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Salvador de Honduras: ¿un nuevo yo?

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El nombre de un partido político, sea cual sea la ideología o la doctrina a la que se apegue, por lo general obedece al contenido impersonal y homogéneo del conjunto de personas que se acobijan de manera institucional para la búsqueda de objetivos políticos con el fin de llegar al poder y dirigir los destinos de una nación. El Partido Liberal, que es el instituto de derecho público más antiguo del país, nacido de las entrañas de un colectivo de hombres que se apasionaron por las ideas del liberalismo, por ser esta una corriente mundial que abandera las libertades plenas, adoptó ese nombre sin que el liberalismo sea propiamente un movimiento político o ideológico o filosófico, como en su momento lo dijeron sus padres creadores John Locke y Tocqueville.

Cuando un partido se inspira en una persona para edificar un proyecto político surge de inmediato la interrogante: ¿qué tan poderoso es el pensamiento de esa persona como para creer que será capaz de arrastrar a toda una colectividad para impregnar intensamente a toda una nación? En Argentina, Juan Domingo Perón creó un partido con sentimiento justicialista-social, al más puro estilo del populismo, que ha perdurado por los años, una vez fallecido Perón, como un partido peronista. Y en nuestro país, ha habido movimientos políticos que se forjan alrededor de la figura de caudillos partidistas como el movimiento rodista, el movimiento reinista, el movimiento nacional cariista, y otros.

Pero hasta ahora nadie había osado crear un partido alrededor de su nombre, hasta que Salvador Nasralla solicita la inscripción de su nuevo partido que lleva su nombre de pila: SALVADOR. Salvador es un nombre personal, genérico, pero no es casualidad que la nueva agrupación se llame SALVADOR DE HONDURAS, y que su fundador-inspirador sea Salvador Nasralla. No hay argumento que alegar para oponerse al nombre del partido, solo hacer algunas consideraciones de tipo moral y espiritual, porque la cuestión aquí es que se está buscando mediante el recurso sensiblero, tocar las fibras del sentimiento de las personas para vender al candidato como el salvador, o el Jesucristo que salvará a Honduras.

En el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, Salvador tiene dos acepciones o significados: 1) que salva y 2) Jesucristo. La gente que creó el nombre del nuevo partido de Nasralla acudió a la sensiblería, es decir, a explotar el sentimentalismo exagerado que existe en muchas personas que se podrían sentir sugestionadas por el nombre del nuevo partido, que ante ellos podría despertar la idea de que en efecto el líder de esa nueva agrupación es una especie de Jesucristo, con poderes para salvar a Honduras.

No es fácil fijar con precisión que se entiende por sensiblería, lo que podemos decir a nuestro público es que este vocablo se puede interpretar como el asedio sentimental a nivel personal para,cuestiones cuya solución está fuera del alcance de las simples personas, que poco podemos hacer, por lo que debemos acudir a alguien que tiene capacidades especiales a manera de ángel salvador.

Un partido como el mencionado busca empoderarse a través del poder del “yo”, yo soy, yo puedo, nadie más que yo, solamente yo, yo y nadie más, etc… El filósofo español Ortega Gasset en su obra “En torno a Galileo” habla del “yo gente”, como la exageración del sentimentalismo para presentarlo como un triunfo, al lograr imponerse a los demás por medio de la sentimentalidad. Otro filósofo, Carlos Gurméndez, decía que por lo general las personas que más abusan del sentimentalismo son las mujeres, que a través de la ternura y el desamparo, hacen del sentimentalismo un triunfo sobre los demás.

Los inspiradores del nuevo partido “Salvador de Honduras” podrán o no tener nociones de filosofía, pero lo que si conocen muy bien, es el arte de nuestros días, el de buscar sensibilizar a las personas, por medio de la sensiblería, es decir, explotarles lo más profundo del sentimentalismo, para llevarlos a esta nueva ideología donde la compasión es un arma poderosa para conquistar voluntades de personas que tienen abundantes sentimientos o sentimientos exacerbados, que los hace creer que políticamente hay una persona salvadora, con capacidades especiales para salvar a un país.

El uso del nombre político “Salvador de Honduras” no es producto de la casualidad ni obra de la ingenuidad, es una línea diferente en política, que puede proceder desde fuera del alcance hondureño, basado en configuraciones que son propias de otras culturas donde imperan el dogmatismo y el personalismo. Lo cierto es que, el nombre del nuevo partido va dirigido a destinatarios que se impactan fácilmente por el sentimentalismo, personas en las que la sensiblería es una especie de ideología.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 4 de julio de 2018.