Picos, mesetas y cordilleras

agosto 6, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En estos tiempos digitales, de correos electrónicos, de Whatsapp y de las irremediables redes de la maledicencia antisocial, el manejo de términos conceptuales de las etapas de la pandemia no es fácil manejar para el común de la gente que, aunque oye decir que todavía no hemos llegado al pico de la pandemia, tampoco entiende que pronto podríamos estar en la meseta cuando empecemos a aplanar la curva; les podemos asegurar que ni los profesionales a veces podemos tener la certeza de cuando ascenderemos al famoso pico, mucho menos cuando podremos ver la luz de llegar a la meseta. Lo más real para todos son las pequeñas cordilleras de brigadistas que marchan paso a paso por los barrios y colonias intentando abrirse camino entre los escollos de la resistencia de las personas que manifiestan una incomprensible desconfianza para no dejarse practicar la prueba con la que pueden descifrar en pocos minutos si están contagiados o no con el virus.



Por la declaración del Dr. Marco Tulio Medina respecto al número de contagiados por el coronavirus, que podría ser de unas 200 mil personas, tenemos una perspectiva viral que debe preocuparnos, porque de acuerdo al factor multiplicador cinco por persona, más de un millón 250 mil hondureños podrían estar contagiados, lo que significa que por las pocas pruebas que se están practicando no podemos apreciar que el manejo de la pandemia está siendo superado por la inconsistencia de las personas en el respeto a las tres reglas fundamentales tantas veces repetidas: uso de la mascarilla en forma correcta, mantener la distancia física respecto de otras personas, evitando las aglomeraciones y el constante lavado de manos con jabón o desinfectarse con alcohol gel cada vez que sea necesario.

En la vida, la gran maestra educadora es la experiencia, y aunque vivir es aprender, también de las experiencias de los demás nos podemos nutrir para no caer en los errores y en las desgracias. Los países asiáticos tienen en la disciplina la mejor arma para enfrentar las desgracias que son más comunes para ellos: los terremotos, los tsunamis, las erupciones volcánicas y los ciclones, pero también han aprendido a apaciguar los virus, que por razones ambientales y de viejas costumbres, comenzaron a mutar en una diversidad de epidemias.

¿Qué nos impide poner en práctica las buenas costumbres de los taiwaneses, coreanos y japoneses para enfrentar la pandemia? Deberíamos hacer el esfuerzo de entrar en la vida de esos países para aprender cómo han logrado controlar el COVID-19 y otras epidemias anteriores. La única forma de lograr el éxito de esos países es entrando en la vida de ellos, comprender cuál es su pensamiento para actuar, como lo hacen hoy contra el coronavirus, buscar meternos en los sótanos de la personalidad de los taiwanés, coreanos y japoneses para buscar las raíces de su conducta frente a la pandemia. Los medios de comunicación podemos ayudar a salir de esta situación adversa en que nos tiene el COVID-19. Porque si nos dedicamos solo a buscar los ángulos conflictivos y a contabilizar los contagiados y los muertos, el mérito que vamos a ganarnos la televisión, los periódicos y las emisoras es el de agravar la situación adversa, volviéndola más depresiva, más incierta, más temerosa y más ansiosa.

Tenemos que decirlo sin pena y con toda franqueza, pero el papel que estamos jugando los medios cuando nos obstinamos en pintar todo del color de la muerte, haciendo que todo el panorama en esta pandemia se vea lúgubre, tenebroso, sombrío y sin salida, es petrificar por el miedo a una gran parte de la población. No es conveniente minimizar el riesgo del contagio, pero esto se equilibra con el cuidado que debemos guardar a cada paso que damos en estos tiempos, que estriba en usar la mascarilla pese a todas las barrabasadas que se digan por usarla, manteniendo la distancia física de dos y hasta tres metros respecto de las demás personas y el lavado constante de manos.

Los taiwaneses, coreanos y japoneses dicen que mantener la disciplina en el apego a las reglas sanitarias es tener perspectiva de la vida personal, es decir, para no contagiarnos no depende del cuidado médico, depende de nosotros, de tener capacidad de mirar por nuestra luz propia que los países que están más afectados por el contagio es por la experiencia negativa de negarse a ver la realidad de la pandemia. Mucha de nuestra gente, por ignorancia, por inconsciencia o por tozudez política han querido negar la realidad del peligro que encarna el virus. Y hasta hay quienes dijeron que la pandemia era un invento del gobierno. Y esto no ocurrió solo en Honduras, en EEUU miles de personas creyeron en lo que decía Donald Trump, que no había necesidad de usar mascarilla, que la pandemia era una gripe más, y vean cuántos millones de contagiados hay en ese gran país y qué cantidad de personas muertas.

Los hondureños no podemos ver el pico de la pandemia por las pocas pruebas que se practican, por lo tanto, descender a la meseta todavía está muy lejos, y quienes no desmayan pese al poco avance que tenemos en el control de la pandemia son los abnegados y sacrificados brigadistas que a manera de cordillera cada día marchan a paso lento por los barrios queriendo encontrar más hondureños dispuestos a abrir la puerta para practicarse la prueba. Para los que desconfían de los brigadistas, las autoridades han sido diligentes para habilitar triajes donde hay personal adiestrado para tomar las pruebas en pocos minutos. Aquí es donde entra en juego la voluntad de los taiwaneses, de los coreanos y japoneses para enfrentar la adversidad, no negándose a combatir la realidad, sino aceptando que estamos acorralados por una pandemia y que solo haciéndole frente con nuestra voluntad es que no nos veremos ni vencidos, ni hundidos ni perdidos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 6 de agosto de 2020.

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