Política exterior, la hora del cambio

septiembre 13, 2021

Juan Ramón Martínez

Los demócratas estadounidenses, en el gobierno; le han dado una vuelta de tuerca a la política exterior de los Estados Unidos. Las expresiones del presidente Biden, en el sentido que Estados Unidos no continuaría construyendo democracias en el mundo, que se dedicará a fortalecer su capacidad militar para responder, reconstruir sus alianzas con las potencias democráticas del mundo y que enfrentará a China y a Rusia como potencias emergentes o con poderío nuclear en proceso como Irán y Corea del Norte, configura lo que puede llamarse la “doctrina Biden”. El retiro de Afganistán, traumático por algunos errores elementales y falta de coordinación entre los aliados en el proceso de retirada, son una prueba de esta nueva política de Estados Unidos. La que por supuesto, incluye – como es natural, la promoción de los derechos humanos, la defensa de la democracia y los intereses económicos y políticos de Estados Unidos y sus aliados.



El cambio nos parece lógico y con sentido. Estados Unidos es la potencia moderna que ha ejercido poder e influencia mundial, durante mayor tiempo. La razón es su capacidad para cambiar y responder en forma adecuada a las otras potencias emergentes que quieran ocupar su lugar. En consecuencia, estamos viendo un cambio en los Estados Unidos para responder a los retos de China, la potencia emergente. En 1975, coincidiendo con el final catastrófico de Vietnam— el Afganistán que nos tocaría ver este año 2021— Estados Unidos efectuó un viraje y estableció relaciones diplomáticas con China. Y aprovechando las diferencias con la Unión Soviética, fortaleció su condición de gran potencia, frente a una potencia retadora que para entonces —sin que lo imaginaran siquiera los más informados analistas internacionales— había empezado a declinar económicamente. Tanto por su deficiente sistema económico, como por el descomunal esfuerzo militar que representaba la carrera armamentística contra los Estados Unidos-
La doctrina Biden, no solo trata de cambiar los objetivos de la política exterior, sino que también se verá obligada a rectificar los grandes errores cometidos por sus diplomáticos. Especialmente en reparar las dañadas relaciones con sus aliados europeos, en cuyo mejoramiento se ha avanzado bastante. Así como también, atender zonas geográficas que, aunque son de su interés, fueron abandonadas en el cercano pasado por negligencia, imprecisión e incapacidad para leer la realidad.

Veamos el caso de América Latina. Solo Fidel Castro los hizo reaccionar en la década de los sesenta del siglo pasado. Hasta ahora, América Latina no ocupó lugar importante durante la administración de los Bush, Obama o Trump. Bush hijo, es el último presidente que ha recibido en la Casa Blanca a un gobernante hondureño. Trump, lo hizo con los presidentes del Perú y de México, nada más. Como si el resto de países no contaran y los problemas de la región no fueran problemas también suyos. Ricardo Zúniga Harris, debe imaginar un nuevo trato, una nueva alianza para el progreso o algo que le de dinamismo a las relaciones entre quienes son sus vecinos, algunos leales hasta la humillación como el caso de Honduras, Guatemala y Colombia, solo para poner algunos ejemplos. El reto de China, que ya está posicionada diplomáticamente en la región, ofreciendo créditos y comprando materias primas necesarias para su desarrollo, deberá ser considerado. Pero, además, los latinoamericanos en general y en particular, los centroamericanos, tienen que diseñar una nueva política exterior, en función de sus intereses y de sus amenazas, configurando un nuevo discurso. Porque los tiempos en que Estados Unidos tenía que pensar por nosotros, han terminado. Y los berrinches infantiles, como los de Bukele, no tienen sentido. Para ello, es necesario que Centroamérica forje una nueva generación de diplomáticos, que foguee sus cuadros del exterior en los organismos internacionales y tenga gobernantes que, más que andar pidiendo ayudas —que en algunos momentos son necesarias e inevitables— hagan propuestas globales, para participar con los demás gobernantes del mundo, en la búsqueda de soluciones a los problemas del desarrollo y especialmente en lo referido al cambio climático. Centroamérica tiene posibilidades, si, en forma unida, configura una política exterior propositiva. En la que recupere el diálogo y el respeto de los Estados Unidos que, en honor a la verdad, no tiene actualmente. Nuestros gobernantes no han entendido que la política exterior va más allá de emplear a sus familiares y a sus incondicionales. Que es la forma para decir presente en este nuevo diálogo, que nos permitirá la doctrina Biden. Es decir, la nueva política exterior de los Estados Unidos. Haciendo una nueva política exterior conjunta para Centroamérica, a partir de Esquipulas II.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *