Persiste la leyenda de «El Chapo» como un capo generoso

julio 27, 2015

La gente que vive en la ciudad natal del capo Joaquín «El Chapo» Guzmán ha escuchado historias acerca de su presunta benevolencia: regalos de medicinas para los pobres, envíos de agua potable a poblados afectados por tormentas.Pero encontrar a alguien que realmente haya recibido o incluso visto un obsequio así es otra cuestión.

En Badiraguato, la pequeña ciudad en las montañas que forma parte de la mitología de Guzmán de haber alcanzado la riqueza a través del crimen luego de nacer pobre, ninguna de las dos decenas de personas entrevistadas por The Associated Press pudo mencionar alguna evidencia de su generosidad.



«Es un mito que han creado, que algún narcotraficante de aquí haya invertido en Badiraguato», dijo el alcalde Mario Valenzuela. «Yo no veo un edificio que está produciendo empleo; yo no veo una obra pública, una cancha, un techumbre, un drenaje, una escuela, un sistema de agua potable, una casa de salud o un hospital que ustedes puedan decir que fue construido con dinero del narcotráfico o con recursos de ellos».

Si Guzmán o su cártel hubieran invertido en sus comunidades, señaló, «tendrían otra cara, tendrían pavimento, drenajes, pero no lo tienen, y no lo tienen porque es un mito lo que han creado de este apoyo social».

La fuga del capo el 11 de julio de una cárcel de alta seguridad cerca de la Ciudad de México ha vuelto a generar atención sobre Badiraguato, la cabecera de un municipio que incluye la aldea de La Tuna, donde aún vive la madre de «El Chapo».

Los caminos que llevan a La Tuna siguen siendo de tierra y el mismo Badiraguato carece de señales de dinero, como los concesionarios de automóviles de lujo, los mausoleos palaciegos, los conjuntos cerrados de viviendas nuevas de acceso restringido, o decenas de cambistas callejeros con dólares baratos, y que son tan obvios y comunes en Culiacán, la capital del estado ubicada a hora y media de distancia.

Los grandes proyectos de Badiraguato incluyen un nuevo balcón para el palacio municipal que da a la tranquila plaza dominada por una iglesia del siglo XIX, en la que los habitantes buscan guarecerse del duro sol de Sinaloa.

Incrustado en las pequeñas colinas donde los tramos costeros de campos de maíz y tomate se unen a las imponentes montañas de la Sierra Madre, Badiraguato sigue sumido en la pobreza. Valenzuela reconoce que muchos de los habitantes del municipio se ganan la vida cultivando marihuana o amapola.

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