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Falta de respeto y desconfianza impiden diálogo Nacional

¿Qué significa renunciar al diálogo?

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Hay que ver en el inicio del diálogo político nacional algunas aristas, no necesariamente negativas, pero que podrían presentar en la marcha algunos inconvenientes, no tanto de los representantes de los partidos históricos Liberal y Nacional, sino más bien de los nuevos inquilinos del escenario político, dada la naturaleza del carácter de su liderazgo que responde a otras actitudes políticas que son propias de otro tipo de comportamiento, algunas veces enmarcado en la democracia y otras veces con mucho color antidemocrático.

Hay un principio universal que hay que tomar en cuenta al haber iniciado tres partidos la ruta del diálogo, participando en la instalación de cuatro mesas de trabajo. Y es que, quién asiste a la iglesia de cuerpo presente es porque quiere participar en la misa. Los que rehuyeron entrar al diálogo, arguyendo una serie de excusas infantiles, son los que aspiran a gobernar de nuevo a Honduras con el apoyo de los que quieren destruir al país. Los que piensan que hay que rogarle a Mel Zelaya para que vaya a ocupar una silla en el diálogo están fuera de toda razón, son los que adrede pretenden ignorar que Mel Zelaya de antemano rechazó el diálogo porque no quiere soluciones sino conflictos para Honduras, porque sabe que una vez dentro del diálogo tiene que aceptar o rechazar los consensos y en ese plano sería el gran perdedor en todas las jornadas del diálogo.

Si nacionalistas, liberales y miembros del partido Salvador de Honduras han aceptado dialogar bajo una moderación internacional, es porque han optado de momento por dejar a un lado las complicaciones conflictivas y conversar sobre los problemas y distintas situaciones que les atañen como políticos. Al margen de los posibles desencuentros que tengan en el transcurso del diálogo, como políticos saben que podrían descubrir muchos aspectos en los que pueden estar de acuerdo, como hay otros en los que tendrán sus diferencias.

Y no es que en el diálogo nacional los participantes vayan a descubrir de nuevo la penicilina o quieran inventar de nuevo la rueda, se trata de que el hallazgo más importante que podrían encontrar, es que entre ellos podrían haber más puntos de coincidencia sobre Honduras de lo que se imaginaban. Para descubrir eso es preciso sentarse en una mesa de diálogo, de allí lo valioso que resulta la mediación del delegado de la ONU, persona que debe revestirse de paciencia franciscana para apaciguar el instinto de fieras que los políticos guardan en su interior.

Sentar en una mesa de diálogo a tres partidos disímiles entre sí, no es un trabajo fácil, no es comida de trompudos como se dice en el argot popular, requiere de una gestión con una alta dosis de persistencia y cuidado, algo así como ponerle la silla de montar a unos mil caballos chúcaros y desbocados. Pero una vez montado el diálogo es cosa de paciencia y prudencia para el moderador y facilitadores, porque en política lo que cuenta es la voluntad de las personas de participar en los eventos, sabiendo que los que escapan del bulto, con esos, el país no puede contar.

En política participa el que da un paso al frente, aquellos que dan un paso al lado o hacia atrás, son los que viven enjaulados en la incógnita, son los patrocinadores de la incertidumbre, por lo general son los que quieren ver a Honduras detenida en el tiempo. Juegan al papel de un falso progresismo, aunque la lectura política de lo que pasa en Venezuela, Cuba y Nicaragua, nos enseña que el rumbo por el quieren llevarnos está plagado de desgracias.

Insistir en la presencia de Mel Zelaya en el diálogo, sabiendo que lo suyo es querer tener a Honduras metida en los conflictos en lugar de pensar en las soluciones, es alentar la idea de un espejismo, tan falso como lejos de la realidad. Para Mel Zelaya la obsesión es asaltar el poder de nuevo, y no pensar en las soluciones que requieren los asuntos del país.

Es un gran error pensar que existe alguna forma conciliadora de que Mel Zelaya renuncie a su objetivo de crear la conflictividad a cada paso que da, para sentarse en la mesa de diálogo de manera patriótica. Como la mente del ex presidente Zelaya carece por completo de un pensamiento estratégico para ver los asuntos de Honduras, lo único que pareciera importarle es crear todos los conflictos posibles, porque con ellos provoca desestabilidad social y económica, lo que resulta su escenario favorito para ganar connotación momentánea, pero que a estas alturas le genera más imagen negativa que otra cosa.

Puede que Mel Zelaya se crea todavía el rey de los conflictos, pero tenemos la impresión que, igual que le advirtiera Monseñor Darwin Andino, son más los que lo quieren echar de la política que los que lo apoyan.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 5 de septiembre de 2018.