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¿Quién limpiará el honor?

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En los tiempos de ansiedad para que se haga justicia, están ocurriendo situaciones que, pueden poner en precario el trabajo de las investigaciones de los fiscales del Ministerio Público y la actuación de los tribunales donde se ventilan diversos casos señalados por corrupción, abuso de poder y otras faltas y delitos. El que una persona sea confinada en cualquier tipo de cárcel por un tiempo, mientras los tribunales comprueban si las pruebas aportadas son lo suficientemente consistentes para condenarlo o absolverlo, expone al individuo al ojo de la vindicta pública cuyo castigo a veces es más lacerante que la condena misma.

Testimonios son los ex funcionarios municipales supuestamente culposos, como los ex alcaldes Oscar Kilgore de San Pedro Sula, y Neptalí Romero de Talanga, que resultaron absueltos por los tribunales, producto de lo que pudiera ser una miopía culposa de los fiscales que, o se apresuraron para inculpar a los ex alcaldes mencionados, o fallaron al momento de investigar los indicios que los señalaban como autores de delitos. Los fiscales tienen la obligación de acumular las pruebas suficientes y los testimonios necesarios que incriminen a un funcionario en una acción delictiva, un trabajo que gasta tiempo, antes de proceder a señalarlo como indiciado, no digamos llegar al momento para proceder a detenerlo y arrestarlo, que este es un punto medular porque las capturas como se realizan en Honduras por parte de los cuerpos policiales van acompañados de una parafernalia mediática que deja aplastado al detenido desde el momento en que se arma el alboroto para ponerle las esposas en su propia casa o donde se encuentre.

Una vez absueltos los ex funcionarios recuperan su libertad, pero no recuperan los más preciado que es el honor perdido, el lucro cesante personal que queda hecho añicos por el resto de su vida, porque además del señalamiento de la vox pópuli, lo más relevante que es la confianza personal, es algo difícil de recuperar después de que todo el mundo los ha visto esposados, resumidos en prisión donde han estado mezclados con individuos de toda laya que han cometido todo tipo de delitos y crímenes.

Sucede que estas personas que en un momento de su vida, al incursionar en política ganaron por elección el derecho a ocupar cargos públicos relevantes, ven interrumpida su vida pública al ser señalados como culpables de abuso de poder, malversación de caudales públicos o mal manejo de dineros públicos o mezclados con agrupaciones criminales. Fueron detenidos y expuestos de una manera descarnada como cualquier criminal, y mientras han estado en prisión han sido objeto del escarnio popular cuando se les presenta en fotos en los periódicos y en la televisión en diversas situaciones, al ser arrestados y durante transcurren los juicios.

¿Quién limpiará el honor de todos estos ex funcionarios señalados por los fiscales? Toda su fama o su prestigio queda por los suelos, pasan de ser personajes populares en sus pueblos para ingresar en el cementerio de los “muertos en vida” que es la triste situación en que quedan las personas absueltas después de permanecer por uno o varios años en la cárcel, mientras transcurría el juicio donde se les absuelve.

Este es un punto gravoso en todo sentido, que puede ocurrir por esas ansias de justicia mal orientadas, en que muchas personas quisieran que el solo señalamiento fuera suficiente para que los fiscales acusen y los jueces se apresuren a mandar a prisión a los señalados. Los fiscales tienen que acusar con pruebas consistentes, y no por el simple clamor de la calle o por presiones de sectores que coadyuvan con los operadores de justicia, porque se puede incurrir en tantas injusticias que  al final pueden degradar la confianza que toda una nación le debe a sus aparatos justicia.

La aportación de las pruebas de parte de los fiscales lleva tiempo, mucho tiempo, y además el sumo cuidado para no incurrir en el pecado grave de la ligereza de señalar a personas como culpables por aparentes delitos cometidos. Hoy hemos puesto el caso de dos ex alcaldes cuyo honor fue devastado por el tiempo que estuvieron en prisión. El daño contra ellos está hecho, no recuperarán ni el prestigio ni el tiempo que estuvieron encarcelados.

Otro caso más complejo es la devolución de los bienes a la familia Matta, muy complicado porque el Estado ya dispuso de ellos, aunque con la resolución de un tribunal favorable a la familia Matta, el gobierno debe devolver los bienes a esa familia. La pregunta en este último caso es: si los Matta han sido inculpados en EEUU, ¿por qué la OABI no actuó solamente incautando los bienes, sin disponer de ellos?

En ambos casos, ahora es a los operadores de justicia a quienes corresponde limpiar su honra, porque no está lejos el día que los ofendidos procedan por algún conducto a deducir responsabilidades buscando limpiar su honor.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 12 de septiembre de 2018.