Sedición y vandalismo presidencial

enero 6, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cuando el mundo creía que estaba curado de espantos, hoy despertó azorado al ver el espectáculo caótico suscitado en la sede del capitolio en Washington, donde miles de simpatizantes de Donald Trump, azuzados por los mensajes de este, irrumpieron en las instalaciones, llevándose por delante al cuerpo de seguridad de la sede de los representantes del pueblo, poniendo en riesgo la vida de los senadores que se preparaban para celebrar lo que se supone sería una rutinaria sesión en la que habría de certificarse el triunfo de Joe Biden como Presidente de EEUU. Como Trump no encontró el respaldo de su vicepresidente Pence, para alegar un fraude inexistente, con una mensajería nutrida de tuits logró soliviantar a miles de personas radicales, enardecidas por los llamados impregnados de odio del todavía Presidente, demostrando una irresponsabilidad nunca antes vista en un Presidente de la nación más democrática del planeta.



Trump saldrá del poder siendo un Presidente célebremente triste, dejando sembrado el «populo-trumpismo», que es un tumor político que costará tiempo extirparlo, porque igual que los populistas de izquierda, el legado de Trump es el resultado patético de una aventura con la que ha pretendido ir más allá de lo que la ley permite. Un caso similar, aunque en dimensión pequeña por el tamaño de nuestro país, nos ocurrió a los hondureños en el 2009, cuando el entonces presidente Manuel Zelaya quiso perpetuarse en el poder a través de un Golpe de Estado que fue contrarrestado con su captura por parte de las Fuerzas Armadas, impidiendo que la voluntad ilegal de Zelaya le pasara por encima a la institucionalidad democrática hondureña.

Lo acontecido este día en el Capitolio de EEUU debe avergonzar a la sociedad y a la nación estadounidense, porque Donald Trump que legalmente ya no es el presidente de EEUU se ha obstinado en realizar esfuerzos por confundir a los ciudadanos estadounidenses, impugnando con una palabrería llena de mentiras una elección en la que los ciudadanos ofrecieron el respaldo mayoritario al candidato demócrata Joe Biden. Incitar a sus partidarios a la sedición y al vandalismo contra el palacio del Capitolio, que es la imagen viva de la democracia de EEUU, para sembrar el caos y evitar el curso legal de la certificación de las elecciones, sólo puede ser obra de un individuo poseído de una mente diabólica.

La gran lección que debemos aprender de Donald Trump es que EEUU deja de ser un referente moral para exigir que los demás países respeten los procesos democráticos, porque en todas las democracias y donde no haya democracia el ejemplo de Trump causará el efecto de que, habiendo personas cansadas de la política tradicional y la jerga de los partidos políticos que ofrecen soluciones que no guardan relación con sus preocupaciones diarias, verán la salvación en líderes populistas como Hugo Chávez, Nicolás Maduro, y sumándose a esta nefasta lista Donald Trump, que saltándose los medios de la democracia norteamericana, algo nunca visto en EEUU, rompió con el lenguaje convencional, destrozando el decoro democrático estadounidense, electrizando a sus electores hasta llevarlos en una estampida contra el Capitolio, logrando impedir la certificación de los resultados que dan como contundente ganador al candidato demócrata Joe Biden.

Ahora bien, aunque por el momento Trump con su llamado a la sedición y el vandalismo logró impedir el acto legal por medio del caos, momentáneamente lo que ha obtenido es un éxito pírrico, porque al final las instituciones certificarán su derrota electoral, aunque con la grave consecuencia que, con esta situación, Trump deja a EEUU a las puertas de una confrontación civil, esta vez por la polarización política de los que lo apoyan y los que lo rechazan por su desastrosa gestión de la pandemia que hoy tiene arrinconado a EEUU como el país con mayor número de contagiados y fallecidos en el mundo. Y por otros desaciertos cometidos que exhiben a EEUU como la potencia desgastada por una mala conducción presidencial.

En resumidas cuentas, Trump, con una personalidad inusual en la democracia estadounidense, ha puesto en duda la eficacia de la institucionalidad de EEUU, porque ni siquiera la guardia nacional fue alertada para actuar con prontitud, lo que permitió a los sediciosos penetrar al Capitolio, hacer destrozos e impidiendo la certificación de los resultados electorales. ¿Con qué valor moral podrán ahora los políticos de EEUU querer seguir actuando como el gran faro que impone su luz al resto de los países?

Este es el desgraciado legado de Donald Trump: la democracia ejemplar en EEUU ya no existe, porque igual que en el resto de países, cuando el  capricho de un individuo se aferra al poder, no hay quien lo pueda detener. ¡Peor daño no se le podía causar a la democracia!

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 6 de enero de 2021.

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