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Redes destructivas de la verdad

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El debate interesante sobre la nueva ley que busca regular los contenidos lacerantes de que se han llenado las redes sociales en nuestro país, igual que en muchos países del mundo, sugiere que hay que aprobarla cuanto antes, so pena que el incontrolable volumen de obscenidades y agresiones lanzadas por el conducto del internet, terminen fracturando más de lo que ya está la nación hondureña. El asunto es como hacer que la ley sea funcional, porque si lo que se pretende es impedir que los soeces y los obscenos se conviertan en mansas palomas, la misión será imposible, pura fantasía.

La ley tiene que dirigirse a las compañías que proveen las plataformas digitales que han sido convertidas por las mentes putrefactas en verdaderos albañales cibernéticos, por donde se insulta y se agrede de forma inmisericorde a las personas en diferentes campos, por el solo hecho de pensar en forma distinta. En lo personal creemos que regular el uso del lenguaje en las redes sociales es una necesidad apremiante, y que no es improbable, porque no limita la libertad de expresión, porque si bien la humanidad ya hace muchas cosas a través de las redes sociales que hasta hace poco nos hubieran parecido increíbles, para el caso hablar a larga distancia viendo la cara a nuestro interlocutor, o hacer compras en otro país para que nos envíen el artículo hasta nuestro lugar, o leer un libro por internet, es una demostración palpable que el internet ha cambiado la vida de las personas, al grado que ha terminado por crear un nuevo tipo de relación, al haber sustituido el contacto directo entre las personas.

Pero hay una gran parte negativa a que nos arrastran las redes sociales, y es que son la causa para que las personas, en este caso los hondureños, estemos cada vez más divididos, en todo sentido. Porque las personas hemos terminado por aislarnos al dedicarnos al aparatito sea tablet o teléfono, a toda hora, en la sala, en el comedor, en el dormitorio y hasta cuando vamos al campo. Las redes nos tienen atrapados y cuando nos encontramos con el familiar, con el amigo o con cualquier prójimo ya no le observamos la expresión de la cara, el tono de voz, o el estado de ánimo con que se expresa. Porque estamos con nuestra vista pegada al teléfono o a la tablet. Las redes y el internet separaron a las personas, dando paso a la nueva cultura de la “la convivencia distanciada”.

Nunca los seres humanos habíamos estado tan cerca pero a la vez tan distanciados, gracias al internet y a la red. La paradoja no radica en que la revolución digital restringe la relación y el contacto entre las personas, sino en lo contrario, llega a multiplicarla y a extenderla pero en un tipo de contacto donde las personas no somos nosotros, sino los anónimos, porque la amplitud de las redes sociales permite que una sola persona actúe como si fuera cien personas, cuando permite la creación de perfiles falsos, con el propósito malsano de agredir verbalmente, insultar, calumniar, difamar, sin tener que sacar la cara para hablar de frente. Es decir, las redes sociales se han convertido en el búnker de los cobardes, que tiran más que piedras, porque escondidos en el anonimato nadie les puede deducir responsabilidades, hasta ahora.

Y se valen del escondite del anonimato miserable para desprestigiar a personas e instituciones responsables, con una trayectoria apegada al cumplimiento de las leyes, mientras los autores de la infamia permanecen muertos de la risa en su intimidad, siendo algunos, ahora personajes públicos en la política, con apariencia de individuos transparentes, militantes de la anticorrupción, porque el refugio perfecto que han encontrado en las redes sociales  les permite delinquir sin el temor de ser alcanzados por la ley.

Por eso, nos parece conveniente que exista una regulación, especialmente en las empresas propietarias de las plataformas de redes sociales, que al final son las responsables por permitir que sus conductos sean verdaderas cañerías de maledicencia, en las que, lo que más aflora son los sentimientos viles de los que han buscado en el reino de la maldad su mejor hábitat.

Estas empresas no solo no deben permitir los mensajes infames que denigran y vituperan, sino que deben prohibir a las personas que manejan su perfil, tener otros que registran con falsa identidad con el propósito es destruir la imagen de los adversarios y de otras personas. Los que opinan que las redes sociales garantizan la libertad de expresión, tienen una mala apreciación del fin de las mismas, pero en nuestro caso y como nosotros hay muchos, que no solo luchamos por la democracia por ser el sistema que garantiza la libre expresión, sino por evitar que a la nación hondureña la sigan fracturando con estos modernos aparatos de tergiversación que destruyen la verdad.

Alemania ha comenzado este proceso de regular las redes sociales, acogidos los alemanes al sermón del Papa Francisco, que la semana pasada decía: “el drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos”. “Las noticias falsas”, dijo Francisco, “revelan la presencia de actitudes intolerantes, con el único resultado  de extender el peligro del odio”.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 6 de febrero de 2018.