Un paso hacia el adecentamiento político

enero 17, 2017

La promulgación de la llamada Ley de Política Limpia, contando en el acto con  la presencia del Secretario General de la OEA, don Luis Almagro, como un testigo de honor,  es un paso trascendental en la vida política de Honduras, que bien vale calificarlo como un gran paso en pos del adecentamiento político. La vida política hondureña no ha tenido regulaciones, más que los contempladas en la Ley Electoral y los propios estatutos de los partidos políticos tradicionales, porque los nuevos partidos son amorfos en conducta electoral.

Faltaba un estamento legal  que asumiera con rigor el control de las aportaciones económicas, que en los últimos tiempos constituye la fisura más peligrosa para que a la vida de los partidos pudieran penetrar con la mayor facilidad, muchos elementos disonantes con la democracia, que buscan participar en la vida política solo para blindar sus actividades delictivas. El hecho de que los candidatos a diversos cargos no han tenido el mínimo recato moral para no aceptar contribuciones  que a todas luces provienen de sectores que viven de negocios ilícitos, hizo de la política hondureña en los últimos años la perfecta pista de aterrizaje por donde el dinero del narcotráfico pudo colocar a personajes en cargos políticos en las diversas regiones del país, como se ha podido comprobar con las detenciones de varios alcaldes, sin descartar que hay diputaciones que han sido financiadas  con el respaldo del dinero sucio.



La promulgación de la ley de política limpia ha sido posible por el nuevo escenario que vive nuestro país, en el que el gobierno, el congreso nacional, el poder judicial, el ministerio público y demás instituciones, se han alineado favorablemente con el foro continental más importante como es la OEA, para permitir que instancias internacionales como la MACCIH acompañen la marcha de los procesos vitales como la lucha contra la corrupción y la impunidad, y en este marco, vigilar los procesos electorales para garantizar una participación limpia de las instituciones políticas y en general, de la población hondureña.

La Ley de política limpia establece techos de aportación en materia de contribuciones políticas, así como la posibilidad de detectar cuando un elemento indeseado quisiera penetrar con dinero mal habido en algún movimiento de los partidos, para ganarse un cargo político desde el cual se puede obtener grados de influencia en el sector oficial. Además, la ley desnuda toda “secretividad” posible en torno a una aportación económica a la campaña de un  aspirante a cualquier cargo, cosa que solo se podría hacer con una ley que permita que los fondos de campaña política puedan ser fácilmente auditados.

Quienes dicen que la Maccih está en deuda en estos cortos meses de permanecer en Honduras, acusan de una inconciencia o de una miopía terrible que no  la corrige ningún oftalmólogo, porque la peor ceguera que resulta imposible de tratar es aquella que es producto del sectarismo irracional, que no solo obnubila el pensamiento de quien lo padece, sino que lleva a la persona que la sufre a un estado de trastorno emocional que no permite ver la realidad de lo que está ocurriendo a pocas pulgadas de distancia.

La Maccih no solo es una misión de apoyo, que está acompañando a nuestras instituciones para fortalecerlas y potenciarlas en su desempeño en la aplicación de la ley para hacer justicia, sino que, se convierte en un ángel guardián que vigila de cerca a todos los sectores que intervienen la vida pública.  Siendo  la OEA es un foro continental respetado en todo sentido, la Maccih es un brazo extendido sobre nuestro país en momentos en que nuestro país atraviesa por una era en donde la sociedad está siendo guiada a nuevos estadios, para cambiar la estrategia de conducción de los asuntos que tienen que ver con el manejo de la cosa pública.

Estas próximas elecciones no estarán desprovistas de seguimiento y observación rigurosa que da la presencia de un organismo internacional como la OEA. Los países vecinos,  El Salvador y Nicaragua, regidos por partidos políticos  de la  izquierda marxista han rechazado que la OEA supervise sus procesos electorales porque sin la presencia de este organismo manejan los resultados a su ancha conveniencia. En Honduras pasa todo lo contrario, el gobierno le abre las puertas a la OEA, facilita que una misión de apoyo permanezca acompañando y vigilando la vida institucional, y celebra que sea la MACCIH, la principal observadora de los dos eventos electorales que habrán de celebrarse en marzo y noviembre próximo. Mejor ejemplo de transparencia política que el que estamos dando en Honduras, no podría darse. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 17 de enero de 2017.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *