Pobrecita Honduras

abril 30, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Si buscamos a quien aplicar con propiedad el dicho de que al perro más flaco se le pegan las pulgas, hoy por hoy, este dicho por desgracia le cae a Honduras como anillo al dedo. Con todas las denuncias que han circundado en los espacios de chismes, donde se cruzan verdades y medias verdades con mentiras, no se sabe lo que es verdad, lo que se exagera y lo que se lanza para crear una aureola de confusión con el propósito deleznable de paralizar al gobierno, porque sucede que hay sectores políticos que no desean nada bueno ni para Honduras ni para los hondureños, para ellos alcanzar el poder es lo único que les quita el sueño. Por ejemplo, si organismos como el CNA estuvieran de verdad empeñados en combatir la corrupción no mantuviera silencio respecto al atropello que comete Energía Honduras al promediar la facturación en tiempos de emergencia cuando las empresas no están trabajando ni siquiera a medio vapor. En cambio se lanzan a buscar hasta debajo de las piedras toda operación de compra de cualquier sector del gobierno porque todo lo ven con el color de la corrupción.



Esta mañana el diputado copaneco Juan Carlos Elvir sostuvo una tesis que a nuestro juicio es la más acertada que hemos escuchado, respecto a que muchas compras que se han hecho en el sector oficial y que han sido señaladas como irregulares se deben más a desorden administrativo que a corrupción, lo que compete a los organismos fiscalizadores comprobar si una operación de compra está entre la mentira y la incompetencia, aunque en una crisis como la que ha causado la pandemia del coronavirus quien sabe que es peor, si ser mentiroso o incompetente. Pero pudiera ser que en alguno de los casos pueden estar ambas cosas a la vez.

Lo que resulta intolerable del todo es que empresas como los generadores térmicos salen en tiempo de emergencia a plantear cobros millonarios que les adeuda la ENEE, como para terminar de ponerle la tapadera al pomo. Es natural que, a quien le deben presione para que le paguen, nada más que tratándose de las empresas generadoras eléctricas no es un secreto que cuentan con suficiente respaldo financiero como para aguantarse los meses que dure la pandemia. Estas empresas cuando reciben desembolsos son sumas multimillonarias, producto de la facturación del servicio que prestan a precios que han sabido negociar en el pasado, por lo que sus propietarios deben dejar la dureza por lo menos estos meses de crisis en que no son sus  empresas las más golpeadas, sino todas aquellas  que no tienen el privilegio de cobrar a su antojo los servicios que prestan. De todos estos empresarios, al único que hemos oído en determinado momento decir que está dispuesto a revisar la tarifa por kilovatio es al empresario Freddy Nasser. Los demás han venido disfrutando del buen negocio que ha sido venderle energía al Estado, al precio más alto que en cualquier otro país. Es justo que también ellos se aprieten la faja en este momento, en consideración al usuario del servicio eléctrico que es ahorcado por todos lados, desde el elevado precio que originalmente cobran por kilovatio las empresas generadoras térmicas, hasta el guillotinazo final que recibimos de Energía Honduras con su modelo de promediar el costo de la energía.

Pobrecita Honduras, pobrecitos los hondureños, todos los que hacen negocio vendiéndole servicios al Estado no solo se dan el lujo de jugar enchute, sino que hasta les sobra para darse los gustazos más exquisitos como el que les sorprendieron a los ejecutivos de INVEST-H que tuvieron ganancias de sobra para pasar la cuarentena en las suites más lujosas de los hoteles. Mientras los demás estamos angustiados por la caída de la economía, quebrándonos la cabeza entre lo que puede resultar más urgente para Honduras, si salvar vidas en esta crisis sanitaria o acceder a relajarnos y darle la bienvenida a una reapertura de la actividad comercial como lo piden las cámaras del comercio y el COHEP.

Lo preocupante es que los hondureños no estamos desplegando el sentido común para enfrentar esta crisis, o será que la gente prefiere no darse cuenta que así como la pandemia está creciendo en el mundo también está avanzando en Honduras, pero es asombroso observar la terquedad en todos los que violan el toque de queda, el deambular de vehículos en los bulevares es una clara demostración que la autoridad no es competente para establecer la disciplina con que debemos observar las restricciones sanitarias.

Si los hondureños están decididos a que aquí pase lo que tenga que pasar, pero que no están dispuestos a que los toques de queda nos mantengan más tiempo en casa por cárcel, lo que deberemos afrontar en pocos días será una avalancha de contagiados que las autoridades de salud y el gobierno no podrán atender con las pocas estructuras que han preparado junto a los escasos hospitales que tenemos. Y ay de los médicos y enfermeras, que tampoco son muchos, porque, según los episodios dramáticos que vivieron los italianos y los españoles, entre los fallecidos habían muchos médicos y enfermeras que por desempeñar con pasión su profesión terminaron siendo víctimas del virus. El coronavirus está dejando estelas llenas de dramatismo, ayer los diarios de EEUU relataban una historia muy triste de una doctora, que dirigía un hospital en uno de los suburbios de Nueva York, que resultó contagiada por el COVID-19, logró recuperarse del virus pero no de la pena de haber visto como en su hospital fueron incompetentes para evitar que murieran centenares de pacientes contagiados, por lo que, afectada profundamente en sus sentimientos decidió suicidarse. Aquí en Honduras tal vez no suceda lo mismo, porque todo aquel personal que se dio cuenta que no tenía ni la pasión ni el coraje para convertirse en héroes de la pandemia, prefirió renunciar a sus puestos y batirse en retirada, por aquello de que mejor es que digan aquí corrió que aquí murió.

Pero bien, a lo que queremos referirnos es a las subcategorías de personas que se dan color en medio de la pandemia: los aprovechados en hacerse de los mejores negocios a costillas del dolor y la preocupación de los hondureños, o los representantes de las empresas térmicas que se valen del momento para cobrar las facturas que les adeuda la ENEE, pobrecitos, con pañuelo y lo demás, sonándose los mocos, para dar la impresión que están en la calle, cuando cada vez que el gobierno les suelta un desembolso equivale a correntadas de dinero como para pavimentar todas las calles de Honduras.

Por favor, menos banalidad y más cordura, guárdense la ambición desmedida aunque sea en estos tiempos de la pandemia. Dejen tranquila sus ansias de enriquecimiento, dejen que las autoridades tengan un respiro para enfrentar la amenaza sanitaria que es una amenaza mundial. Después de controlado el coronavirus habrá tiempo para que vuelvan a hacer sus grandes negocios.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 30 de abril de 2020.

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