¿Qué tiene de malo?

mayo 25, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los periodistas, que nada más somos un factor de opinión pública, nos hemos dejado sorprender por personas que en el pasado nos tildaron de ser el cuarto poder, cuando esa calificación magnificada solo contribuyó a que periodistas, articulistas y comentaristas acabáramos creyendo ese cuento de camino real y algunos colegas usaran su medio de divulgación para salirse de su misión informativa y atropellar dignidades y honores. El periodismo, como lo establecieron los maestros del periodismo estadounidense Drew Pearson y Jack Anderson en su célebre columna “El carrusel de Washington” en los años 60, es ante todo un trabajo de alta responsabilidad que implica dar a conocer al público todos los detalles de un hecho o acontecimiento, para que sea el lector, el oyente o el televidente, el que haga su propio juicio sobre lo acontecido.



Muchos años después, le escuchamos este mismo concepto al periodista español Miguel Ángel Bastenier, del diario El País de España, en una jornada periodística iberoamericana que patrocinó la Embajada de España. Bastenier, ya fallecido, dijo el mismo concepto de los maestros Drew Pearson y Jack Anderson, pero fue mucho más allá. Dijo que en periodismo no existe la objetividad, que la obligación del periodista es contar todo sobre algo que ha sucedido, sin guardarse nada, y el público se queda con la parte de la información que le parece o le conviene. El periodista no tiene que ser objetivo, su deber es contarlo todo, y nada más. En lo personal, ferviente seguidor de Drew Pearson y Jack Anderson, y después de oír a Bastenier, creo que en efecto la objetividad no existe en el periodismo, sobre todo en el tipo de periodismo que yo ejerzo que es el periodismo de opinión, donde es forzoso tomar una posición, y en ese momento el periodista o comentarista no puede ser objetivo.

Puedo poner 365 ejemplos al año, en que me toca emitir un juicio o una opinión diaria en este noticiero, sobre un hecho nacional o internacional, y en ese momento no puedo ser objetivo, porque personalmente detesto el neutralismo cínico que muchos colegas alegan equivocadamente que es imperativo en el periodismo para ser un buen profesional. Miguel Angel Bastenier, autor del libro “El blanco móvil” sostiene que la objetividad en el periodismo no existe y no hace ninguna falta que exista, porque si fuera así, todos los periódicos, los noticieros televisivos y radiales, darían siempre la misma versión de los hechos. Por lo tanto, la información cuando llega al público no es exacta ni objetiva, porque las noticias son producto de un juicio.

Pongo dos casos recientes en que me ha tocado jugarme el pellejo: sostengo que Julieta Castellanos rescató la Universidad y la puso en la senda para convertirse en una gran universidad. Otros apreciados colegas, incluso amigos, son críticos viscerales de la ex rectora, y sus razones tendrán, pero yo he visto los avances de la UNAH en la gestión de Julieta Castellanos y sostengo que son extraordinarios. Otro caso: no comparto el criterio de quienes se oponen a que en las escuelas y colegios se proporcione a los niños conocimientos de los principios bíblicos con el argumento de que Honduras es un estado laico. Y yo pregunto ¿qué tiene de malo enseñarle a los niños principios bíblicos? Cuando en la Biblia todos los versículos son máximas de principios y valores, que no excluyen la ciencia, y que el único daño que podrían causar en los niños y jóvenes es inculcar virtudes cívicas y morales.

Estudiar la Biblia no conduce a la perdición ni fomenta maldades en los niños y jóvenes. En el 2009 hubo una gran cantidad de profesores y maestros fanáticos de la ideología marxista que se dieron a la tarea de doctrinar a los niños, las ocho horas del día con ideas demagógicas y populistas extraídas del marxismo. Producto de esa tarea que se impuso una buena parte del magisterio hoy tendríamos, quizás, miles de nuevos adeptos al marxismo. Entonces repito ¿qué tiene de malo que a los niños se les proporcione charlas sobre principios bíblicos que ningún daño le pueden hacer al niño?

Entre la democracia y el populismo hay una fractura que establece una diferencia cuando se trata de conceptos religiosos y morales. Los marxistas abusan del cinismo cuando defienden a ultranza el laicismo del estado hondureño. Están en su derecho de hacerlo porque defienden su dogma, pero donde ese derecho se les acaba, es dónde comienza el derecho que los demás ciudadanos defendemos, que es el espacio para fomentar virtudes cívicas en nuestra niñez y nuestra juventud.

Como periodista de opinión sostengo que explicarles a los niños las sabias enseñanzas que contienen centenares de versículos bíblicos no es nada malo, igual que mis amigos marxistas creen que doctrinar a los niños con los principios del socialismo tampoco lo es. Es cuestión de opinión como decían Pearson, Anderson y Bastenier. La objetividad es un mito, alguien que informe, como decía el periodista español, no tiene que ser objetivo ni subjetivo, solo tiene que ser responsable.

Me considero estar entre los periodistas que ejercen el periodismo con responsabilidad.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 25 de mayo de 2018.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *