El principio del fin

septiembre 27, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Si la declaración de Quiquito Ortez, respecto a que en el Central Ejecutivo están contemplando una alianza entre Luis Zelaya y Salvador Nasralla no es un broma infinita sino un anuncio de los planes del presidente del Central Ejecutivo del PL, estaríamos a las puertas del principio del fin del Partido Liberal como institución política determinante. Una alianza Luis Zelaya con Salvador Nasralla vendría a confirmar la afinidad que desde el año pasado vino demostrando el ex candidato liberal con Nasralla, cuando, sin haber finalizado el proceso electoral, se anticipó a reconocer el triunfo de Nasralla, faltando dos horas para que se cerraran las urnas.



Si fuera el caso como dice el licenciado Quiquito Ortez, que los liberales verían bien una alianza entre Luis Zelaya y Nasralla, debe aclarar qué liberales, quizás a ciertos liberales del Central Ejecutivo les conviene esa alianza como una aspiración particular, pero la mayoría del liberalismo no aceptaría un paso tan desafortunado como ese, porque sería la muerte del Partido Liberal. Este partido nació desde su inicio como un gran partido de mayorías, jamás había caído en una situación tan calamitosa como la que está viviendo, a la que, lo han llevado sus actuales dirigentes, que parecieran estar empeñados en hundirlo del todo.

Un proyecto como el mencionado por Quiquito Ortez, es un entreguismo desafortunado que jamás pudieron concebir los liberales, porque nunca el partido había estado dirigido como un proyecto que pareciera ser un holocausto político, donde se busca una alianza no para salvar al partido sino para llevarlo al matadero. De todas las maniobras que hemos podido observar en todos nuestros años como periodista observador del acontecer nacional, jamás vimos algo parecido, porque ningún otro dirigente liberal pensó en una salida suicidio, que eso sería poner al PL como vagón de cola, detrás de SN.

Una alianza con Nasralla es el principio del fin del PL como partido de masas, sería reducirlo a la mínima expresión, si partimos que Nasralla en la alianza con LIBRE obtuvo más de un millón de votos, mientras que el PL con Luis Zelaya de candidato apenas contabilizó poco más de 400 mil votos. Conociendo el talante de Salvador Nasralla, cualquiera que se le quiera adherir en la próxima campaña, debe ir a la cola, dispuesto a recoger las migajas que le sobren. Para el liberalismo esto sería el acabose de su otrora gran partido, tener que adherirse a Nasralla para ganar una pequeña cuota de poder.

Cuando se piensa en estos términos será porque los dirigentes del Central Ejecutivo, metidos en la laguna de conflictos que ellos mismos han provocado, creen que poniendo al PL a la cola de Nasralla, conseguirán algo de poder, dando por sentado que Nasralla podría ganar las próximas elecciones, cosa que no es nada segura. Este es un proyecto desafortunado y lamentable, si es que está contemplado como tal, porque hablando con el rigor y el sentido del buen juicio político, lo que está quedando del PL producto de las insensatas decisiones del presidente del Central Ejecutivo, Luis Zelaya, es una expresión minoritaria producto de la división, pero que trabajando por la reunificación de las partes regadas en todo el país, podría hacer que el liberalismo se reencuentre alrededor de un nuevo proyecto político con un nuevo líder.

Alguien tiene que hacer el trabajo de reunificar al Partido Liberal, comenzando por ordenar la casa del liberalismo que no está en las mejores manos. El PL no merece estar en la situación tan lastimera a la que la han llevado sus autoridades del Central Ejecutivo con Luis Zelaya a la cabeza.

No se puede mantener la dignidad de un gran partido como el PL, urdiendo un proyecto para aliarse con un político recién surgido, cuyo carácter y estilo no es nada compatible con el liberalismo. Poner al PL a la cola de Nasralla, por la ambición del poder compartido, es la debacle que acabará con un final triste para un gran partido histórico.

Si los liberales llegaran a permitir que esto pase es porque, como decía Honorato de Balzac, la resignación es un suicidio cotidiano. Pero estamos seguros que el liberalismo no permitirá un paso tan humillante como indigno, y que, cuando menos se piense, habrá un movimiento convencional que ponga al PL en manos de dirigentes sensatos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 27 de septiembre de 2018.

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