Patricia cruza México sin causar mayores daños

octubre 25, 2015

Un día después de llegar a México como una de las tormentas más fuertes jamás registradas y con un potencial devastador, el huracán Patricia aparentemente no causó víctimas ni daños graves al adentrarse al país y comenzar a perder fuerza.
Patricia se degradó el sábado en su avance al noreste del país hasta convertirse en un remanente de baja presión, aunque todavía podría causar fuertes lluvias tanto en México como en el estado de Texas, según el Servicio Nacional de Meteorología de Estados Unidos.»Estaremos muy atentos para poder hacerle frente a cualquier daño que, por las lluvias dejadas, pudiera presentarse», dijo el sábado el presidente Enrique Peña Nieto durante una reunión de evaluación en Colima, uno de los estados occidentales que inicialmente fueron impactados por el huracán.
El presidente dijo que entre 3.000 y 3.500 viviendas resultaron afectadas por Patricia, un dato menor para el número de casas que hay en la zona.Según el censo del 2010, había más de 96.000 casas sólo en los cinco municipios costeros del estado de Jalisco y más de 82.000 en los tres de Colima.
También resultaron afectadas 3.500 hectáreas agrícolas y más de 100.000 personas seguían sin electricidad, aunque no se reportó ningún fallecimiento.La tormenta tocó tierra el viernes por la tarde como huracán categoría 5 y vientos de hasta 325 kilómetros por hora, pero impactó en una zona de la costa mexicana del Pacífico poco poblada, situada entre el turístico Puerto Vallarta y el importante puerto de Manzanillo, dos ciudades donde los efectos de la tormenta fueron menores, aunque sus habitantes pasaron miedo.
«Fueron las cinco horas más largas de mi vida», dijo el sábado Sergio Reyna Ruiz, quien se protegió del huracán tras las paredes de concreto de la casa de un vecino en la pequeña comunidad de La Fortuna, a poco más de tres kilómetros de la playa.
«Cinco horas aguantando al monstruo».Antes de que llegara la tormenta, Reyna intentó asegurar las tejas de su casa con cables. Pero al mirar el sábado desde el interior de la vivienda, poco había quedado del techo, que ahora deja ver el cielo azul.
El sábado, el hombre y su familia limpiaban el lugar, intentaban quitar un árbol caído y sacaban colchones y libros mojados.Aun así, agradecen estar vivos.



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