Recuperación y entorno internacional

agosto 10, 2020

Honduras

Para bien o para mal, el destino de Honduras está muy subordinado, más allá de lo razonable, a lo que ocurra en los Estados Unidos. No solo porque la principal inversión extranjera proviene de allá, sino que, la válvula de escape de nuestros excedentes poblacionales, viajan – legal o ilegalmente – a Estados Unidos, buscando trabajo, tras el llamado sueño americano. Actualmente se calcula que un millón de hondureños, residen en la nación del norte. Es decir el 10 % de la población. Aunque no hay estudios muy puntuales sobre el asunto, estimamos que la mayoría reside ilegalmente; que tiene en promedio una edad menor a 50 años, y que se ocupa especialmente en actividades de construcción, servicios de limpieza, restaurantes, jardinería, reparaciones y otras tareas de muy baja especialización.



Esta circunstancia indica que, lo que ocurra allá, afectará seriamente la recuperación de la economía nacional. Tanto en lo referido a la inversión, como en el envío de las remesas que constituyen la columna vertebral de la economía. Afortunadamente, aunque las remesas tengan originalmente una caída – por lo demás, natural en vista la crisis que está pasando actualmente la economía de los Estados Unidos—éstas, a mediados del próximo año, crecerán y por lo menos volverán a tener el mismo nivel que a finales de febrero del 2020. Lo que no es muy halagüeño, es el tema de las inversiones estadounidenses, en un clima de recesión, con una elevada tasa de desempleo y en un posible de cambio de gobierno que privilegiará más la inversión local que la externa. De todas maneras, Honduras tiene algunas ventajas que todavía no ha terminado de aprovechar. La primera de ellas es la cercanía de los mercados de consumo de los Estados Unidos, la producción frutícola y el café, así como el hecho que tiene una mano de obra joven, hábil y diligente que, en el plano de la producción maquilera, puede competir con la mano de obra mexicana y centroamericana.

Por supuesto, nosotros estamos actualmente, psicológicamente muy afectados. No solo por la paralización de la economía que debilitará mucho el músculo empresarial y la voluntad de la mano de obra para volver al trabajo, sino que por el sentimiento de indolencia y dependencia que la acción del gobierno ha provocado entre la población. Necesitamos un discurso esperanzador, unas metas que vuelvan a ilusionar a los hondureños. Y un sentido de sacrificio que haga que lo que hemos sufrido hasta ahora, nos capacite para enfrentar cualquiera otra dificultad que se presente en el futuro. En este espacio cultural, hace falta un nuevo relato en donde el hondureño vuelve a recobrar la fe y la esperanza, seguro que el futuro – con todos los riesgos e imprevisibilidades que lo acompañan – será mejor. Y que, de nuevo, nos encontraremos de frente con las dificultades, estando más fuertes y experimentados para enfrentarlas.

Es necesario que todos sepamos que una crisis nueva, como la que hemos pasado, que no conocíamos ni teníamos conocimientos suficientes para enfrentarla, nos ha dado más capacidades que las que teníamos antes de marzo de este año. Sabemos más de las dificultades, aprendimos a responder rápida y en forma oportuna, descubriendo nuestras debilidades y falencias que, con paciencia y disciplina, tenemos que superar. Para ello, una nueva cosmovisión del hondureño, en donde se imagina dentro de la tormenta, enfrentando las olas embravecidas del mar, dispuesto a no rendirse jamás y menos a perder la fe, porque está seguro que llegará a puerto, son condiciones básicas para que la recuperación económica, política y cultural, nos permita mejorar las cosas negativas, perfeccionar las positivas y aprovechar las oportunidades.

Nosotros, vemos con confianza el futuro. Especialmente si los hondureños entendemos que estando solos – porque todo el mundo tiene similares o mayores dificultades que las nuestras — tenemos que confiar más en nosotros mismos; que en la ayuda que los otros no nos podrán dar. Porque la están usando, para resolver sus propios problemas y dificultades.

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