Salud, miseria y calamidad mental

octubre 10, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La celebración del Día Mundial de la Salud Mental sirve para hacer algunas consideraciones sobre el estado de crispación en que vivimos los hondureños, por diferentes razones, algunas que son atribuibles al deterioro de nuestro sistema cognitivo por razones hereditarias, otras por trastornos que son producto de algunas enfermedades, o por razones económicas, o por factores sociales como la inseguridad, y  el desempleo. Muchas personas llegan a perder la razón de manera periódica y hay quienes terminan extraviados en la senilidad cuando la edad avanzada les interrumpe el precioso sentido del entendimiento o la razón.



Preocupa que el deterioro de la salud mental este afectando a un sector de la población juvenil y en casos gravísimos hasta niños, que optan por quitarse la vida sin más razón que la de un arrebato por desacuerdo con el trato que reciben de sus padres o mayores a cuyo cuidado han sido encargados. Muchas veces los expertos atribuyen el agravamiento de la salud mental de los jóvenes por pasar embrocados en los extravagantes y peligrosos juegos electrónicos que es uno de los males que nos deja la innovación tecnológica.

Años atrás, cuando avanzábamos en el final del siglo pasado, los suicidios juveniles e infantiles eran muy raros, lo contrario de hoy, cuando la muerte provocada por si mismo, por jóvenes y hasta niños, tiene un ritmo creciente acelerado que debe preocupar al Estado como tutor garante de la vida de los ciudadanos, especialmente de jóvenes y niños. En esta materia los profesionales expertos en la sicología y la siquiatría son los llamados a plantear las formas en que el Estado debe preparar programas de prevención y atención para bajar los índices de mortalidad por suicidio.

Hay un aparte bien especial en el campo de la salud mental entre los hondureños, que no debe escapar del análisis en un día como hoy, Día Mundial de la Salud Mental, que tiene que ver mucho más allá de la salud, y que son: la calamidad y la miseria mental, ambos males tienen mucha más incidencia negativa en la nación hondureña que el suicidio. La miseria mental es la peor de las miserias, porque las personas que la padecen, en su mayoría politiqueros avorazados, no tienen límite en sus despropósitos para hacerle daño al país. Como viven obstinados por llegar al poder, para exprimir las tetas de la res pública, son capaces de vender su conciencia al mismo demonio para lograrlo.

Hemos oído de esta clase de miserables mentales, confesiones que aterran, como el de estar dispuestos a entregar la soberanía hondureña a Venezuela, a Cuba y a los mismos Estados Unidos, con tal de que a ellos se les facilite asumir las riendas del poder, un privilegio al que todo hondureño tiene derecho a aspirar por la vía democrática, electo por el pueblo hondureño, más no por la manera advenediza de hundir a Honduras en el caos a través de la violencia, antes del período electoral. La miseria mental a quien la padece no le permite reconocer que Honduras avanza a pesar de todo, y cuando los organismos internacionales que por fortuna no padecen este grave trastorno, hacen inventario de lo que se va logrando y acumulando, podemos ver que Honduras, incluso en materia de competitividad, es el único país en la región que se mantiene en pie de avance, sin retroceder, en medio de un balance comparativo en el que Guatemala, El Salvador y Costa Rica, no digamos Nicaragua, han retrocedido varios puntos.

Esto pone de manifiesto el hecho que Honduras cabalga, a pesar de que las fieras internas que tenemos, afectadas por la miseria mental, son incapaces de reconocer que estamos en ruta, persiguiendo objetivos. Ser hondureño es considerarse una síntesis de componentes ciudadanos que nos deben permitir, sin obnubilaciones, reconocer cuando se está avanzando. La situación de todo país es graficable entre un pasado y un presente, planteadas para buscar un mejor futuro. A un miserable mental el trastorno no le permite apreciar en serio el desenvolvimiento real de los acontecimientos, porque su objetivo único es llegar al poder del país a como de lugar.

Y en el caso de la calamidad mental, caben todos aquellos desquiciados, que no lo están lo suficiente como para suicidarse ellos, pero si para echar a perder lo que hacen los demás. Los calamitosos mentales son aquellas personas que no hacen nada ni por los suyos mucho menos por los demás. Y para desgracia de Honduras, esta extirpe negativa que es la calamidad humana, abunda por todas partes. Los calamitosos mentales no son capaces de regalarle un grano de frijol al prójimo, pero si tienen chance de arruinarle la fiesta al vecino, que está celebrando un éxito personal o familiar, son capaces hasta de incendiarle la casa con tal de interrumpir la felicidad ajena.

Así que, entre las penas que causa el trastorno de salud mental en muchos hondureños, y los daños que provocan la miseria y la calamidad mental, los suicidios son algo lamentable, pero es peor el daño que le producen a nuestra nación los miserables y los calamitosos mentales, porque estos son capaces de llevar a Honduras a la destrucción.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 10 de octubre de 2019.