Racismo, fascismo y aporofobia

julio 24, 2019

Honduras

En la pelea que libra el presidente Trump con sus adversarios y en la que, el eje de su campaña lo constituye la unidad racial como base de los Estados Unidos que, de consiguiente en su defensa es necesario, negar el derecho a los otros a residir en su territorio. De allí su invitación para que se vayan a otro lado. Y solo dejen a los blancos en su territorio, continental e insular. Como en todos los pleitos nacionalistas, en donde las emociones se imponen sobre la razón, en este asunto se pasan por altos las verdades de las cosas. Desde los enemigos de Trump, es falso que el racismo haya sido inventado por los nacional socialistas encabezados por Hitler. El racismo blanco, tiene mucha andadura. Mucho antes que Hitler lo usara con éxito, la supuesta supremacía blanca fue tema de estudio de biólogos y científicos europeos, franceses y alemanes especialmente. Hitler y sus hombres, lo que hicieron fue dar un paso adelante. Afirmaron que entre los blancos, los arios son los superiores. En el caso que nos ocupa, Trump está en la fase nacionalista y lo racial, es tangencial; pero en el futuro, posiblemente, se consolidará y dominará el discurso racista que recordará, inevitablemente, que los primeros excluidos en Estados Unidos, una vez que se legitimó el proceso de exterminio de los pueblos originales sobre cuyo territorio, se fundara los gran potencia americana, fueron los católicos alemanes. Los negros eran entonces la fuerza de trabajo de los blancos cultivadores de algodón, necesarios para sostener la economía sureña que, además, habían sido traídos en contra de su voluntad de los países africanos, para el desempeño de las tareas agrícolas dentro de un régimen de esclavitud. Por ello es fácil entender que, en el fondo, como en todos los racismos, el problema del rechazo al otro, no es por el color de la piel, por la lengua diferente o por la religión específica y extraña, sino por la capacidad económica. De forma que si los negros y los latinos o hispanos inmigrantes fuesen los ricos del mundo, los blancos racistas de los Estados Unidos– incluido Trump — les abrirían las puertas y les rendirían los honores del caso.



El rechazo a los inmigrantes católicos alemanes por parte de algunos políticos y pensadores de los Estados Unidos, se basaba – es cierto que con consideraciones religiosas – en un rechazo económico, en vista que los católicos europeos en general y los alemanes en el caso particular que nos ocupa, eran los más pobres entre los inmigrantes. Pura aporofobia. Odio a los pobres. Los irlandeses son otro ejemplo de maltrato y rechazo, que fue evidente en Nueva York. Y que les llevo a plantearse el futuro, como una lucha en la que el objetivo era la búsqueda de la riqueza, la elevación de los estudios y el poder. Joseph Kennedy es un ejemplo de lo dicho. Levanto una fortuna, no siempre respetando la ley, para conseguir poder que le permitiera entrar al cuerpo diplomático y poner un hijo suyo en la Casa Blanca. Cosa que logró con su hijo John F. Kennedy, el primero y único presidente católico de los Estados Unidos.

El camino está muy claro. Las cuatro mujeres no blancas, –incluida una latina–, han dado el primer paso. Están en la Cámara de Representantes, es decir en el tercer espacio de poder de los Estados Unidos. Los latinos, que parecen los menos enterados del asunto, tienen que inscribirse en el censo, votar y apoyar candidatos que defiendan sus intereses. Así, con políticos amigos suyos, de la misma raza –afición clasificadora sobre la que se ha edificado la cultura de Estados Unidos – podrán defender sus derechos legalmente. Pero, como la base es el poder económico, deben estudiar y convertirse en empresarios, para formar parte de las élites del poder. Trump, lo único que tiene es dinero, fuerza y osadía. Llego tarde a la repartición del talentudo. Pero con los recursos económicos que dice tener, ha podido llegar a la Presidencia de los Estados Unidos. Y si Obama, siendo mestizo para nosotros; pero negro para los estándares clasificatorios estadounidenses, un latino o un musulmán, lo pueden lograr. Pero como hemos dicho, el rechazo es por la cantidad de dinero en el bolsillo, por lo que los inmigrantes, tienen que forjar fortunas y desde allí, empujar como Joseph Kennedy a sus hijos al poder. Ese es el camino. Los gritos y amenazas de Trump, forman parte de una farsa pasajera, a la cual no hay que prestarle mucha atención. Él pasará al olvido, para navegar en el océano de la vergüenza histórica.