Persecución contra la Navidad

diciembre 19, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El titular de este editorial no corresponde a un cuento navideño, se refiere a la obstinación que un sector político radical tiene entre ceja y ceja para buscar impedir que la Navidad sea una época de felicidad para millones de personas que creemos en este tiempo de advenimiento. La excusa de estas personas para echar a perder la Navidad, es la de atacar al gobierno en estos días, cuando todo mundo anda deseoso de sacudirse el estrés y disfrutar los aires dicembrinos en compañía de los familiares y amigos.



¿Qué de malo hace el gobierno y las municipalidades al montar las villas navideñas para que la gente vaya, las disfrute y se divierta? Tiene que haber una descomposición mental en esas personas para no querer que la gente sea feliz en una época donde por cuestión cultural los hondureños experimentamos la nostalgia de los años que se nos fueron y que para muchos fueron los mejores de la vida. Un viejo personaje de la invención cinematográfica, que tiene la apariencia de un bicho raro de color verde, llamado Grinch, declarado enemigo acérrimo de las navidades, es el que parece haber inculcado en los compatriotas de izquierda, que la Navidad es sinónimo de gobierno y un parto del imperialismo. Un pensamiento absurdo y disparatado, en primer lugar porque la Navidad no parte de las costumbres en Estados Unidos, sino de los antiguos tiempos de Alemania, donde nació la figura de Santa Claus y el antiguo himno navideño Noche de Paz.

La Navidad no es asunto de consignas, no parte de ideologías, según la historia fueron frailes y monjes alemanes los que celebraban en una fecha de invierno el nacimiento del niño Jesús, el hijo de DIOS, y fue en las gélidas montañas alemanas donde existió un viejecito simpático y bonachón llamado Klaus, que para estas fechas hacía juguetes para regalarles a los niños de las aldeas. Como la nieve era muy pesada en esos lugares, la forma de hacer la entrega era usando un carruaje tirado por renos silvestres que tienen su hábitat en medio de las nevadas.

La Navidad es una fiesta cristiana, los pueblos latinos la hemos convertido en una fiesta alegre, mientras que los sajones la celebran en medio de una solemnidad familiar admirable, igual sucede en los países europeos. En Honduras tenemos diferentes grados de fe y hay quienes piensan que la Navidad es para pachanguear y bailar, pero hay hondureños que le dan a la Navidad un valor más trascendental y la celebran con una intensidad familiar en donde prevalece el cariño y la familiaridad.

La Navidad por lo tanto merece el respeto de todas las personas, incluso de los que dicen ser ateos y no creen en DIOS, sino hasta que están en un momento difícil como cuando les diagnostican un mal peligroso y por el temor a la muerte lo primero que hacen es exclamar: ¿Dios mío, por qué yo? El año pasado, con la excusa de la política, los hondureños no tuvimos Navidad, grupos agresivos actuando como antisociales se volcaron a atacar negocios, incendiándolos y saqueándolos como solo lo hacen los delincuentes. Muchos de esos elementos agresores fueron capturados y guardan prisión, pero hay quienes abusando de la bondad de la democracia defienden a estas personas, para la cuales piden el beneficio de la amnistía, que es el perdón por haber cometido delitos graves.

Como estos sectores tiene por costumbre atropellar la libertad, los derechos y los sentimientos de los demás, que son la inmensa mayoría, cuando hablan de una amnistía en este caso deben tener claridad que están abogando por personas de conducta delictiva que han provocado daños cuantiosos a la sociedad y que, según la ley, deben pagar con prisión sus faltas cometidas.

La Navidad, que es propiamente una fiesta de cristianos, no debe ser manipulada por aquellos que ni siquiera creen en DIOS, pero que aprovechan los sentimientos navideños de los demás para sacarles las castañas del fuego a individuos que desde noviembre del año pasado sacaron toda su casta delictiva, y con una saña criminal se dedicaron a hacer daño.

Esta vez, para no olvidar su espíritu antinavideño, Mel Zelaya empezó con su cantaleta seudo revolucionaria convocando a sus comandos para desatar la intranquilidad. No ha habido gran respuesta a sus llamados, porque la inmensa mayoría de los hondureños quiere vivir en paz,  tranquilidad y democracia.

Los «grinchos» hondureños, que pertenecen a la especie de la miseria humana, no podrán esta vez arrebatarnos la alegría de la Navidad; el pueblo se ha volcado a las villas navideñas, a compartir con familiares y amigos, y rechazan a aquellos que por sus ideas izquierdosas, detestan a la Navidad, igual que el famoso bicho verde llamado Mr. Grinch.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 19 de diciembre de 2018.