Resultados increíblemente similares

diciembre 14, 2017

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En el correr de la vida siempre escuchamos el decir popular que ha calado por todos lados, y es que el mundo hay siete caras iguales. Así que, de repente yendo por otro país alguien nos pregunta si somos tal persona y nos impresiona cuando nos dice, que tenemos un parecido como si fuéramos esa persona. Y viceversa, hemos pasado momentos embarazosos, cuando estando en otra ciudad confundimos a alguien pensando que una persona que conocemos, pero al acercarnos nos damos cuenta del error de apreciación.



Pero en el mundo de lo increíble pasan eventos y situaciones extrañamente similares, que se dan en el mismo ámbito, con iguales o casi parecidos resultados, que uno llega a la conclusión que vivimos en un mundo metafísico, bastante oscuro y difícil de comprender, donde lo que parece imposible de pronto se vuelve lo más posible. Sin embargo, en materia política, aunque algunas situaciones son arrastradas por el capricho de los necios, son increíblemente parecidas con otras que se dan de manera indistinta, pero que sin estar sujetas a un formato preconcebido, se repiten de manera increíble.

En los últimos tiempos las contiendas políticas se orientan por las encuestas que la realizan expertos que supuestamente son conocedores de la geografía humana, sin embargo, está demostrado que una encuesta no anuncia ningún resultado exacto, incluso puede conducir a lo contrario de lo que realmente ocurrirá. Dicen esos expertos que una encuesta es la fotografía fija de la situación en un momento dado, pero como las situaciones cambian igual que el estado del tiempo, atreverse a decir que una encuesta puede predecir lo que pasará dentro de un mes, una semana, o un día, es arriesgarse a caer en el error.

Tampoco esto quiere decir que las encuestas no sirven para nada, porque lo cierto es que arrojan indicios de lo que puede pasar y nada más. Porque lo cierto es que, así como van evolucionando los tiempos, también cambia el comportamiento humano de los electores y entre estos han surgido grupos de votantes que no forman parte del electorado tradicional sino más bien de un conglomerado muy especial que nunca revela su preferencia política, y que, cuando vota, lo hace más por una causa que por un candidato o un partido político. Este sector, dada su naturaleza y los intereses que defiende, es el más oculto entre el voto oculto, al que ninguna encuesta puede llegar para desentrañar su opinión.

Pero si esto fuera poco extraordinario, lo que ocurrió en el Estado de Alabama, EEUU, resulta ser un verdadero extraño que ni siquiera una máquina podría repetir para que se dieran dos situaciones similares a miles de kilómetros de distancia. El 26 de noviembre en las elecciones de nuestro país, miles de personas se fueron a dormir con la sensación que al haberse escrutado un 57 por ciento de las urnas, el candidato de LIBRE, Salvador Nasralla ganaría las elecciones. Pero al escrutarse el 43 % restante de las urnas, donde restaban por contabilizar cerca de 2 millones 300 mil votos, el candidato nacionalista JOH, que en un principio lideraba las tendencias, pero que a medida que creció el escrutinio, al llegar al 57 por ciento era superado por Salvador Nasralla por un 5%, al finalizar el escrutinio terminó ganando por una mínima diferencia de un 1.5%.

En la historia política actual estos eventos se pueden repetir debido a que las diferencias entre los contendores cada vez se acortan, y como para muestra un botón, a pocos kilómetros de nuestra capital, en El Salvador, hace dos años el actual presidente Salvador Sánchez Cerén venció al candidato adversario Norman Quijano por apenas 6634 votos.

El pasado martes se dio el resultado más similar al de nuestras elecciones del 26 de noviembre. Disputaban un cargo al Senado de EEUU por el Estado de Alabama, el republicano Roy Moore y el demócrata Doug Jones. El escrutinio se extendió hasta la madrugada del día siguiente, por lo que la gente de aquel Estado se fue a acostar con la sensación que el republicano Roy Moore había ganado por un escaso margen de delantera al contabilizarse el 57 por ciento de las urnas. Resulta que al escrutar las restantes, el demócrata Doug Jones le dio vuelta a la tortilla y terminó ganando por una ínfima diferencia de un 1.5%. Algo increíblemente similar a lo que sucedió en Honduras.

Esto suscita una pregunta interesante: ¿es posible pensar que una tendencia marca el resultado final de una elección? En Honduras cuando apenas habíamos contabilizado 125 urnas, la tendencia favorecía a JOH en primer lugar, daba a Nasralla el segundo y a Luis Zelaya el tercero. A media noche el resultado favorecía a Nasralla por 5 puntos de ventaja, pero al contabilizar el 43 % restante de las urnas, el resultado volvió a la tendencia inicial, nada más que con una mínima diferencia de 1.5%

El enfoque final parece ser sencillo, y es que en una elección reñida, el resultado puede ir variando en la medida que transcurre el escrutinio, aunque al final termine imponiéndose la tendencia inicial. O sea que en política los algoritmos permiten hacer el cálculo en base a una tendencia, pero si la elección es más apretada que reñida, se pueden tener percepciones equivocadas si alguien se declara vencedor o por el contrario, se da por vencido antes de finalizado el total de los votos. Porque los resultados pueden ser demasiado sorprendentes, como pasó en Alabama, donde la gente se fue a dormir dando por ganador al aspirante Roy Moore, despertando con la sorpresa que quien había ganador era su adversario Doug Jones.

Estos símiles en la política aconsejan atenerse a la antigua moraleja: que en todo evento político no se puede guisar la liebre antes de cogerla. Entonces, en una elección el ganador solo resulta hasta que se cuenta el último voto, jamás antes.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 14 de diciembre de 2017

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