¿Qué va a pasar?

marzo 31, 2020

Honduras

Las epidemias, no son cosa nueva. Aunque más registradas las de la Edad Media, han acompañado el curso de la historia humana. Y siempre han tenido tres características: sufrimiento humano, efectos económicos negativos y positivos, y cambios políticos. Posiblemente los registros más antiguos, tienen que ver con inundaciones, terremotos y erupciones volcánicas. Guerras, libradas entre los humanos, han constituido acontecimientos dolorosos y singulares. Algunos agregan colisiones cósmicas, a esta breve lista. De allí que, junto al registro de las calamidades enfrentadas por las poblaciones que habían dejado de ser trashumantes para volverse sedentarias, nos encontremos la caída de los imperios, la reducción de la población humana, los cambios políticos y el desarrollo de las ideologías. Por supuesto, las explicaciones sobre el origen de estos acontecimientos  catastróficos, han partido al principio de “castigo de un dios colérico” que se muestra disgustado por el comportamiento de los humanos. Por ello, para calmarlos, se recurrían a diferentes actos litúrgicos, que en algunas culturas, no excluían los sacrificios humanos. Al final, el poder religioso primero, como después, los poderes políticos y económicos, salían favorecidos, atribuyéndose los méritos por haber calmado la furia divina. A finales de la Edad Media y con el surgimiento de las nuevas ideas, que privilegiaban el poder divino de los gobernantes, los monarcas además de calmar mediante explicaciones elaboradas la furia de los elementos, proveían ayuda a los que más sufrían. Con el surgimiento del Estado moderno, este asumió responsabilidades singulares en las crisis provocadas por acciones naturales o por movimientos guerreros. Después de la revolución francesa, la burguesía se hizo con el control de la economía y fue simultáneamente, según las circunstancias, víctima o beneficiaria de las crisis provocadas por epidemias, inundaciones o guerras. Y en consecuencia, la clase política que le respaldaba, desarrolló ordenadas y nuevas explicaciones de los hechos.



Posiblemente la peste más estudiada es la llamada, impropiamente Gripe Española (1916–1918), porque en realidad, fue ocasionada por un soldado estadounidense que llegó a Francia en la oportunidad de la primera guerra mundial. Según refieren los cronistas, mató a más de cincuenta millones de personas, con efectos devastadores para la economía, para los gobiernos y para los políticos. Los historiadores modernos, han encontrado que las comunidades más afectadas por la peste, fueron las que mejor se desarrollaron económicamente. Una vez que éstas se habían encerrado.

 Ademas, Jackes Attali, en un artículo reciente, señala que “cada epidemia importante ha ocasionado desde hace mil años cambios esenciales en la organización política de las naciones y en la cultura que sustentaba esa organización. Se puede por ejemplo decir (sin querer reducir a la nada la complejidad de la historia) que la gran epidemia de peste del siglo XIV ( de la que sabemos que redujo en un tercio la población de Europa) contribuyó a que se cuestionara de forma radical en el Viejo Continente, la posición política de los religiosos y a que la policía se erigiera como único medio eficaz para proteger la vida de las personas. Tanto el Estado como la mentalidad científica nacen como consecuencias de ellas, como ondas de choque de esta inmensa tragedia sanitaria…. El policía sustituyó al cura. Lo mismo ocurrió en el siglo XVIII cuando el médico reemplazo a su vez al policía, como la mejor defensa contra la muerte”. Líneas adelante el autor citado, agrega que cada vez que una pandemia devasta a un continente, desacredita además al sistema de creencias y de controles que han sido incapaces de impedir la muerte en cantidades ingentes de personas; y los supervivientes se vengan de sus amos poniendo patas arriba su relación con la autoridad”  que en el caso de Honduras, muy tensa desde finales del 2017. El autor que venimos citando, concluye con un vaticinio poco alentador. Si los poderes políticos y económicos, se muestran incapaces de controlar el “coronavirus”, es muy posible que surja de entre los cadáveres “un nuevo modelo fundado en otro tipo de autoridad y por la confianza en otro sistema de valores. En otras palabras dice, el sistema de autoridad basado en la protección de los derechos individuales puede estar colapsando. Y con él, los dos mecanismos establecidos: el mercado y la democracia”. El vaticinio es preocupante: si los sistemas occidentales fallan, el espacio será favorable para la aparición de sistemas autoritarios “de vigilancia que harían un uso muy eficaz de las tecnologías de inteligencia artificial” para el reparto de los recursos y para el control de la libertad individual. La crisis de 1929, incubó de alguna manera, el nazi—fascismo y alimentó, en forma justificada la segunda Guerra Mundial y el racismo de los blancos puros en contra de los judíos. Y a Hitler y a Stalin.

Pero la cultura política de occidente es muy fuerte. Aunque el autoritarismo chino se haya mostrado más competente en el manejo de la crisis sanitaria que sufrimos, es muy posible entonces que, temeroso occidente del autoritarismo oriental que se muestra contrario al individuo para favorecer al rebaño y a su pastor, “el poder político estará entre las manos de aquellos que sepan mostrar el mayor grado de empatía hacia los demás. Los sectores económicos serán de hecho también los de empatía: la salud, la hospitalidad, la educación, la ecología. Todo ello apoyándose, evidentemente en las grandes redes de producción y de circulación de la energía y la información, necesarias todas en hipótesis”. 

Termina diciendo el profesor Attali, – que fuera consejero del presidente Miterrand de Francia, que cambiarán nuestros hábitos de consumo, nos volveremos más racionales, renunciando a la frenética compra de “cosas inútiles y se producirá una vuelta a lo esencial, que es hacer un mejor uso del tiempo de que disponemos en este planeta, que aprenderemos a valorar como algo escaso y precioso”. Es decir que cree que al final, el mundo saldrá ganando, una vez que controlemos por fin el coronavirus. ¡Ojalá que así sea!.     

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