Widget Image

También hay violencia mental

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Por supuesto que nos alegra el avance que hemos alcanzado en materia de seguridad, al ver los rankings de posiciones de ciudades y países más afectados por la inseguridad, entre los cuales ya no figuramos en las fatídicas primeras posiciones. Según un estudio levantado por un organismo internacional, San Pedro Sula y Tegucigalpa, que hace dos años estaban ubicadas entre las posiciones dominadas por la actividad criminal, hoy están muy distantes de las ciudades consideradas las más peligrosas del mundo. San Pedro Sula es la ciudad número 33 afectada por la inseguridad, o sea que antes hay 32 ciudades con un puntaje de miedo, mientras que Tegucigalpa ocupa el puesto número 40, o sea que antes hay 39 ciudades más peligrosas.

Para los enemigos de Honduras, que los tenemos entre nosotros porque son ciudadanos nacidos aquí, nada más que con su corazón y su pensamiento al servicio de la izquierda internacional, estos datos positivos para todo buen hondureño, a ellos les lacera el alma, porque su trabajo diario es constante por hacer ver mal al país. La diferencia entre la realidad y la percepción la marcan los estudios de organismos internacionales serios, que se encargan de investigar la realidad de los escenarios y uno de ellos es el que ha sido publicado por los medios informativos del continente, sobre los niveles de inseguridad que prevalecen en las capitales y ciudades más importantes del planeta.

Ya no estamos tan mal en la lista fatídica de inseguridad, sobre San Pedro Sula hay 32 ciudades consideradas más peligrosas y antes de Tegucigalpa, hay 39 ciudades calificadas de mayor peligro. Sin embargo, el hecho de alejarnos de los angustiantes primeros lugares de inseguridad todavía no da para batir palmas, porque queda mucho terreno peligroso que descontar. Este avance le debe servir de aliciente motivador a las autoridades de gobierno, porque es un indicativo cierto que sus acciones están dando resultados en la lucha contra la criminalidad, pero tampoco significa que han obtenido las metas supremas, porque estas se habrán alcanzado cuando la ciudadanía hondureña sienta que puede transitar tranquilamente por las calles y lugares públicos sin el temor de sentirse alcanzado por el acoso delictivo.

Donde también debemos avanzar es en el campo de la violencia mental, y aquí la responsabilidad es más de la sociedad y los ciudadanos, porque si al gobierno le corresponde trabajar por reducir la violencia física, todos los hondureños tenemos el deber de luchar contra la violencia mental, que comienza por entender lo valioso que es el derecho a la privacidad, que muchas personas y hasta organizaciones, se equivocan al creer que preservar la imagen y a no ser ofendido por otros, es un derecho menor. Cuando a una persona se le injuria, y se le calumnia, se comete un delito grave que es penalizado por las leyes penales, aquí y en cualquier país del planeta. Minimizar o despreciar los  delitos que laceran la dignidad de las personas, como resultan ser la injuria, la difamación y la calumnia, es adoptar una complicidad con la transgresión y la impunidad. Los tres delitos no resultan leves a ninguna persona, porque una difamación orquestada, una injuria lanzada con saña y una calumnia levantada con toda la atrocidad del mundo, destruyen con la dignidad de una persona. Son delitos que acaban con la dignidad de cualquier ser humano, que al no ser castigados por la ley, provocan una clase de muerte en vida en la persona dañada, porque nadie que es salvajemente calumniado, injuriado y difamado, sin ser recompensado socialmente por el sistema jurídico del país, podrá seguir viviendo con tranquilidad; esa persona será un muerto en vida, víctima no solo de su agresor, sino también de la incapacidad del Estado de Derecho, de preservar la vida moral de alguien que socialmente queda lastrado por el efecto infame que daña profundamente el sentimiento humano.

Hay que revisar esta situación, porque hoy nos alegramos que el gobierno y las autoridades estén obteniendo buenos resultados en la lucha contra la violencia física que genera inseguridad, lo que equivale a que pronto los inversionistas de otros países al observar estos signos de confianza pondrán sus ojos en Honduras como país con un clima social que mejora ostensiblemente para invertir.

Nos toca a la ciudadanía, a organizaciones de profesionales que trabajamos en los espacios donde asumimos obligaciones y derechos para preservar la democracia, a organizaciones sociales y religiosas, asumir el papel correcto para erradicar la violencia mental, que se practica cuando se transgreden leyes fundamentales, como el derecho a no ser ofendido de manera verbal, derecho a preservar la privacidad, a no ser mancillados en nuestro honor y dignidad, que no son derechos evanescentes, y que al ser pisoteados por otras personas, pueden conducir a la muerte moral del ofendido.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 14 de marzo de 2019.