Por unos dólares más

septiembre 27, 2021

Juan Ramón Martínez

Ante mi artículo del jueves pasado, publicado en La Tribuna, “Electores y Dinero”, el ex presidente Manuel Zelaya Rosales reaccionó, escribiéndome lo siguiente: “Algún día debes pasar por la Catedral o por el parque (Central) como yo lo hago desde hace 60 años. Así apreciarás el drama humano que allí se vive frente al héroe, y sufren nuestros niños y jóvenes. Son “Los Miserables” de Víctor Hugo, que la burguesía los esconde. No son activistas políticos”. Claro, no dije que las manos golosas que querían atrapar los billetes de 20 lempiras que distribuía el ex presidente Zelaya, fueran activistas políticos. Indique que esa práctica de entregar dinero, formaba parte de la tradición de comprar votos para ganar elecciones. En la respuesta de Zelaya, por el contrario, se defiende y rechaza el adjetivo de comprador de votos y más bien, se erige en un compasivo compatriota que comparte parte de sus riquezas con los miserables. Y se une, necesidad y manos extendidas, con la pobreza.



Ni el expresidente Zelaya y mucho menos yo, sabíamos lo que había ocurrido el martes 21, en Surinam, durante un partido entre el equipo más popular de Honduras el Olimpia y el Inter Moengotapoe, en que el vicepresidente de aquel país, reparte dólares –de denominación que ignoramos— entre nerviosas manos de los jugadores y técnicos del Olimpia. Demostrándose con ello que, no es justificación la pobreza creada y “escondida por la burguesía”, para perder la vergüenza y extender la mano cuando distribuyen dinero los poderosos. Que, en el caso que nos ocupa, muy pocos compatriotas tienen los salarios de los jugadores del Olimpia, los más jugosos de todo el deporte nacional. Y que ninguno de ellos es, escondido – todo lo contrario – por sus directivos que, los muestran como los mejores, los más populares e incluso los más apetecidos por la prensa nacional que los ha convertido en verdaderas estrellas. Y finalmente que, por ello, el espíritu caritativo que el ex presidente Zelaya se atribuye, como justificación para sus gestos en el parque central de Tegucigalpa, carece de fundamento en el caso de los jugadores de Olimpia, porque se trata simplemente, de una pérdida de dignidad, por parte de jugadores que además, nunca debieron extender la mano para recibir dinero de parte del directivo del equipo que acababan de derrotar contundentemente (6 a 0), porque al tiempo que es un deshonor y una práctica censurable en el plano moral, constituye un discreto acto de chantaje invertido. Que no solo avergüenza a Honduras, sino que pone en entredicho la seriedad que caracteriza a Concacaf que ha procedido en forma inmediata a castigar al equipo Olimpia, con la suspensión inmediata de este campeonato y al repartidor de dinero, que casualmente es el vicepresidente de ese país, a tres años de castigo, de modo que no podrá participar en ningún evento deportivo de esta liga internacional.

Conozco muchos pobres que no extienden la mano ante nadie. Por honor y dignidad. Hace varios años, usaba unos anteojos que tenían una fisura horizontal en el vidrio derecho; pero sin salirse del aro. Por lo que los usaba normalmente. Mientras hacía una investigación para “Honduras, las fuerzas del desacuerdo” en el Archivo Nacional, coincidí con el señor Elvir, fundador de la Óptica Popular que también hacía investigaciones para un libro que escribía sobre San Juancito y la industria minera. Posiblemente con buena intensión; pero con evidente superioridad, al ver el daño de uno de los vidrios de mis anteojos, me dijo, pase por mi óptica, le regalaré unos nuevos. Sus expresiones me ofendieron; e inmediatamente le dije: no. Que no aceptaba su acto caritativo, porque me ofendía. Que tenía dinero para comprar unos nuevos anteojos. Y que, además, no aceptaba que los extraños me ofendieran. Me pidió disculpas. Y nunca más nos volvimos a ver.

Aparentemente, entonces, extender la mano para provocar compasión en quienes tienen dinero, bien o mal habido, no tiene que ver con la pobreza, sino que con el honor. Hay pobres dignos que no aceptan nada de nadie. Otros, los que lo hacen, no es por pobreza, sino porque no tienen honor y dignidad. Como es el caso de los jugadores del Olimpia que, a estas horas, deben haber entendido que se puede vivir sin pan o tortillas; pero nunca sin honor. Es posible que Zelaya, cuando lea este artículo se ría de mí y de las lecturas atrasadas que hace de la literatura francesa y que terminará entendiendo que no todos los pobres son indignos; ni permiten que los esconda la burguesía, de la que él forma parte desde luego. Porque los jugadores del Olimpia no son pobres, ni mucho menos, sino que, hondureños indignos que han perdido la vergüenza.

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