Plan Marshall en Centroamérica

mayo 28, 2019

El infierno esta pavimentado de buenas intenciones

Tegucigalpa, Honduras

Frente a este plan, cabe el dicho popular: “el infierno esta pavimentado de buenas intenciones”. Por más que provenga del gobierno de México y busque retener a la población centroamericana que emigra hacia los Estados Unidos, la percepción del problema es incompleta. Quienes emigran no lo hacen solo por razones políticas, sino porque creen que haciéndolo, mejorarán sus vidas. Y fundamentalmente, porque en Estados Unidos hay una demanda de trabajadores que coinciden con sus habilidades. Por ello es que, la percepción del problema es incorrecto, muy desdibujado y solo busca resolver la incomodidad de Trump y sus asesores que, ven en la inmigración de Centroamérica una amenaza y no una expresión de un sistema económico complementario, en que el crecimiento de Estados Unidos, desplaza su mano de obra hacia empleos más exigentes en capacitación y por ello más remunerado, creando espacios que nadie de su población quiere asumir. Excepto los centroamericanos que tienen una economía de bajo nivel, en donde sobra los recursos sin calificación que  ajustan plenamente su escolaridad con los vacíos laborales que se crean en Estados Unidos. Por mientras, no se acepte esta realidad – que en algunos momentos Estados Unidos ha logrado conciliar con la inmigración de los mexicanos hacia actividades temporales de recolección de frutas y hortalizas, estableciendo mecanismos de temporalidad en que la mano de obra pobre llega por temporadas y regresa a su país de origen – no se podrá disimular, como en el Plan que comentamos,  busca logros imposibles. La inmigración no se puede detener, mientras las dos economías exhiban la naturaleza diferente que hemos indicado. Por lo que, en realidad, lo que se trata es de evitar que la presión de Estados Unidos sobre México afecte la economía de este último país. Y para evitarlo, antes que los emigrantes lleguen a Tijuana, es mejor detenerlos en sus países de origen. O en el sur de México. Con un proceso de desarrollo que va mucho más allá de las infraestructuras que se están insinuando en el trabajo de CEPAL.



El desarrollo de un país o regio es un asunto local. Fruto de las fuerzas económicas nativas, respaldadas por una mano de obra agresiva, que participa en un esquema de no explotación abusiva, en la generación de riqueza.

El Plan Marshal, funciono en Alemania porque había la estructura – parcialmente dañada –, la cultura empresarial, la atice del trabajo y el interés político de los Estados Unidos, por frenar el avance soviético hacia el este europeo. Ninguna de estas circunstancias observamos en el Triángulo Norte, zona que no es importante para los Estados Unidos, cuyos gobernantes individualmente o en grupo no han sido recibidos por un titular de la Casa Blanca en los últimos diez años. Además, sin el interés de los Estados Unidos,  por las razones que sea, no existe financiamiento. Pero si se lograra, no hay en la región los empresarios agresivos, con la cultura empresarial suficiente para desarrollar una mano de obra agresiva que, al tiempo  que genere riqueza, alcance los niveles de ingreso que un inmigrante centroamericano puede lograr sin mayores dificultades, trabajando ilegalmente en los Estados Unidos.

Por ello creemos que este plan, que debió llamarse Juárez o Morazán, esta llamado al fracaso, por lo menos, si no cambian las circunstancias que se viven en Centroamérica. Porque seguir creyendo que la gente emigra por razones políticas exclusivamente – algunas muy forzadas desde el plano descriptivo– que los que lo hacen, son los más pobres; y que no se tenga presente los desarreglos que hacen complementario el atraso de la región y el vació que crea el éxito empresarial en los Estados Unidos, es un error. Y lo más grave es que, imaginar planes, basados en premisas falsas como el que comentamos, puede lucir bien a más de algunos que sueñan con grandes milagros, solo sirve para aumentar el desaliento, endurecer a las fuerzas derechistas de los Estados Unidos y más bien, forzar vía la desesperación los flujos migratorios del norte hacia el sur. Mientras las economías de la región y los Estados Unidos, no busquen un tratamiento igualitario, fuera de los insumos de beneficencia, los planes, por más nombres bonitos que les pongan, no darán los resultados esperados. Porque no solo hace falta buena voluntad. Es necesario reducir el desajuste entre Estados Unidos y la sub región, por medio de acuerdos complementarios. No con planes sugerentes, en los que ni siquiera el financiamiento está garantizado. Y más, pasando por alto que ninguna nación desarrolla a otra. El desarrollo es local. La ayuda de Estados Unidos en los últimos 50 a CA lo confirma.