Política y salud

febrero 12, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La contradicción entre los diputados de la Comisión de Salud del Congreso Nacional hace aflorar la ausencia de una política de salud en Honduras, porque si profesionales de la medicina una vez insertados en el escenario político, demuestran no tener la sensibilidad necesaria para aportar su capacidad, sus conocimientos, sus esfuerzos y sacrificios para empezar a configurar una política de salud, que no la tenemos, es difícil pensar que en el resto de los niveles de la administración pública se pueda suplir lo que desde el Congreso, médicos-diputados ni siquiera son capaces de formular. Es una pena, pero lo que hemos visto entre los médicos-diputados de la Comisión de Salud del Congreso Nacional, es una simple disquisición, vaya, un arrebato político, que no deja bien parados a estos distinguidos profesionales, a los que de una u otra forma hemos tratado de manera personal, guardando de ellos una buena impresión por su alta calidad.



El ramo de salud tiene serias de deficiencias, por falta de organización, por una administración que durante tiempo ha dejado mucho que desear, por una corrupción entronizada desde dentro y fuera de la Secretaria de Salud relacionada con el robo y venta de medicamentos que son sustraídos de los almacenes de salud pública, y por una incompetencia demostrada por varios de los profesionales que asumieron la conducción de la Secretaría de Salud sin tener, ni visión ni compromiso para atender de una forma efectiva la sanidad de la población hondureña.

Se han dado pasos conducentes para lograr una mejor organización mediante el establecimiento de controles internos en los hospitales públicos y en los almacenes de medicamentos. Un paso significativo es la adopción de un sistema de compras de medicinas mediante el modelo del fideicomiso otorgado al Banco de Occidente, medida que ha permitido evitar las compras irregulares, amañadas, que fueron aprovechadas por funcionarios del ministerio y por proveedores de droguerías y laboratorios para hacer negocios redondos en detrimento de la salud de los hondureños.

Antes del sistema de fideicomiso, la lucha entre proveedores que venden los fármacos que ocupan los hospitales, era a muerte, por quedarse a como diera lugar con el negocio. Hubo droguerías cuyos propietarios se caracterizan por la honradez de sus actuaciones empresariales que preferían quedarse afuera de las ofertas, cuando empresas manejadas por inversionistas de la política arrasaban con las licitaciones amañadas. Pero así también ha habido droguerías que, en componendas con altos funcionarios de salud, hacían el negocio, recibían el pago por una equis cantidad de medicinas y no hacían la entrega que correspondía. Y cuando se llevaban los medicamentos al almacén del ministerio, había otra fuga escandalosa, cuando trabajadores del almacén se quedaban con una parte de la entrega para vender los fármacos en las calles capitalinas.

El sistema de salud ha sido una mina para que personas inescrupulosas se enriquecieran por la vía rápida, por eso es que, cuando se adoptó el fideicomiso para el abastecimiento de los hospitales, se dio un paso trascendental en procura de neutralizar el robo de medicamentos y las movidas a través de las compras amañadas. Seguro que resta mucho por hacer para lograr una parte de la gran meta que es tener un sistema de sanidad que procure una atención eficiente a la población hondureña. La parte del funcionamiento de los hospitales es otra de las graves debilidades del sistema, que requiere un ojo clínico del gobierno para procurar una operación exitosa en los centros hospitalarios, y tenemos que decir que ha habido pocos aciertos en los nombramientos de las principales cabezas de la Secretaría. El nombramiento del Dr. Octavio Sánchez fue un acierto, este profesional con la seriedad que le caracteriza quiso establecer una hoja de ruta correcta en el manejo de los hospitales, pero las fuerzas antagónicas internas de los principales hospitales, que tienen que ver con los pequeños y medianos negocios que se manejan dentro de los centros hospitalarios, se le rebelaron en pie de guerra, una guerra que ningún ministro podrá ganar si no tiene el apoyo al más alto nivel.

Octavio Sánchez gestionó los recursos para la construcción de un hospital de traumatología, un hospital que urge en el sistema, pero apenas lo había conseguido cuando fue forzado a renunciar por las presiones de los mismos sectores que tenían la ventaja sobre el ministro de pertenecer a las esferas del compadrazgo político. Y en esa situación, un buen ministro prefirió la tranquilidad a vivir en la intranquilidad que produce estar metido en una cueva de lobos.

Y de remate, vienen los médicos-diputados en el congreso y por una confrontación infantil desisten de hacer sus mejores esfuerzos y tiran la toalla, dejando huérfano al sistema de salud, por el que los médicos diputados pudieron hacer mucho, pero que al no hacer nada, le fallan a los electores que confiaron en ellos como profesionales de la medicina, pensando que podían hacer mucho por la sanidad de los hondureños.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 12 de febrero de 2019.

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