Reformas que son razón de Estado

julio 18, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La presión generalizada que las fuerzas políticas serías y otras que no lo son, llevan años ejerciendo sobre el Congreso Nacional para que se proceda a reformar la Constitución para dar paso a nuevas instituciones que garanticen la transparencia de los próximos eventos electorales, entendemos que se basa en el predominio de la razón de Estado, antes que la razón que les asiste a los partidos políticos, porque estos pueden durar un tiempo, más Honduras, como Estado, tiene vigencia indefinida. El principio de garantizar elecciones creíbles, es un argumento inobjetable, porque para tener un país estable, con un clima político y social que permita la gobernabilidad y la inversión, se requiere tener procesos electorales transparentes que garanticen la inviolabilidad del ejercicio del sufragio.



El elector hondureño reclama que cuando ejerce el derecho al voto, este sea computado mediante un sistema electoral creíble, que no menoscabe ni a las mayorías ni a las minorías, que el voto depositado contribuya a dar un resultado que exprese la voluntad popular. Sin embargo, esta ruta de la presión para aprobar la reforma constitucional que nos lleve al objetivo de las reformas electorales, tiene un punto débil, y es que para el Partido LIBRE no resulta suficiente que un organismo internacional como la OEA ponga un equipo de expertos a elaborar un pliego de recomendaciones para alcanzar las reformas electorales que propicien un sistema vigoroso y creíble.

Hubo un tiempo en que los dirigentes de este partido de izquierda, de esencia antidemocrática, tomaron la exigencia de las reformas electorales como una especie letanía, pero cuando un organismo como la OEA, que en términos políticos tiene sobrada autoridad moral, propone las reformas que corresponden a la realidad de nuestro país, los diputados de LIBRE, para mal, usando un mecanismo absurdo que mal llaman insurrección legislativa, se han dado a la infausta tarea de sabotear las sesiones del Congreso para evitar que el pleno de la cámara conozca las reformas propuestas por la OEA, porque LIBRE quiere hacer las cosas al revés, al estilo de los socialistas, elegir primero a los miembros integrantes del CNE y TJE, aunque no esté aprobada la reforma que dará vida a los dos organismos.

En esas condiciones de LIBRE lo que abunda es la arbitrariedad, porque el primer paso a aprobar es la reforma constitucional. La OEA propuso, con el respeto que da el tino de sugerir lo que conviene a un país miembro, lo que procede mediante la reforma. La OEA se cuidó de no proponer cambios como la aprobación de la reelección ni el establecimiento de una segunda vuelta electoral, porque de antemano se sabe que ambas situaciones son muy delicadas y por tanto compete dilucidarlas al pueblo hondureño mediante un plebiscito o un referéndum.

En primer lugar, para que en Honduras se establezca la segunda vuelta electoral, debe ser el pueblo hondureño el que se pronuncie, favorable o desfavorablemente, mediante una consulta, porque los expertos saben que los gobiernos resultantes de una segunda vuelta, son demasiado complejos y no como sostienen ciertos sectores. En casi todos los gobiernos electos en una segunda ronda, surgen las desavenencias más difíciles de solucionar. Un gobierno electo de esta manera tiene menos posibilidades de gobernar en tranquilidad, porque todos los sectores minoritarios que se adhieren al candidato ganador, resultan ser unos reclamantes complicados y exigentes, a los que es difícil complacer con la repartición de la torta del poder.

España es un buen ejemplo en estos momentos, donde después de varios meses de celebradas las elecciones, el Presidente Sánchez no puede formar el gobierno porque Podemos, que es un partido pequeño formado por radicales,exige tener igual cuota de poder que el PSOE que fue el que obtuvo mayor cantidad de votos. En todos los gobiernos electos en segunda ronda, no hay manera de librarse de un canibalismo feroz, que no deja gobernar con tranquilidad al que puso la mayor cuota de respaldo.

Ya se imagina usted como sería un gobierno producto de una segunda vuelta, donde el partido Salvador de Honduras, LIBRE y Partido Liberal decidieran unirse para echarle la vaca al PN. Aquel gobierno sería una cosa de locos, disputándose el poder entre Salvador Nasralla, Luis Zelaya y Mel Zelaya. Sería un gobierno inviable, un verdadero manicomio, serían cuatro años de ingobernabilidad y desgobernabilidad a la vez.

Eso de sostener que un partido que no saca el respaldo mayoritario de la población no es un gobierno que representa al pueblo es la falsedad más ingenua de los farsantes y demagogos. En EEUU un presidente no es electo por la mayoría de los estadounidenses, para comenzar la abstención en EEUU es mucho mayor que la gente que vota para elegir autoridades. El padrón electoral hondureño se forma con los ciudadanos aptos para votar, pero en las elecciones casi siempre la abstención supera a los electores.

A nuestro juicio es preferible tener un gobierno que resulte electo de una mayoría simple, a tener un gobierno loco integrado por desjuiciados por el poder, que se llevarían los cuatro años disputándose el derecho a mandar más que los demás. Eso sería más un manicomio que un gobierno.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 18 de julio de 2019.

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