Solicitar intervención interna es un error

abril 5, 2021

Juan Ramón Martínez

Por diversas razones, la oposición política está al borde de la desesperación. Los últimos resultados de las elecciones primarias les han llevado la falsa conclusión que el Partido Nacional no es posible derrotarle; que no puede sacar de la política a Juan Orlando Hernández, y que el gobierno por más que cometa errores, en vez de recibir rechazos, más bien iguala o amenaza con aumentar su fuerza en las próximas elecciones. Como es fácil concluir, sus conclusiones son frágiles y alejadas de la verdad. Tanto, porque carecen de instrumentos idóneos para apreciar y entender la realidad, como porque los análisis los ejecutan desde una perspectiva autoritaria, cuyas características son la falta de autocrítica de su desempeño, la ausencia de evaluación de los mensajes transmitidos y el poco respeto que le dispensan al talento y sentido común de los electores con los que creen contar.



Una revisión desde afuera, permite a los observadores concluir que la oposición sigue la misma estrategia y las mismas tácticas para atacar al Partido Nacional y al titular del ejecutivo. Por lo que, es lógico anticipar, que obtendrán los mismos resultados. El primer error que cometieron fue permitir ir a elecciones generales, irrespetando la Constitución, sin oponerse a la inscripción de JOH como candidato presidencial. La participación de JOH fue ilegal; pero la validaron, creyendo que lo derrocarían fácilmente, pasando por alto que no contaban con los recursos del gobierno; ni la seguridad que el Tribunal Supremo Electoral aseguraría unos comicios limpios y honestos. El siguiente error fue menospreciar la fuerza electoral del adversario y exagerar la propia.

En términos tácticos, atacaron al PN en el centro, en donde tenía concentrada todas sus fuerzas. Si hubieran aumentado la brecha, entre su vanguardia, fuerte y decidida, y sus grupos de retaguardia o apoyo, otros resultados habrían logrado. Pero claro, este tipo de cosas, no son de su elemental forma de comprender las cosas.

La segunda debilidad de la oposición es de carácter psicológico. Sus líderes exhiben una fuerte personalidad, una egolatría incontrolable y, por ello, tienen poca capacidad para escuchar a los observadores más lúcidos, atender a sus asesores y leer las encuestas. Estas tres cosas le hacen caer en dos errores: menospreciar al adversario y no atender a sus bases, con un nuevo discurso que les haga creer que estarán mejor bajo su dirección que como están ahora, cuando el titular del ejecutivo es JOH. Por ello, tanto Nasralla como Zelaya y ahora Ávila, no pueden entender cómo funciona y se sostiene el poder y, en consecuencia, fuera de la alianza inter pares, son incapaces de forjar alianzas entre sus respectivas bases a las que no respetan porque no tiene formación ni valores democráticos que orienten sus acciones políticas. Por ejemplo, no han cuestionado su discurso y sus propuestas al electorado. Los ataques al gobierno no buscaron mitigar el sufrimiento de los potenciales electores, sino que a darle satisfacción a las políticas de la DEA y a los Fiscales de Nueva York. Como contraste, Rosenthal, jugó a la víctima – que emociona y provoca compasión—diciéndole a sus probables electores, que los entendía; y que, en consecuencia trabajaría para mitigar sus dolores.

Mientras Rosenthal mostró un talante humilde, de luchador dedicado, que se supera en los sufrimientos, Zelaya Medrano y Nasralla, levantaron la bandera justiciera para castigar a JOH, sin preguntarse que los medios usados, eran o no, satisfactorios para los probables electores que, contrario a lo que creen, no son borregos que los puede movilizar a su voluntad. Nasralla no tiene control sobre sus bases. Por lo menos no le obedecen. Y Zelaya, menosprecio al sentido y el orgullo colectivo común de los liberales, al ofrecerles que, si ganaba, le cedería la candidatura a un extraño como Nasralla. Olvidando que los liberales, nunca han aceptado a un no liberal, como su candidato.

En el fondo, el origen de su conducta es antidemocrática. Y como su autoritarismo no tiene límites, al final, están pidiendo algo que los hondureños rechazan: la intervención de los Estados Unidos, cambiándonos el titular del ejecutivo, al que ellos no han podido derrotar en las urnas. Aunque no hay aquí un fuerte anti gringuismo, tampoco hemos llegado al fondo de las debilidades para pedir, aceptar o consentir, la intervención de tropas extranjeras. Carlos Roberto Reina, basó mucho de su prestigio electoral, en el rechazo de los ejércitos extranjeros en nuestro territorio. Pero claro, Zelaya Medrano y Nasralla, no tienen conocimiento de la historia política. Les hace falta pupitre. No son demócratas. Tampoco tienen orgullo nacional. No se comportan como hondureños. Y tampoco entienden a Leibniz.

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