Perversidad a flor de piel

agosto 20, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La perversidad es la condición que reúne todo lo que es sumamente malo en una persona, porque busca causar daño intencionalmente. Un perverso corrompe las costumbres, o el orden o el estado habitual de las cosas, siendo que su única cualidad es tergiversar por medio de las mentiras todo lo que se hace, con lo cual el perverso está en desacuerdo. La perversidad ha estado a flor de piel en esta pandemia en aquellas personas que desde un principio han estado trabajando solo para torpedear el proceso de vacunación, lo cual es una barbaridad. En un principio dijeron que la vacuna Pfizer no convenía traerla porque requería de sistemas de refrigeración que no existían en nuestro país. Cuando el gobierno de EEUU donó esos equipos no supieron que otro pito tocar para hacer fracasar el proceso de vacunación, que era su mayor interés en su propósito de hacerle daño al gobierno, sin importarles llevarse de encuentro la salud de la población.



Lo grave es que en esta campaña malsana ha estado la cúpula del gremio médico, que en los actuales momentos está politizada hasta la médula, extraviada en un fanatismo político que da miedo. Y últimamente ha hecho coro con un ex candidato presidencial frustrado que no se mide para decir cuántas cosas piensa que pueden ser dañinas al sector gobernante, aunque perjudiquen más a la población. El último de sus desmanes vergonzantes es propalar que las autoridades de Salud están aplicando vacunas vencidas, lo cual es una temeridad grosera que hace un efecto disuasivo en las personas que están reacias a aplicarse la vacuna, víctimas del bombardeo que a través de las redes sociales se ha lanzado en contra del fármaco, haciendo creer a la gente de pensamiento débil que la inoculación es un proceso diabólico que daña al organismo humano.

Y aunque cueste creerlo pero en esta tónica ofensiva para evitar la vacunación, hay desde médicos, enfermeras, profesionales de toda índole hasta gente de a pie que no tiene lectura pero que se ha hecho adicta a leer toda aquella mensajería barata y distorsionadora que se transmite por las diversas redes sociales, que hacen tanto daño en estos momentos en que la humanidad libra una batalla no convencional con un enemigo poderosamente invisible que hace estragos en el organismo humano. Toda la campaña que se está desarrollando a través de los “vacunatones” para que la población acuda a vacunarse es contrarrestada de alguna manera si un político declara en la forma más maliciosa que las vacunas que se están aplicando están vencidas, lo cual es una temeridad salvaje y diabólica a la vez, pero que cala en cierta gente.

Si estas personas perversas encuentran placidez al derribar el entusiasmo de la población que quiere vacunarse, es seguro que tendrán su merecido en el infierno por causar de manera indirecta la muerte de muchos. Afortunadamente dos grandes líderes de la Iglesia Católica, el Papa Francisco y nuestro Cardenal Oscar Andrés Rodríguez, han dejado escuchar de manera sonora su llamado a vacunarse, de manera que aunque un feligrés desaforado por la perversidad lance contragolpes malvados intentando desprestigiar las vacunas adquiridas con las farmacéuticas de EEUU, creemos que la voz más que autorizada del Papa Francisco y del Cardenal Rodríguez bastan para aplastar el mal propósito del moderno Lucifer que reparte daños a diestra y siniestra.

El proceso de vacunación ha avanzado bastante, aunque en el camino queda un remanente de la población que es reacia a vacunarse por todo lo explicado, pero esto no es asunto del derecho que tienen las personas a vacunarse o a no vacunarse, porque en el fondo vacunarse es una obligación moral de todas las personas, porque una sola persona que se quede fuera del proceso de inoculación es un factor multiplicador para que el coronavirus siga propagándose. El coronavirus solo podrá ser erradicado en el momento que la mayor parte de la población mundial esté vacunada, y según los cálculos de los virólogos más estudiosos el control de la pandemia se logrará hasta que el 80 por ciento de la población mundial esté vacunada. Aplicando ese cálculo a nuestro país, donde apenas somos más de 9 millones de personas, podríamos pensar que a finales de este año las autoridades podrían alcanzar un 70 de nuestra población debidamente vacunada con las dos dosis.

He aquí la importancia de trabajar porque la vacunación en forma masiva avance si fuera posible las 24 horas al día, algo que se puede conseguir promediando los resultados de los “vacunatones” que han sido exitosos hasta ahora, pero que pueden encontrar su muro de contención cuando los brigadistas se encuentren con aquellos hondureños reacios a vacunarse, como está pasando en EEUU. Nos preguntamos, si los que ya nos vacunamos tenemos el suficiente derecho moral a exigir que el Estado obligue a vacunarse a todas aquellas personas que están replegadas a la defensiva, huyéndole a la vacuna. Porque si de los 9 millones de hondureños solo se vacunan las dos terceras partes, muy poco servirá el inoculador aplicado, si quedan 2 o 3 millones sin vacunarse, siendo vectores o agentes de transmisión del virus por donde anden.

Este es un panorama que hay que abordar con mucho cuidado, una vez que avance el proceso de vacunación. ¿Qué harán las autoridades para convencer a los incrédulos y escépticos que han sido maleados por el argumento destructivo de los perversos, que venden toda clase de mensajes malsanos, para decirle a la gente que no vale la pena vacunarse porque las autoridades están aplicando vacunas vencidas? Es la lucha superlativa entre el bien y el mal que ha existido por siempre en la humanidad y la ley se hizo para castigar a los malos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 20 de agosto de 2021.

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