Restrepo y la pérdida de la soberanía

febrero 15, 2021

Juan Ramón Martínez

En un cuento de Isaac Asimov, las elecciones en Estados Unidos son determinadas por un solo votante, escogido por una supercomputadora. La información se mantiene en secreto. La supercomputadora se comunica con el único elector –que no sabe que ha sido escogido segundos antes– y le pregunta, por cuál de los candidatos vota. Inmediatamente, escoge uno. La máquina les comunica a todos los medios de comunicación. Así, elige al inquilino de la Casa Blanca. Sin problemas, dudas o fraudes. El elector apenas tiene tiempo para asombrarse. Lo entrevistan los periodistas. Y horas después, nadie vuelve a recordar su nombre, siquiera.



Dan Restrepo, ex asesor de Obama, un poco más elemental, ha dicho que ninguno de los actuales precandidatos hondureños sería recibido en el Salón Oval de la Casa Blanca, si él fuera asesor del presidente Biden. Sus declaraciones han sido tomadas de acuerdo a los intereses de cada grupo en campaña. Repitiendo aquello que “el infierno son los otros”. Imaginando que se refiere a los candidatos adversarios; pero no al suyo. Sin embargo, fuera de la actitud irrespetuosa de Restrepo con Honduras –nación a la que nadie parece merecerle consideración, actualmente– la verdad es que, nos está diciendo que cualquiera que sea el candidato escogido por los electores, él recomendaría que no sea recibido en el Salón Oval por el Presidente de los Estados Unidos. Es decir que, es una pérdida de tiempo elegir. Siempre perderemos; cualquiera sea el que escojamos. Porque hemos perdido el derecho a elegir. No porque hayamos confiado la tarea a una super computadora, sino porque carecemos de legitimidad para hacerlo. Si hay alguien a quien debemos recordar es a Restrepo porque, al margen de sus intenciones, nos ha dicho –de frente y ante nuestra cara, apoyado por el principal canal de televisión– que no tenemos legitimidad para gobernarnos; que no somos soberanos y que, en consecuencia, no llegamos a colonia siquiera, sino que somos un simple territorio, sin dueño, sin autoridad e imagen internacional. Si fuéramos una colonia, la metrópoli nombraría al gobernador o al capitán general. Y si nos convirtiéramos en un estado de USA –derecho que no nos permite Restrepo, siquiera– elegiríamos un gobernador que, si sería recibido por Biden en la Casa Blanca. Pero como un territorio, como nos considera Restrepo, carecemos de derecho al voto, no podemos elegir solo a algunos alcaldes y después de minuciosos exámenes de las personas escogidas, desde Washington. Por expertos asesores como Restrepo.

Claro, Restrepo no es ninguna autoridad. Haber sido asesor de Obama sólo le da prestigio noticioso en un país que acepta que lo insulten. Y que, agradece al que le ensucia la cara. Por lo que sus palabras, no tienen ninguna importancia. Son similares a las mías, en el caso que se me ocurriera que, no recibiría en casa al Presidente de los Estados Unidos. O que anticipe que, si llegara Restrepo a mi oficina, no le abriría la puerta siquiera. Es decir, simples declaraciones. Inútiles tonterías que solo los necios podrían darle alguna importancia.

En mi caso, me ocupo de sus declaraciones por el impacto que han producido. Por la sorpresa que experimento cuando veo como algunos compatriotas se alegran cuando nos ofenden y eliminan, de un solo plumazo, lo más sagrado que tenemos como colectividad: la soberanía nacional. Si no fuera por eso, no escribiría el nombre de Restrepo. Porque, aunque saben a amenaza, carece de autoridad para amedrentarnos. Además, porque si hacemos una revisión de los últimos 12 años, Estados Unidos no ha recibido, en el Salón Oval, a ningún gobernante. Bush fue el último que recibió a Zelaya Rosales en el Salón Oval. A Lobo Sosa y JOH, — los dos nacionalistas –nunca los recibió Obama y, mucho menos, Trump. Si interpretamos a Restrepo, lo que nos dice es que, no importa a quien elijamos, incluida la Virgen de Suyapa o al cardenal Rodríguez, no sería recibida en el Salón Oval. No se trata de candidatos, sino de la descalificación del pueblo hondureño que ha perdido la soberanía nacional. Sin que siquiera una supercomputadora como la imaginada por Asimov, nos diera el gobernante ideal, según los parámetros de Restrepo, para que el elegido fuera recibido con el mínimo respeto, ni siquiera a escondidas, en altas horas de la noche, en el Salón Oval de la Casa Blanca. Estamos mal vistos por los Estados Unidos, si le creemos a Restrepo. Por lo que debemos imaginar una nueva política exterior en que, en vez de buscar en Washington a “la madre del cordero”, lo hagamos en Moscú, como recomendaba Nicho Ramos Bejarano; o en Pekín, como fuera el sueño, de Arturo Corrales.

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