Seguridad en construcción

junio 29, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Puede ser que un incidente trágico como el derrumbe de un edificio en el Surfside de Miami Beach, que queda a miles de kilómetros de Honduras no debería ser motivo de preocupación, ni siquiera para ponernos nerviosos, pero tratándose de construcción de vivienda de altura, un aspecto universal que atañe a todo el mundo, nos debe importar a los hondureños desde el momento que Honduras dejó de ser el país con edificaciones modestas y entró al círculo de las construcciones elevadas, de hasta 25 o más pisos, en terrenos irregulares, donde hasta hace pocos años era impensable que se pudieran construir pequeños rascacielos.



La ingeniería moderna busca excluir los riesgos en cualquier tipo de construcción, sin embargo, siempre debe haber un seguimiento de las autoridades para verificar si los constructores se apegan a los indicadores contemplados en el código de construcción, generalmente hay ingenieros consultores que se dedican a supervisar que las constructoras cumplan con fidelidad lo establecido en los diseños, para evitar que con el paso del tiempo las posibles imperfecciones en la construcción puedan generar problemas graves que atenten contra la estabilidad del inmueble construido y por ende contra la vida de los moradores.

Los edificios igual que las casas, los cuerpos y las máquinas, acusan un desgaste con el paso del tiempo que debe ser atendido con un mantenimiento adecuado; un edificio que tenga defectos originales en la construcción, al inicio es como un cuerpo o un carro nuevo, que brilla por el esplendor de la novedad, pero las inclemencias de la naturaleza, el sol, la lluvia y los vientos, le van haciendo mella y si no se le supervisa y se le da mantenimiento se expone a que los defectos originales se conviertan en problemas mayores que lo pueden hacer colapsar.

En el quehacer periodístico tuvimos la grata experiencia de conversar con el Ingeniero Armando Sierra Morazán, uno de los mejores ingenieros estructurales que ha tenido Honduras, y de él aprendimos cuestiones elementales de ingeniería, que nos sirvieron de ilustración en nuestra actividad. El Ing. Sierra Morazán nos contaba que cuando se construyó el Hotel Honduras Maya, a principios de los años 70, constituyó una novedad por el lugar que fue escogido para edificarlo. El predio era un suelo de tierra colorada, conocida como «lutita», que mientras está seco es tan resistente como el hierro, pero apenas le entra el agua se afloja y se convierte en lodo. Por lo tanto, la construcción del Hotel Honduras Maya ameritó estudios severamente estrictos, habiéndole correspondido al Ing. Sierra Morazán la supervisión de todo el proyecto hasta que se pintó y se puso en servicio al público. 50 años después, el edificio del Hotel Honduras Maya se ha mantenido intacto a pesar de haber sido construido en un predio que no era el mejor para un edificio de altura.

Los edificios que han sido construidos posteriormente sobre predios elevados de Tegucigalpa sobrepasan los límites de la intrepidez en la ingeniería hondureña, no queriendo decir con esto que se ha cometido algún tipo de imprudencia, sin embargo, varios de estos edificios deberían estar siendo revisados periódicamente para comprobar su funcionamiento y el estado  de sus estructuras fundamentales, por parte de ingenieros que no respondan a los intereses de los consorcios que han participado en las construcciones. El código hondureño de la construcción debería ser sometido a un estudio para actualizarlo, porque ha habido cambios en el clima que inciden en el campo de la construcción.

Los movimientos sísmicos, que por fortuna no se originan propiamente en territorio hondureño, afectan la estabilidad de los suelos, las lluvias que se han vuelto más torrenciales en función del cambio climático son un factor poderoso que también desestabilizan los suelos, los materiales de construcción varían de calidad, porque hay de buenos a regulares y malos. No todo el cemento tiene la misma consistencia, últimamente se está importando cementos de países asiáticos, que al viajar por ultramar y permanecer por un largo tiempo almacenado en lugares inapropiados, pierden su efectividad original. La calidad del hierro ha disminuido en la medida que hay mucha demanda de este material en el mundo y hay opiniones profesionales que dicen que el hierro actual tiene una resistencia muy deficiente. Al sumarse todos estos factores se confabulan en una sola dirección: una baja calidad que no es garantía para lograr la fortaleza que se busca en una construcción.

Sin ponernos nerviosillos, creemos que es indispensable revisar el código de construcción para comprobar si está al día, conforme los cambios impactantes que ha experimentado el clima. Las improvisaciones y la indiferencia no son buenas consejeras. Por más que se crea que nuestros edificios son muy jóvenes aún para pensar en un deterioro prematuro, pero todavía no existe una regla para la perfección, cuando no se ha tenido el cuidado para detectar las imperfecciones, sobre todo si los controles de supervisión no son rigurosos. El Ing. Armando Sierra Morazán era reprochado por sus colegas constructores por ser un consultor demasiado estricto y riguroso. Pero tenía toda la razón del mundo cuando decía que era mejor prevenir los errores para no tener que lamentar tragedias donde el costo más grave es la pérdida de vidas humanas. En su memoria hacemos esta reflexión.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 20 de junio de 2021.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *