¿Qué hacer con el Parlacen?

febrero 18, 2020

Honduras

El Parlamento Centroamericano es una de las instituciones que nace, como una salvaguarda para garantizar la paz y el desarrollo, después de la terrible guerra civil centroamericana que desangró a Guatemala, El Salvador y a Nicaragua. Fue el fruto de los Acuerdos de Esquipulas, apoyados por Vinicio Cerezo y por José Azcona del Hoyo, que obligaban a, antes de tomar el trabuco y matarnos los unos con los otros, usar un  espacio de diálogo para ponernos de acuerdo. Pero además, el Parlacen era de cierta manera la continuidad de un proceso esperanzador – mucho antes que el de la Unión Europea empezara a florecer desde los Acuerdos de Roma – en que reconstruíamos el sueño de convertirnos todos los centroamericanos, incluidos los “blanquitos” costarricenses que siempre se creen superiores a los demás mestizos e indios de Centroamérica– en una sola república, transformándonos en una economía fuerte, con capacidad política para participar en igualdad de condiciones con los demás países en el escenario internacional.



Pero los deseos no fructificaron. Y en vez de un parlamento similar al Europeo, que tiene su sede en Strasbourg, acompañado de una Presidencia de la Unión Centroamericana y una Corte de Justicia que, realmente dirimiera diferencias y dificultades, lo que creamos fue un cementerio de elefantes, en donde van a descansar los políticos fracasados de los países integrantes. O como ha ocurrido reciente, los que, huyendo de las justicia de sus naciones, encuentran en la inmunidad parlamentaria, un escudo para defenderse de sus enemigos.

El hecho que las decisiones del Parlacen son meros ejercicios retóricos, pérdidas de tiempo o escuela de oratoria para políticos en proceso de caducidad y no como es lo correcto, vinculantes, es decir de obligado cumplimiento de los países firmantes de su acuerdo de creación, ha convertido lo que era una buena solución, en un elefante blanco, con el cual, nadie haya qué hacer. Y menos introducirlo a la sala principal.

El Presidente de Guatemala – sede del Parlacen– ha dicho con cierta arrogancia y disimulada ignorancia, típica de los nuevos gobernantes, que si no se le reforma, hay que suprimir al Parlacen. La cosa suena bien. El problema es que él no tiene idea del problema; carece de conocimientos jurídicos y no es un centroamericanista sino que un “centro escéptico” que no puede disimular su falta de interés real en usar, los gobiernos para transformar la realidad de una región llamada a tener más suerte.

Ocurre que, en primer lugar, los centroamericanos no elegimos a los diputados del Parlacen. Van en una lista cerrada, bajo las naguas de los partidos políticos poco prestigiosos y se distribuyen proporcionalmente entre las fuerzas políticas contendientes. De allí que la primera reforma que hay que hacer, es definir a quien representa el Parlacen: a los territorios o a los ciudadanos.

En segunda lugar, hay que definir sus competencias. Que pueden ir desde iniciativas que deriven en acciones de cumplimiento obligatorio por las autoridades de cada uno de los estados, o en acciones en que los ciudadanos – en forma clara – puedan reformar medidas gubernativas contrarias a sus derechos y prerrogativas ciudadanas. Aquí queda claro entonces que hay que aclarar si representan a los estados o naciones disgregadas o a los ciudadanos. En cuyo caso, tenemos que crear en el interior de cada una de ellas, distritos electorales para desde aquí, tener diputados en el Parlamento Centroamericano.

Lo ideal es reformarlo. Suprimirlo sin hacer el intento correspondiente, es una bufonada que solo se le puede permitir al Presidente de Guatemala, por el reconocimiento de su desconocimiento y su falta de compromiso con la unidad de una región que necesita integrarse. Tanto para evitar los espectáculos ridículos que escenificamos, como para evitar que Trump y los futuros gobernantes de Estados Unidos, nos sigan usando como patio trasero en donde tiran todas las mañanas, las bacinicas de sus miedos de salir a su propio espacio, a hacer sus necesidades fisiológicas.

Esperemos que Giammatei, tenga algunas propuestas. Dudo mucho de ello. Pero como cristiano estoy obligado a creer en los milagros. Y él puede ser el justiciero que después de tantos años, nos resuelva el problema de volver eficiente al Parlacen. Ojala que sí.