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¿Con quién andan nuestros hijos?

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El seguimiento que estamos dando los medios al caso del infortunado joven Carlos Collier, debería motivar a los padres de familia a que reparen en las conductas de sus hijos y observar con cuidado con quiénes se están relacionando, en virtud del deber que tenemos los padres para procurar que nuestros muchachos no se vayan a meter en problemas mayores en los cuales puedan terminar con sus vidas. Es cierto que todos en nuestra juventud atravesamos por la etapa difícil de no entender los peligros reales de la vida y la insensibilidad propia de la edad nos lleva a ser temerarios porque nos parece que nada malo nos puede ocurrir, aunque estemos inmersos en el peligro, cuando nos escapamos de la vigilancia de nuestros padres para darnos rienda suelta con nuestros amigos, entre los cuales hay jóvenes conscientes y también inconscientes.

Desde hace algún tiempo la emisora ABC RADIO transmite una campaña que es un aldabonazo social, dirigido a los padres de familia, formulando la interrogante que el recordado actor mexicano Arturo López de Córdova se hacía en una de sus más famosas películas ¿sabe usted con quien andan nuestros hijos? La cápsula radial recuerda que hoy los padres de familia no deben dejar a sus hijos que anden a su libre albedrío por las calles en horas de la noche, porque la actividad de los antisociales prefiere el horario nocturno para expandir su negocio predilecto que es el narcomenudeo, que ha penetrado en universidades, colegios y hasta en las escuelas. En este nivel, los comerciantes de las drogas son implacables y a ellos se atribuye el mayor número de incidentes criminales en las calles de nuestras principales ciudades.

Por el narcomenudeo cunde la alarma social porque, los agentes de este negocio criminal han logrado penetrar en los vecindarios, en las escuelas, en los colegios, en las universidades y hasta en los hogares. Desde luego que no podemos generalizar que el problema esté en todos lados y en todos los jóvenes, pero el libertinaje permite que muchos jóvenes que no habían probado las drogas se atrevan a hacerlo. El consumismo de estos productos llega a los grupos de amigos, donde siempre hay más de algún atrevido que resulta ser el descarriado del grupo, el que incita a los demás a la probadita, hasta que logra despertar la curiosidad de los amigos, haciéndolos que comiencen con licores, combinado con el sexo, y cuando ambos se mezclan, estalla la violencia entre los amigos por el motivo más insignificante.

Los grupos de adolescentes, muchachos y muchachas, hoy proliferan en horas de la madrugada en los bulevares más concurridos de las principales ciudades, copiando actitudes como es la de resonar sus vehículos en altas horas de la noche creando episodios de insomnio en los vecindarios que hastiados, no les queda más que resignarse sin poder hacer nada por evitar que los jovenzuelos vayan a divertirse a las calles de las colonias a costa de arriesgar sus vidas.

Las discotecas y los bares nocturnos rebosan de alcohol, mucho ruido musical y excitación. Cuando hay muchachas y muchachos revueltos en estas jornadas de diversión sin frenos, el peligro aparece con sus excedentes rompiendo la rutina normal de la diversión para llevar a los que son más atrevidos a límites que resultan mortales. Y es que entre grupos de amigos no hay señas personales que indiquen quien entre ellos es el más trepidante para la imprudencia, porque todos su cubren con el manto de la amistad, y aunque se conozcan bien, prefieren enfrentar las dificultades de aquella compañía, por no parecer como delatores, que en el lenguaje juvenil de la amistad, son los traidores, o los sapos como se les conoce.

Esto es la realidad, nosotros no fuimos santos en nuestra juventud, pero nunca osamos ir más allá de los comportamientos que nos trazaron en nuestra casa, entre los cuales siempre se nos puso el límite que después de cierta hora, nueve de la noche, debíamos estar de regreso, cuando salíamos. Esa era la vida cotidiana de nuestros tiempos, hasta las nueve de la noche llegaba nuestro ritmo nocturno, y cuando desobedecíamos y lográbamos escapes amañados, ay de nosotros, el castigo que nos esperaba eran las clásicas chililladas con aquellos látigos de cebo que ardían, cuando la mano rigurosa de nuestros padres, nos estremecían las canillas. Entonces supimos lo que eran las canilleras. Pero hasta allí llegaban los descarríos de aquellos tiempos, eran comportamientos minoritarios, y gracias a ellos nunca estuvimos en una desgracia en que uno de nuestro grupo de amigos fuera víctima de una tragedia como las tantas que ocurren hoy día.

El problema actual es que las normas y valores de nuestra juventud están muy sesgadas por el uso de una tecnología que es muy útil, pero que por otro lado transporta a los jóvenes a fumar porros de marihuana, probar las drogas, porque según los mensajes que hay en ciertas redes sociales, no hay ningún problema en consumir drogas. Entonces, lo que está provocando muchas desgracias en nuestra juventud, es la ruptura de los mayores con los jóvenes por no aplicar normas dominantes, que aunque a los jóvenes les parezcan mal por anticuadas, son necesarias para evitar que caigan víctimas de los desenfrenos que ocurren en las altas horas de la noche.

Como lo viene repitiendo la campaña de ABC RADIO ¿sabe usted con quien andan sus hijos? La pregunta es valedera para todos los padres de familia, que no quisieran que sus hijos que oscilan en la edad juvenil, les aparezcan al día siguiente, convertidos en cadáver después de una noche de farra en mala compañía.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 3 de noviembre de 2017.