Widget Image

Cómo salvar la democracia liberal

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Algunas veces también en el liberalismo se cuecen habas. O mejor dicho, las élites se descuidan y permiten que individuos no liberales, haciéndose pasar como liberales, aprovechen la gran plataforma del Partido Liberal para llegar al poder. En realidad, esta es una de las grandes falencias que padece el liberalismo, que por ser una doctrina mundial donde existe la libertad en toda su plenitud, en que pueden sobresalir los talentos más genuinos con las ideas democráticas más admirables, hasta permitir que puedan colarse antiliberales que profesan conductas extrañas profundamente antidemocráticas, y con el malsano propósito de usar las banderas del Partido Liberal para saltar al poder.

Desde el 2008, por desgracia, el PL ha sido presa de individuos antiliberales, que con una habilidad propia del populismo, lograron burlar el ojo avizor de los líderes democráticos del liberalismo para ubicarse en los sitiales desde los cuales se puede llegar al poder. De estos líderes antiliberales, uno llegó al poder en el 2006 con la intención de convertir al PL en un partido socialista, o surtirse de la membresía liberal para formar un partido marxista socialista, que eso es LIBRE. El otro caso, el más reciente, concluyó el año pasado con un fracaso estruendoso, producto de una mala campaña, donde la estrategia escogida fue el autoengaño, en que tanto el candidato presidencial liberal Luis Zelaya como su principal estratega, se inflaron con una soberbia mentira que los indigestó. Decían que estaban a dos puntos del candidato nacionalista y que eso era un empate técnico que en la última semana sería superado, mientras Nasralla se había desfondado.

Como las demás personas que apoyaban la campaña liberal estaban al tanto de las otras encuestas que decían lo contrario, que JOH estaba a la cabeza, seguido muy de cerca por Nasralla, mientras Luis Zelaya estaba rezagado en un tercer lugar abismal, cuando cuestionaban al candidato y a su estratega por basarse en una encuesta que estaba alejada de la realidad, recibían como respuesta iracunda del candidato Luis Zelaya el reproche irracional, que todas las encuestas que anticipaban un estruendoso fracaso del candidato liberal eran estudios pagados por JOH.

En una reunión en la casa del licenciado Jorge Arturo Reina, a pocas semanas de las elecciones, donde el estratega y el propio candidato liberal juraban que todas las demás encuestas mentían y que la única encuesta creíble era la que manejaban el candidato y su estratega, el licenciado Enrique Ortez Sequeira, Quiquito Ortéz, le expresó al estratega entre broma y advertencia, que si los datos de la encuesta liberal no eran reales, que mejor hiciera sus maletas y no regresara a Honduras, como efectivamente así pasó.

El punto es que, aunque en la democracia liberal hay plenitud de libertades, hasta para que el candidato perdedor con el mayor desastre electoral en toda la historia, siga pensando que el puede retomar la candidatura en las próximas elecciones, no se puede ignorar que, con la idea de adherir o anexar el PL a la candidatura de Salvador Nasralla, el ex candidato se convierte en el peor enemigo de la democracia liberal. Esta idea política de Luis Zelaya no es nueva ni extraña, es la tesis del poder compartido, que ha sido muy practicada en varios países suramericanos y europeos, donde ya no hay partidos históricos, y en cada elección surgen nuevas agrupaciones exprofesamente para participar en un evento electoral.

Esta tesis del poder compartido como la piensan Luis Zelaya y algunos de sus fieles que lo secundan en el Central Ejecutivo, es muy arriesgada para el PL como institución política. En primer lugar porque si el TSE inscribe al partido Salvador de Honduras, los liberales para compartir el poder con Nasralla a la cabeza, tendrían que aceptar la humillante condición de conformarse con lo que Nasralla quiera darles.  Pero, si el TSE no inscribiera el partido Salvador de Honduras, algo bastante improbable, los liberales para amarrar a Salvador Nasralla, tendrían que cederle, además de la candidatura, los cargos más importantes para todo su estado mayor político.

Obvio es decir que no teniendo Salvador Nasralla la mentalidad democrática que caracteriza al liberalismo, si se diera el extremo caso de que Luis Zelaya y el Central Ejecutivo, mediante una alianza le cedieran a Nasralla la candidatura presidencial, se daría el más inédito de los casos en que por primera y quizás única vez, el PL buscaría el poder público con un candidato antiliberal.

He aquí la gran encrucijada, a la que quieren llevar al PL de Honduras. ¿Lo entenderán los diputados liberales? ¿Lo entenderán los alcaldes liberales? ¿Lo entenderá el liberalismo hondureño? Quién sabe, lo cierto es que nunca como hoy la democracia liberal ha estado tan seriamente amenazada.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 4 de octubre de 2018.