo optimistas, que los laboratorios nos atiendan de junio en adelante.



La situación se mantiene en una disyuntiva cuando nuestro país se ha sumido en la mayor ola de contagio, que pareciera ser el esperado pico de la pandemia que nos llegó tarde debido al extenso confinamiento que abarcó hasta finales de octubre pasado, lo cual significa que podríamos tener en verdad la segunda oleada a finales de marzo o principio de abril, dependiendo si se llegara a tomar regulaciones que restrinjan la salida de las personas, porque durante noviembre y diciembre estuvimos en un clima de economía abierta, con plena libertad, sin que nuestra gente estuviera consciente que era obligatorio apegarse a las tres reglas sanitarias: mascarilla, distancia física y lavado de manos con jabón o empleando el alcohol gel.

Todos hemos sufrido en la medida de las obligaciones que tenemos, la creencia que tienen los dirigentes sindicales que a las empresas les ha ido mejor que nunca es una rotunda equivocación, porque la inmensa mayoría de las empresas estamos igual que cuando las personas caen en estado delicado, también las empresas estamos en unidades de cuidados intensivos, tratando de obtener oxígeno para poder respirar y sobrevivir.

Cuando en 1998 nos azotó el más terrible de los huracanes como fue el Mitch, la dirigencia sindical acudió al gobierno con un amplio espíritu de comprensión patriótica, informando a las autoridades que dada la situación crítica en que quedaba nuestro país por el desastre que sufrió el aparato productivo nacional, los trabajadores eran conscientes que no habían condiciones para solicitar aumento del salario mínimo. Aquella dirigencia sindical, de la que todavía sobreviven varios en condición de retiro, comprendió que en momentos de extrema delicadeza no habían condiciones para que las empresas aumentaran el salario mínimo, so pena de agravar la situación, porque en situaciones como la que nos dejó el huracán Mitch, igual que hoy cuando seguimos sumidos en la pandemia, y haber sufrido el embate de dos huracanes uno tras otro, las empresas están boqueando, en su mayoría casi moribundas, con los ingresos menguados casi en un 60%, situación deplorable en la que solo podrán sobrevivir haciendo ajustes, reduciendo gastos, lo que implica cerrar plazas, que esto no significa un ahorro inmediato porque el pago del pasivo laboral debe pagarse como sea.

La pandemia que no se sabe hasta cuándo durará, más el efecto dañino de los dos huracanes, dejan a las empresas hundidas en una acumulación de problemas que alcanza una dimensión que a estas alturas pueden resultar catastróficos, de manera que aumentarles la presión con un incremento salarial las obligará a reaccionar con el inevitable despido de más personal, por lo que el beneficio de unos pocos al mismo tiempo será la desgracia de miles de desempleados que quedarán en el aire a consecuencia del aumento del salario mínimo.

Este no es el momento de acudir dando palos de ciego a reclamar el cumplimiento de la ley, porque esta no un sujeto pensante, la ley contempla y determina medidas en el papel, pero queda sujeta al buen juicio de quienes la interpretan y la aplican, el saber si esa ley aplicada en un momento dado, desnaturaliza el objetivo que es mejorar el bienestar de los trabajadores. Y en este momento no es justo que por la aspiración de los sindicatos de mejorar sus ingresos por las cuotas sindicales se llegue a crear las condiciones para que muchas empresas, de todo tamaño, usando el mecanismo natural para sobrevivir, tengan que despedir a miles de trabajadores, para ser eficientes mediante la reducción del gasto que no es otra cosa que despedir personal.

Por si no lo saben los dirigentes sindicales, la pandemia ha provocado estragos en casi todas las empresas, y hasta que no esté vacunada la mayoría de la población, no vamos a poder ver un horizonte realista. Todavía no vemos que despunte para arrancar el proyecto de reconstrucción nacional, que aparejado a la vacuna, es la esperanza para la recuperación de la economía. Sugerimos a los dirigentes sindicales, que esperen el momento que tengamos vacunada a la población y esté marchando el proceso de reconstrucción. Por ahora, presionar al gobierno en un año electoral, en que los políticos dan el sí a todas las presiones, es provocar una mayor caída de la economía, cuando las empresas tengan que despedir a más personal para poder mantenerse a flote.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 26 de enero de 2021.

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