Secuestro de centroamericanos, entre ellos varios hondureños reavive el fantasma de masacre en Tamaulipas

agosto 26, 2018

El secuestro fue denunciado por una de las víctimas, un joven hondureño de 23 años, quien logró escapar y tras caminar por varios kilómetros consiguió el apoyo de algunos ciudadanos mexicanos.

 

 



 

México 

A ocho años del secuestro de una veintena de migrantes centroamericanos en los Altos de Chiapas, San  Fernando, Tamaulipas, México, enciende las alarmas en Honduras, porque entre el grupo de plagiados se encuentran varios hondureños, según confirmó un connacional que logró escapar el pasado 21 de agosto.

La matanza de 72 migrantes sudamericanos, mayormente ecuatorianos y entre ellos 23 hondureños, en una bodega abandonada de San Fernando, Tamaulipas, ocurrió entre la noche del domingo 22 y la madrugada del lunes 23 de agosto del 2010, a manos de miembros del cartel de “Los Zetas”, que les pidieron trabajar para ellos en tráfico de drogas y al no aceptar optaron por ultimarlos a tiros, conforme con el relato de un ecuatoriano que logró narrar la masacre a autoridades.

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En horas de la mañana del 24 de agosto del 2010 y tras recorrer 22 kilómetros, un ecuatoriano sangrando y mal herido llegó hasta un retén del Ejército en la carretera 101 de Tamaulipas, en la frontera entre México y Estados Unidos.

Se arrastró hasta el primer soldado que halló y exclamó: “Soy Luis Freddy Lala Pomavilla, de 18 años, inmigrante ecuatoriano rumbo a los Estados Unidos. Hombres armados nos secuestraron. Los mataron a todos”.

Antes de desfallecer en un hospital, el ecuatoriano acompañó a los soldados hasta un rancho abandonado en el municipio de San Fernando, donde localizaron el horror: 72 migrantes tirados en el suelo y ultimados a quemarropa: 58 hombres y 14 mujeres -la mayoría centroamericanos, pero también ecuatorianos, brasileños y un indio- vestidos con gorras de béisbol y ropa desgastada, yacían formados en fila maniatados.

Los hombres y mujeres fueron obligados a bajar, les ataron las manos y al día siguiente, les dieron dos opciones: trabajar para “Los Zetas” o la muerte. Según el informe judicial, solo uno aceptó el empleo.

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