«Reconstruir a Estados Unidos», lema de Biden

agosto 17, 2020

Por Juan Ramón Martínez

Al leerlo, me pareció increíble. Creí que era un error. O que se trataba de otro país. Pero no. Es el lema de la campaña de los demócratas, encabezados por Joe Biden y Kamala Harris, para derrotar a Donald Trump que, lógicamente, es el autor de los daños sufridos por la primera potencia militar y económica del mundo, a manos del gobierno republicano. No cabe duda que Trump es un presidente inédito en los Estados Unidos que transgredió las reglas de la política, puso en entredicho el liderazgo de su país en el mundo y dividió, como nunca antes, al pueblo estadounidense enfrentando a unos grupos raciales en contra de otros. Para al final, descuidar la respuesta de la pandemia y desarrollar los mecanismos de contención sanitarios y económicos adecuados. La tarea de reparar los daños hechos por Trump no será tarea fácil. Especialmente por dos razones: la primera, las dimensiones del daño inferido, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos que, no solo ha perdido peso en el mundo económico, sino que ha menguado su liderazgo mundial al frente de occidente. La segunda es que, el Partido Demócrata también tiene sus problemas para contar con la idoneidad que le permita tener éxito en tan descomunal tarea. Está dividido en dos corrientes: una de centro (encabezada por Biden) y otra por Sanders que propugna por una política inclinada hacia la socialdemocracia, con un gobierno más interventor en el mercado, y con un sistema social que se aproxime mucho al estado del bienestar. Aunque el capitalismo estadounidense – que no reconocería Karl Marx si llegara de visita a los muelles de Nueva York – tiene una enorme capacidad de reinventarse, no sabemos hasta donde sus estructuras tradicionales están dispuestas a cambiar. Porque, además, el acto de reconstruir a los Estados Unidos, no solo incluye lo que hizo deliberadamente mal Donald Trump, sino lo que sus excesos pusieron en evidencia como fallas sistémicas del capitalismo más referencial del mundo.



Aunque los latinos, mayoritariamente nos inclinamos hacia los demócratas, estos no han sido los más compasivos y colaborativos durante durante sus gobiernos. Por supuesto, nuestra generación creció bajo los efectos reformistas de la “Alianza para el Progreso y el idealismo del Cuerpo de Paz”. Para Kennedy, América Latina era una de las dos joyas de su política exterior. La defensa de Berlín no le impidió defender América Latina que los politólogos estadounidenses que lo rodeaban creían que caería en los encantos del camino revolucionario de Castro. Pero una revisión histórica demuestra que los actos más violentos, el apoyo a criminales dictaduras – Trujillo, Pérez Jiménez, Somoza, H. Martínez, Ubico y Carías – han sido imaginados y apoyados por los demócratas. Y las invasiones a los países del caribe, han sido mayoritariamente efectuadas bajo el liderazgo de los estadounidenses.

Por ejemplo, el presidente Obama durante sus primeros cuatro años, expulsó más latinoamericanos – mayoritariamente centroamericanos y venezolanos – que Trump; y que su proyecto de desarrollo del triángulo norte no ha pasado de las promesas. Y que, incluso en términos diplomáticos, nunca recibió a un presidente hondureño en el Salón Oval. El último gobernante hondureño recibido con los honores del caso ha sido Manuel Zelaya Rosales que, por lo menos del diente al labio, es el gobernante más anti estadounidense que hemos tenido. Bush lo atendió gentilmente, aunque no le quiso chinear la nieta.

Por lo que, creemos que Biden y Harris, tienen una tarea gigantesca por delante. Nosotros los latinoamericanos tenemos que entender que, ese cambio no solo debe ser respaldado por los políticos estadounidenses. Tenemos que desarrollar un discurso; una propuesta de cooperación política y de defensa del hemisferio, en la que los objetivos de América Latina y los de Estados Unidos coinciden en alguna forma. Seguir jugando a colonia amenazada, como Caperucita Roja frente a un lobo feroz inexistente, que alarme a los teóricos estadounidenses, es un error. Necesitamos una propuesta de desarrollo global conjunto en que, de repente, la columna vertebral sea el tema de la emigración ilegal. Seguir convertidos en terceros países que nos vendemos por un mendrugo y hacemos el papel de verdugos de nuestros pueblos desesperados por la pobreza, no es el camino adecuado. Con ello, no le ayudaremos a Biden – que conoce la problemática nuestra – a desarrollar una propuesta valorativa que considere la reconstrucción nuestra, afectada por una administración que se saltó, igual que la de Trump, todas las reglas y las conveniencias, creado un modelo concentrador llamado a explotar, no será cosa fácil. No debemos esperar que Biden y Harris, piensen por nosotros. Debemos, cu

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