Presupuesto a tiempo

septiembre 12, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El país es como un edificio de alquiler, de esos de arquitectura transparente que están muy de moda, y que para sostener cada uno de sus espacios diáfanos, con esa inmensidad de plazas de trabajo intercambiables, y demás obras que deben realizarse en todos los ámbitos, requiere de una suma de dinero determinada y bien ordenada, para poder solventar todos los gastos del país. La definición de presupuesto más peregrina pero muy simpática, se la oímos al genial cómico cubano Tres Patines en el programa «La Tremenda Corte», cuando el juez le preguntaba si sabía qué era el presupuesto nacional, y Tres Patines con su graciosa picardía respondió: “el presupuesto es la comida del país, porque sin el presupuesto no comemos ni bailamos”. Y aunque el presupuesto nacional no solo es asunto de comida, sino que va mucho más allá, su objeto es determinar el empleo o uso que debe darse a los ingresos que el gobierno percibe por los diferentes impuestos o servicios que pagamos los ciudadanos, igual que de las empresas nacionales y extranjeras.



La ministra de Finanzas, Rocío Tábora, ha cumplido en tiempo y forma la presentación del presupuesto del país, sabiendo que un gobierno que no cumple con esa obligación de Estado incurre en un delito que atenta contra la economía de todos, por lo tanto imprescriptible y que será castigado en cualquier tiempo. Un gobierno que no cumple con la presentación del presupuesto en el tiempo establecido, cae en la tentación de manosear los fondos públicos como si fuera el manejo de la propia hacienda del gobernante. Lo sucedido en el 2008 y 2009 fue algo inaudito; fueron casi dos años en el período de Manuel Zelaya Rosales en que se cambiaron los hábitos administrativos del país, porque Honduras estuvo a la deriva por la sacudida que el ex presidente Zelaya le dio a Honduras, al querer establecer su propio paradigma, de manejar la hacienda pública desde las gavetas de Casa Presidencial, sin tener que rendirle cuentas a nadie. Y así pasó, dos años en que Honduras era una nave sin rumbo presupuestario, por la irresponsable conducta en que él, y nadie más que él, podía disponer de los fondos nacionales.

De esa forma arbitraria a un manejo ordenado de presupuesto, se establece la gran diferencia de ver y tratar los asuntos de país. No debe haber en la estructuración del Presupuesto de la República ninguna coartada que permita al gobernante o a los funcionarios, disponer de los recursos que deben ser destinados para la atención de las diversas necesidades de la ciudadanía, en las distintas áreas de la actividad nacional. Gran parte del presupuesto nacional se elabora en base a los impuestos que pagamos los contribuyentes, de allí la autoridad moral que nos asiste como aportadores de recursos para que el gobierno administre de manera pulcra todo el aparato del Estado. Así como realizar aquellas obras de infraestructura que son vitales para articular las regiones donde se asienta la mayor parte del aparato productivo de Honduras.

El presupuesto nacional este año supera en más de 21 mil millones de lempiras al del período fiscal anterior, lo que ha provocado reacciones de la dirigencia del sector empresarial, que esboza sus razones para hacerle la crítica al proyecto de presupuesto. Estas críticas son normales, porque por lo general cuando un gobierno incrementa el monto del presupuesto es porque está pensando en aumentar los impuestos para obtener mayor cantidad de recursos fiscales directos, para poder enfrentar la cifra prevista para los gastos.

En este sentido, la preocupación del sector empresarial se justifica, porque la situación económica en general no es bonancible, el clamor de los empresarios contribuyentes, sean grandes, medianos o pequeños, es quejarse porque actualmente se trabaja solo para pagar impuestos, mientras hay centenares de empresas que están sobregiradas por la carga tributaria, más el doble peso que les cae encima por razón de las recargas mensuales cuando se atrasan al no poder pagar en el período.

Tenía razón Tres Patines cuando decía que el presupuesto es la comida del país, y que bien que el gobierno recaude lo suficiente para enfrentar sus obligaciones. Lo malo nos cae a los contribuyentes, entre los cuales hay muchos que no pueden ver la luz de cada día manteniendo una sonrisa, porque la presión de las cargas y las recargas tributarias, es un suplicio que no deja respirar ni comer con tranquilidad.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 12 de septiembre de 2019.

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