Sin lamentarse y sin pararse

noviembre 23, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La vida nos da unas cartas que ni siquiera imaginamos que nos tocará jugar, cartas que no escogemos, pero que estamos obligados a jugarlas como mejor podamos y sepamos hacer. Ni la pandemia ni los dos huracanes estaban en nuestro itinerario de vida, nos llegaron como llegan las desgracias, sin tocar la puerta y sin mandar mensajes. Hoy nos toca a todos los hondureños poner nuestra pequeña cuota en las tareas de reconstrucción, algo que debe empezar en nosotros mismos, reconstruyéndonos en nuestra actitud para entender las distintas situaciones que se nos están presentando en forma agolpada, una tras otra.



El país está metido en un enorme laberinto, para salir adelante requiere serenidad y buen juicio, tanto del sector gobernante como de la población hondureña, si queremos afrontar de manera efectiva las diversas situaciones con mentalidad positiva, para salir adelante todos, que es la mejor forma de pensamiento para hacer una fuerza unificada en la reconstrucción de nuestra querida República hondureña, debemos trabajar unidos.

Los que perdieron sus casas y creen que son los que perdieron más, deben ver a su alrededor y mirarán todo el espinazo del aparato productivo nacional completamente destrozado por las inundaciones. Todo es proporcional, tanto pierde el que ve su casa inundada como el gran empresario que se despierta viendo que las instalaciones de sus naves de producción están inservibles, con toda la materia prima destruida, la maquinaria echada a perder por el agua y el lodo, calculando el tiempo que le tomará rehabilitar las maquinarias, comprar nuevas materias primas y recuperar al personal en el que ha invertido tiempo y dinero en su capacitación.

Haciendo una radiografía breve vemos que en estos momentos todos hemos perdido, y sin embargo a ningún hondureño se nos está permitido lanzarnos al llanto partido ni mucho menos pensar en pararnos, ni empresarios ni empleados. El empleado que crea que tiene derecho a estar como antes, a disfrutar de los mismos ingresos, a tener los privilegios que pudo disfrutar antes de la pandemia, deben hacer un espacio en su mente para entender que los hondureños estamos viviendo igual que en una economía de guerra, donde se sabe que hay un conflicto pero no se sabe cuándo finalizará. Si la pandemia nos tenía arrinconados, dos huracanes consecutivos con un alto poder destructivo nos terminaron de poner la tapadera que no nos permite respirar.

Las autoridades de gobierno están reaccionando de manera oportuna y eficaz, el inicio inmediato de la recuperación del Valle de Sula, donde la columna vertebral del aparato productivo quedó seriamente quebrantada, es un buen indicio. Como decíamos ayer, el plan de reconstrucción nacional requiere de una inversión extraordinaria, que no la tiene el país en su presupuesto, pero por fortuna hay esperanzas de obtenerla mediante la cooperación internacional. Las autoridades de gobierno deben integrar un consejo de ciudadanos notables que actúen como visores de la ejecución del plan de reconstrucción para garantizar que toda inversión que se haga se apegue a las normas de transparencia internacional. Hay profesionales hondureños en los diferentes sectores con gran capacidad y experiencia que al ser llamados a esta tarea de Estado, estarán deseosos de prestar su contingente intelectual para garantizar el uso correcto de los recursos que proporcionen los organismos internacionales y gobiernos de países amigos.

Hay mucho trabajo por hacer, la reconstrucción nos ha puesto en el plano histórico de rehacer mucho mejor las obras que por estar mal hechas en situaciones de tempestad son cómplices por su debilidad para que los daños sean mucho mayor de lo que pudieron ser. Para lo que no hay tiempo es para ponerse a llorar, ni para lamentar lo ocurrido, como tampoco hay tiempo para pararnos, por creer que con tanta desgracia en nuestras espaldas aquí no queda nada más que hacer que enterrarnos todos, con todo y país.

Ese pensamiento hay que descartarlo, posiblemente pensarán de esa manera los que nunca han luchado, los que todo lo que tienen lo han adquirido por herencia o en forma mal habida, pero, los que hemos luchado toda nuestra vida, y hemos ganado cada lempira con esfuerzos a brazo partido en cada jornada, esos, no tenemos miedo a trabajar el doble de la jornada diaria, para aportar nuestra cuota de rescate para la recuperación de la economía que es fundamental para la reconstrucción nacional.

Vivimos una realidad distinta a la que conocíamos, pero en cualquier realidad lo que nos puede hacer salir adelante como país es el trabajo constante. Excitamos a todos nuestros hermanos hondureños a que unamos esfuerzos, trabajemos más de lo que hacíamos antes. Si así lo hacemos, en poco tiempo nos sonreirá un mejor porvenir, del que nos sentiremos orgullosos, al saber que no nos quedamos lamiendo las heridas, que pusimos nuestros mejores esfuerzos hasta lograr una Honduras mejor de lo que era antes.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 23 de noviembre de 2020.

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